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Sánchez y los suyos siguen cediendo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
10 de septiembre de 2026 21:57 h

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El Gobierno se hunde cada vez más en la crisis de Ceuta. El último intento por salir del agujero -el de publicar decenas de documentos clasificados- no solo no ha aportado nada nuevo y positivo para sus intereses, sino que puede volverse en su contra: el que una información insuficiente del Delegado del Gobierno o ciertos fallos de comunicación del CNI expliquen por qué no pudo anticiparse a la avalancha marroquí -cuando otras muchas fuentes estaban advirtiendo de ese riesgo- es una explicación tan pobre que parece despreciar la inteligencia de los ciudadanos.

Y eso no puede sino aumentar la desconfianza, que ya es muy grande. La tozuda negativa del Ejecutivo en negar cualquier tipo de participación de Marruecos en el asalto a las fronteras españolas abunda en esa misma dirección. Porque desde cualquier punto de vista se llega a la conclusión de que esa participación fue inevitable, si no absolutamente imprescindible. Y la negativa a reconocerlo por parte de la Moncloa alimenta hasta las teorías más inverosímiles sobre los motivos de esa negativa.

¿Qué reacción tan terrible habría tenido Rabat si Madrid le hubiera acusado de estar detrás de los 80.000 marroquís que se lanzaron al asalto de España jugándose la vida? ¿Por qué ese chantaje sigue estando vigente 40 días después, ya que España sigue manteniendo el silencio más absoluto al respecto, aunque son muchas las evidencias del protagonismo de las autoridades marroquís?

Mantener esa postura cuando son muchas las personas que se hacen esas preguntas no puede sino ser malo para el Gobierno. Seguramente Sánchez se apunta a la tesis de que con el tiempo esas cosas se olvidan, pero con un silencio que puede terminar equivaliendo a una mentira eso no va a ser tan fácil que ocurra. Y el tiempo de Sánchez es limitado.

Encima José María Aznar sale a la palestra para reventar aún más la tesis del gobierno socialista y, de paso, su política exterior. Porque el expresidente ha confirmado lo que ya se rumoreaba. Esto es, que el estado israelí estaba detrás del ataque como represalia por las duras posiciones adoptadas por el gobierno español por las matanzas de Gaza y la invasión de Cisjordania.

Es una hipótesis bastante plausible. La pregunta es por qué Aznar sale ahora con esas. Golpear a Pedro Sánchez es la primera respuesta. Sobre todo después de que tras 40 días de furiosas intervenciones públicas, Alberto Núñez Feijóo se haya mostrado incapaz de hacer otra cosa que insultar inanemente al presidente del Gobierno. Los asesores de Aznar le han dado una nueva lección de cómo hacer daño, que ni eso sabe el aspirante a la presidencia del Gobierno.

Pero en la invectiva del expresidente también hay intenciones políticas evidentes: hacer lobby por Netanyahu, tan vilipendiado como influyente en los círculos económicos norteamericanos que frecuenta Aznar, sería una de ellas. Criticar la política exterior del gobierno de coalición español, que tan poco gusta a Trump y a la derecha mundial y también a una parte del centro europeo, estaría también en esa línea.

Pero no parece que Sánchez vaya a acusar a Marruecos por mucho que le golpee Aznar. Ahora bien: tampoco podrá sacar mucho pecho por ser objeto de sus ataques porque tiene las manos atadas en esta polémica.

En todo caso, es muy probable que lleguen nuevos ataques mientras el Gobierno español tenga flancos tan sensibles abiertos en la crisis ceutí. También procedentes del frente interno. La insostenible situación humanitaria de varios miles de migrantes ilegales marroquís -¿3.000? ¿7000?- será siempre un motivo de crítica por parte de organizaciones y movimientos de todo tipo en España. Por cierto, ¿cómo consintió el Gobierno que 10.000, o más, de los que habían saltado la frontera se quedaran en Ceuta, mientras otros 60.000 o 70.000 volvían tras sus pasos? ¿No calculó el problemón que se le venía encima o no tuvo más remedio que tragar con esa malévola imposición marroquí?  

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