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La meca del turismo 'hooligan' de Ibiza no remonta ni con el 'Arcoíris Infinito' de Okuda: “El verano ha sido un desastre”

La intervención artística de Okuda San Miguel para revitalizar el casco urbano Sant Antoni.

Ángela Torres Riera

15 de septiembre de 2026 22:00 h

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Los carteles de ‘Se Vende’, ‘Se traspasa’ y ‘Se alquila’ cuelgan sobre varias rejas y ventanas de propiedades sin actividad del West End (Eivissa), identificada como la meca del ocio de excesos y de turismo hooligan de la costa sudoeste de la isla. Pasan casi desapercibidos cuando suenan tambores de medianoche y empiezan a emerger con la oscuridad vendedores ambulantes de gas de la risa que acechan a turistas jóvenes que han empezado a plagar varias horas antes las sillas de las terrazas dispuestas en los bares que quedan. 

Casi todos se extienden a lo largo de la arteria principal, la calle Santa Agnès, que fue teñida de múltiples colores hace un año y medio con una obra horizontal -sobre el suelo- del cántabro Okuda San Miguel –conocido como el artista urbano que colorea el capitalismo– persiguiendo el sueño cada vez más complicado de cumplir de que esta zona de ocio nocturno, por la que se han embriagado por lo menos dos generaciones -de locales y visitantes-, se convierta en un área comercial de tiendas, hoteles boutique y de negocios más amables. 

Salpican así la imagen, en esta vía y en la perpendicular, algunos locales de comida saludable y restaurantes –fruto de las ayudas de 80.000 euros financiadas con fondos europeos otorgadas por el Ayuntamiento de Sant Antoni para reconvertir los establecimientos– que en el momento en que se pintó el mural sobre el suelo hacían temer la gentrificación del barrio. El West End está en el corazón del pueblo –constituye también su casco histórico– y se llegó a temer que se gentrificara en un territorio donde el precio de la vivienda está ya por las nubes. Datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran cómo el mercado inmobiliario en Balears acumula a día de hoy doce años de subidas trimestrales del coste habitacional.

El West End, el nombre que recibe la zona de turismo de borrachera en la isla.

Menos gente y control policial

Pero lejos de cumplirse estos temores, el núcleo recreativo ha vivido esta temporada turística lo que desde la Asociación Empresarial de Ocio Nocturno Noches de Ibiza (AEON), conformada por empresarios de la zona, califican de “el peor verano de la historia”. “Ha sido un auténtico desastre. Cada vez llega menos gente y la presencia policial es también cada vez menor”, afirman desde la Junta Directiva, que vaticina un empeoramiento de una situación ya crítica.

Los factores que han precipitado el desesperanzador escenario empezaron nada más arrancar la temporada, con la polémica por el desgaste de la obra de Okuda, cuya reparación –el desconche de la pintura y la necesidad de rehabilitar la única parte vertical del mural– requirió de vallados y precintos que permanecieron en la calzada hasta mitad de verano, causando perjuicio a los negocios, denuncian. 

Los empresarios de la zona denuncian que la reparación de la obra de Okuda requirió de vallados y precintos que permanecieron en la calzada hasta mitad de verano, causando perjuicio a los negocios

A esto se ha sumado, según los empresarios, la “irregular” presencia policial. El Consistorio contrató –no sin controversia– a una empresa de seguridad privada para reforzar el control en el municipio en los meses de mayor afluencia turística, sin que estos efectos hayan dado resultado. Tampoco la presencia de agentes cívicos contratados para el mismo propósito.

Pasear de noche por el West End aún supone esquivar a turistas ebrios, eludir los intentos de ventas piratas y sentir cierto sentimiento de decadencia general magnificado por la falta de iluminación y de limpieza en el conocido antiguamente como barrio de Sa Raval que causa cierta reminiscencia al delirante arte de El Bosco. La inseguridad es algo que también preocupa a los vecinos.

Los esfuerzos institucionales para ejecutar un lavado de cara pasaron por convocar el pasado abril un proceso participativo para cambiar su nomenclatura. Se cerró, sin embargo, sin la representatividad suficiente como para que se respaldara un cambio de la denominación popular de la zona, consideró el Ayuntamiento. Entre los errores cometidos –por el Consistorio–, la AEON valora que el primero ha sido “pretender cambiar el nombre a un sitio degradado sin solucionar los problemas que precisamente la convierten en eso”. Lo “lógico”, consideran desde la asociación, habría sido cambiar primero “el concepto y la oferta”.

A principios de julio, el alcalde de Sant Antoni, Marcos Serra, inauguró el nuevo boulevard de Vara de Rey que conecta el área conflictiva con el paseo marítimo de Café del Mar donde cada temporada se agolpan miles de turistas para ser testigos de uno de los atractivos turísticos más potentes del municipio: su puesta de sol. El proyecto, con un coste de 5,5 millones de euros, tiene el mismo objetivo de revitalizar la zona incentivando el flujo de visitantes desde la costa hasta el centro y viceversa.

De momento, la calle Santa Agnès continúa teniendo el nombre del barrio de ocio londinense por el que se le renombró en la década de los setenta, cuando empezó a cobrar vida de núcleo para el turismo de borrachera que sigue siendo ahora. De hecho, apenas un mes antes de la inauguración del boulevard, una brutal pelea a puñetazos de madrugada entre dos turistas sobre el ‘Arcoíris Infinito’ de la arteria principal puso en evidencia que siguen existiendo en ella los mismos problemas. 

La obra, ubicada a lo largo de la calle Santa Agnès, fue presentada por el alcalde de Sant Antoni, Marcos Serra, el conseller balear de Turisme, Jaume Bauzà, el artista Okuda San Miguel, y el concejal de Turismo del Ayuntamiento, Miguel Tur.

“Es hasta irónico que los empresarios del West End valoren negativamente la temporada cuando tienen un servicio a la carta del tipo de turismo que han querido tener”, explica a elDiario.es Jordi Campillo. Es uno de los vecinos que durante casi tres décadas ha convivido verano tras verano con el turismo de borrachera que se repite en otras áreas de Balears como Magaluf. 

En algo sí coincide con ellos y es que el barrio está “peor que nunca”. “Lo han machacado hasta la saciedad: estéticamente, económicamente y desde un modelo turístico que atrae suciedad y vulnera el patrimonio”, sigue este vecino. “¿Y es ahora, en 2026, cuando se llega a la conclusión de que no es sostenible y se lamenta que ha sido un mal verano porque a nadie le interesa una zona tan desastrosa?”, asevera.

Han machacado el barrio hasta la saciedad: estéticamente, económicamente y desde un modelo turístico que atrae suciedad y vulnera el patrimonio

Jordi Campillo Vecino

Campillo reside con su familia en la calle General Prim, a escasos metros de los bares más frecuentados por turistas, principalmente británicos y de una media de edad de entre 20 y 30 años. “Los vecinos llevamos tiempo avisando de que se están cargando una parte de la isla que ya no está de moda y cuya oferta se podría enfocar a un servicio más respetuoso con el entorno, siguiendo lo que se está intentando promover en toda la isla. Pero [los empresarios] no han querido”, lamenta. Añade que el vecindario, así, ha tenido que vivir una temporada más de “drogas, suciedad, ruido” y, en definitiva, “el mismo desastre de cada verano”, aunque sí han notado el “bajón”. 

Por otro lado, los residentes no eximen al equipo de gobierno municipal –que no ha respondido a las preguntas formuladas por este diario– de responsabilidades: “Teniendo sobre la mesa un proyecto de armonización del núcleo como piedra angular de su campaña, ha terminado haciendo justo lo contrario: destruirla y volverla aún más turbulenta”. Ahora, esperan que el West muera del todo por sí misma para que pueda renacer, no como una Milla de Oro ni un lugar emblemático, sino como una calle más con negocios abiertos todo el año destinados a la gente local.

Un local del West End clausurado

Las fiestas privadas, otro factor añadido 

La localidad ha visto cómo en paralelo, este verano, se celebraban fiestas privadas en distintos lugares públicos con el beneplácito del Ayuntamiento, como en la cantera de Can Coix, donde cerca de un área natural protegida se llevó a cabo la polémica fiesta egipcia de lujo con un lago artificial que ha terminado en una investigación por parte del Govern. También se organizó un macroevento -con alrededor de 4.000 asistentes- en la playa urbana de s’Arenal durante el eclipse total del 12 de agosto.

Estos acontecimientos en un lugar donde ya existe tanta oferta de ocio nocturno sujeta a normativas y limitaciones acústicas han generado descontento entre la población y también entre los negocios de esta meca del ocio, que lamentan que se haya generado una “competencia desleal”, al haberse organizado estos eventos fuera de la programación de las fiestas patronales. “Los eventos se han concedido con exención de la ordenanza de ruidos, mientras que los locales nos vemos obligados a cumplir a rajatabla la ley, muchos de nosotros además con el lastre de la Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE)”, apuntan.

La declaración del West End como ZPAE en el año 2018 –durante el mandato del tripartito progresista formado por PSOE, Reinicia Sant Antoni y el PI– se materializó en que todos los bares (musicales o no), restaurantes, cafeterías, cafés concierto, discotecas y salas de fiestas debían echar el cerrojo a las tres de la madrugada y no a las seis como hasta entonces.

La normativa delimitó concretamente determinados tramos de Santa Agnès, Cristòfol Colom, Bartolome Vicente Ramon, Vara de Rey, Sant Antoni, Sant Mateu y General Prim. La delimitación tuvo además cierta controversia jurídica, especialmente por la exclusión inicial de la calle del Mar. 

También se reguló la retirada de terrazas y veladores en horario nocturno -desde las doce de la noche (doce y media para recoger sillas y mesas) hasta las ocho de la mañana- y la limitación del consumo de alcohol en la vía pública de toda la zona afectada. Así como cualquier tipo de emisión musical en el exterior. Además de no admitir la implantación de nuevos recintos vinculados al ocio nocturno, ni la ampliación de los ya existentes. 

Los empresarios ya denunciaron ante elDiario.es el pasado marzo, antes del arranque oficial de la temporada, que la ZPAE mantiene al West End en “desigualdad de condiciones” respecto a otros lugares de ocio del municipio, a lo que atribuyen su consiguiente pérdida de actividad y empleo. Lo hicieron después de que el equipo de gobierno municipal decidiera dilatar dos horas el horario de cierre en invierno. Una medida que consideraron “insuficiente”

Para Pepe Rosselló, presidente de la AEON –y fundador de la extinta discoteca Space– “nada cambiará” a no ser que se establezca una regulación de sonido y también de aforo que se aplique a las fiestas diurnas y nocturnas. Se refiere, sobre todo, a hoteles-discoteca como el Pikes, el Ibiza Rocks –propiedad ambos del británico Andy McKay– o el O Beach, en la bahía, que proliferaron en 2012 con la conocida como Ley Delgado. Así como a recintos como el 528, también explotado por McKay: “satélites” que “enturbian” el ecosistema general de un pueblo que, exceptuando la primera línea de costa, está totalmente en “crisis”, considera.

Principalmente, por la retroalimentación y el contagio de un comportamiento de discoteca que va desde primera hora de la tarde. “Ese público –al que acude estas fiestas– es el que luego acude al West en el estado en que lo hace”, determina: “Lo que queda es ese cliente residual y acabado que consume. Por lo que –de no darse esa regulación general– no veo ninguna vía de progreso o renacimiento”. Mientras tanto, los vecinos, anestesiados tras décadas aguantando la inseguridad, la suciedad y el ruido de la zona, esperan, pacientemente, a que “la burbuja explote”. 

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