Los influencers, los guías ‘pirata’ y la masificación turística complican la conservación de las cuevas en Mallorca
En las profundidades de Mallorca hay un patrimonio cuantitativamente difícil de valorar: laboratorios naturales donde la vida se ha ido adaptando a condiciones complicadas para la mayor parte de los seres vivos, oscuridad permanente, niveles bajos de oxígeno y recursos energéticos limitados. Las cuevas costeras submarinas son el hogar de organismos únicos, algunos aún por descubrir, y también un espacio amenazado por la presión humana, la contaminación y el cambio climático.
Investigadores y expertos en conservación marina han apuntado a la masificación turística como principal némesis de la preservación de las cavidades que en la más grande de las Balears suman más de 4.000. Poco a poco, las más desconocidas se revelan a través de las redes sociales, que sirven de ventana a cualquier espacio natural incitando a su exploración. También de guías turísticos que, sin licencia para ello, organizan estas visitas sin cumplir con la normativa establecida por el Govern para el sector de la espeleología.
Las cuevas son ecosistemas calcáreos sensibles, en general, pero las de Mallorca cuentan además con un añadido: son ricas en espeleotemas, estructuras minerales que se forman por la precipitación de minerales disueltos en el agua que gotea en el interior. Es decir, estalactitas, estalagmitas y columnas, de carácter muy frágil y que corren más riesgos de quebrarse cuanto más aumenta la presencia humana. Funcionan como un universo propio y a veces como yacimiento paleontológico de restos de materia que ha caído al interior y se ha preservado miles o millones de años. Esto les otorga un elevado valor arqueológico que ha permitido sacar conclusiones de la etapa talayótica, romana y otros periodos importantes de la historia de las islas.
Los espeleotemas, a través de su erosión, permiten conocer, por ejemplo, la evolución del nivel del mar en el transcurso de los milenios. También a nivel biológico son importantes: hay seres vivos que han quedado relegados del medio exterior por los cambios ambientales y se refugian en estas cavidades.
“Son ambientes que no están preparados para recibir mucha gente”, señala Xisco Gràcia, investigador de la Universitat de les Illes Balears (UIB) partícipe en el proyecto BioCAVE que estudia las grutas del litoral para comprenderlas a nivel ecosistémico y su interconectividad —a través de túneles submarinos—. “Las cuevas que no son turísticas —como las famosas cuevas del Drac o las de Hams— no están preparadas para recibir visitantes y, además, son una reserva ecológica donde hay especies endémicas extrañas y formaciones delicadas en las que cualquier alteración puede ser perjudicial”, señala a elDiario.es.
Son ambientes que no están preparados para recibir mucha gente. Las cuevas que no son turísticas —como las famosas cuevas del Drac o las de Hams— no están preparadas para recibir visitantes y, además, son una reserva ecológica donde hay especies endémicas extrañas y formaciones delicadas en las que cualquier alteración puede ser perjudicial
Es una situación, por otro lado, difícil de controlar en el caso de las cavidades no protegidas y excluidas de la actividad comercial, al ser lugares abiertos al público donde no se puede poner un vigilante que controle el acceso. Algunas están protegidas (especialmente las que tienen continuaciones acuáticas, por Recursos Hídricos) con la categoría Zona de Especial Conservación (ZEC) —son un total de 30, incluidas en el Plan de Natura 2000— y otras cuentan con la categoría de Bien de Interés Cultural (BIC). Pero no es la tónica habitual, lo que dificulta la preservación de las que tienen una condición más salvaje.
La masificación turística, en el foco
Uno de los principales problemas de este descontrol reside en la “masificación turística”, según Gràcia. No solo en las cuevas, sino también en torrentes, las calas y los espacios naturales en general. A la saturación se añade el hándicap añadido del anuncio de estos enclaves hasta ahora “secretos” —o conocidos sólo por los locales— en redes sociales. Así como en aplicaciones -gratuitas o de pago- que ayudan a los excursionistas a llegar a lugares recónditos, como Wikiloc, sin que estos estén concienciados de cómo se tienen que comportar en espacios naturales vulnerables.
El número de turistas que visitan las islas ha aumentado de 320.000 visitantes en 1959 hasta los 19 millones el pasado 2025, recuerdan desde la Fundación Marilles. “Esto significa que, en poco más de medio siglo, la cantidad de personas que nos visitan se ha multiplicado por 60”, señala una portavoz de la fundación sin ánimo de lucro, que trabaja por la conservación marina en las islas.
Las cuevas son importantes para conocer la evolución del nivel del mar en el transcurso de los milenios y porque hay seres vivos que se refugian en estas cavidades
El aumento de esta población visitante provoca picos de más de dos millones de personas al mismo tiempo en el territorio insular, generando una presión humana que se nota en tierra y también en el medio marino: “El mar tiene cierta capacidad de resiliencia, pero es limitada”.
El incremento del número de embarcaciones, el ruido, el tráfico marítimo, la contaminación u otras alteraciones derivadas de la actividad humana son las causantes de impactos que, sostenidos en el tiempo, acaban afectando al funcionamiento de los sistemas ecológicos y comprometiendo su capacidad de recuperación.
Los efectos, por otra parte, no son siempre inmediatamente visibles: un ecosistema puede seguir pareciendo saludable mientras está sometido a una presión creciente. Es determinante, en ese sentido, llevar un seguimiento y fijarse en los indicadores ambientales que permiten percibir los cambios perjudiciales antes de que sea demasiado tarde y se llegue a un punto en que sean irreversibles.
‘Influencers’ e intrusismo en el sector
Tanto investigadores como ecologistas valoran que conservar el medio marino no significa eliminar la actividad humana, sino conseguir que esta actividad sea compatible con la capacidad de los ecosistemas: “Necesitamos saber qué presión puede asumir cada espacio y gestionarla en consecuencia, especialmente en los periodos y las zonas de mayor afluencia”, comentan desde Marilles. Defienden que la conservación marina debe formar parte de la planificación del territorio y de la actividad económica.
IB Activa, Asociación de Empresas de Turismo Activo de las Illes Balears, asociada a la Confederación de Asociaciones Empresariales de Balears (CAEB), comparte la “preocupación” expresada por algunas entidades especializadas en relación con la conservación de las cuevas marinas de Mallorca. La popularización de estos espacios naturales por parte de creadores de contenido y del intrusismo en el sector del turismo activo es la otra parte del conflicto entre actividad humana y cuidado medioambiental.
Existen cada vez más guías ‘pirata’ que no se ajustan a los cánones profesionales del sector y cuya actividad comercial se desarrolla al margen de la normativa, que fija, entre otras cosas, un máximo de doce personas por grupo a la hora de acceder a las cuevas y un calendario de visitas que va de lunes a viernes. “De hecho, los grupos se suelen hacer solamente de entre siete y nueve personas, porque una docena para un solo guía son demasiadas”, explica Toni Rotger, presidente de IB Activa.
Existen cada vez más guías ‘pirata’ que no se ajustan a los cánones profesionales del sector y cuya actividad comercial se desarrolla al margen de la normativa, que fija, entre otras cosas, un máximo de doce personas por grupo a la hora de acceder a las cuevas y un calendario de visitas que va de lunes a viernes
El representante rechaza, al ser consultado por elDiario.es, que la masificación turística sea el origen del problema de conservación: “A los turistas les controlamos nosotros, porque normalmente reservan tours”. Otro problema añadido son los excursionistas que deciden por su cuenta, mayoritariamente los españoles, incluidos los isleños.
Estos son los que, según Rotger, mayoritariamente cometen imprudencias, como entrar sin casco a las cavidades, tirarse de cabeza dentro de los lagos del enclave (donde se bañan sin neopreno), tocar las formaciones geológicas o alzar demasiado la voz sin tener en cuenta que las vibraciones y otras intervenciones humanas son perjudiciales para el ecosistema.
Actitudes que los guías -con una formación específica y vinculados al medio natural- intentan evitar mediante indicaciones antes de empezar la exploración de las cuevas submarinas. Según Rotger, todas las empresas dedicadas al turismo activo en Mallorca —unas cuatro o cinco— cuentan con un código deontológico compartido que en paralelo a legislación de la Conselleria de Medi Ambient, pretende reforzar la protección medioambiental.
Algunas de las medidas que toman son hacer todos el mismo circuito para reducir el impacto, mantener la distancia entre grupos e impartir una charla informativa y de concienciación en la que además se transmiten a los visitantes las prohibiciones para cuidar este entorno.
A veces se topan con que en las cuevas se han cometido actos vandálicos, como pintadas o el año pasado llegaron a encontrar, en una de ellas, excrementos humanos. También se ven obligados a recoger, a veces, velas de gente que ha ido a pasar “una tarde romántica”. Sobre todo, en la cueva des Coloms —la actividad acuática más vendida en la isla, según la plataforma turística online GetYourGuide—, donde se suelen encontrar a más visitantes, incluso grupos organizados de 20 y 30 personas. “Nos hemos encontrado de todo, terminamos pareciendo policías allí dentro”, termina.
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