Muere el director de cine chileno y maestro del documental Patricio Guzmán a los 85 años
Patricio Guzman, maestro del cine documental y uno de los directores que mejor y más profundamente retrataron Chile, ha muerto este martes a los 85 años en París, según confirmaron a la agencia EFE fuentes de CinemaChile. La Universidad de Chile ha lamentado el fallecimiento del director de cine, que en 2023 recibió el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales del país americano, y que, ha dicho en un comunicado, “será recordado como uno de los cineastas más destacados de la historia de Chile”.
Aunque tras un par de cortos Guzmán debutó en la dirección en 1972 con el documental El primer año, fue gracias a su enorme, por tamaño y ambición, La batalla de Chile, cuando el cineasta se puso en el foco del cine mundial. Un trabajo que se estrenaría en forma de trilogía y que rodó en 1973 y en el que retrató los acontecimientos que llevaron de la victoria de Allende al golpe de Estado de Pinochet.
El propio director fue detenido durante quince días en el Estadio Nacional de Chile, y necesitó la ayuda de un tío para poder mantener a salvo la copia de su obra maestra, que quedaría como testimonio del golpe de estado de Pinochet contra Allende y de los prolegómenos sociales y políticos. Tras ser liberado, recurrió a su amigo, el cineasta Chris Marker (autor de La Jetée o Sans Soleil entre sus obras maestras). El propio Marker le había facilitado los rollos de película para rodar su documental. Ambos buscaron la forma de montar el filme, que llegó desde el Instituto Cubano de Cinematografía (ICAIC). Fue allí donde durante años Guzmán trabajó para dar la forma final a La batalla de Chile.
En un giro irónico del destino, en el mismo estadio donde él estuvo apresado fue donde se votó la Asamblea Constituyente que culminó con la victoria de Boric y que retrataría en la que fue su última película, Mi país imaginario, que estrenaría en 2022 Con motivo del estreno de aquel filme, Guzmán habló con elDiario.es sobre su esperanza por el cambio en su país. Una revolución que nunca pensó que viviría. “Pensábamos que la dictadura de Pinochet iba a durar mucho más aún. Digamos que el territorio chileno sigue siendo un campo de batalla entre derecha e izquierda que ha durado eternamente, por ahora”, decía entonces.
Tras su exilio, Patricio Guzmán siguió trabajando en el documental, y nunca apartó la mirada de su país, Chile, ni de América Latina en obras como En nombre de dios, La cruz del sur o Pueblo en vilo. La Memoria Histórica volvió a centrar sus películas en títulos como La memoria obstinada (1997), donde abordó la amnesia política de su país, o El caso Pinochet (2001), sobre el juicio contra el exdictador en Londres.
Su trabajo magistral en el documental le han hecho merecedor de los premios más prestigiosos de todo el mundo, como el Oso de Plata de la Berlinale en 2015 por El botón de nácar, el Premio Goya a la mejor película iberoamericana por Mi país imaginario en 2022 y el Ojo de Oro del Festival de Cannes que reconoce al mejor documental de la edición por La cordillera de los sueños en 2019.
Patricio Guzmán captaba con su cámara la realidad de una forma en donde lo poético y lo político se daban de la mano. Sus películas analizaban la Memoria Histórica, pero daban pistas para poder adivinar por donde podía ir el futuro. Tras el estreno de Mi país imaginario, el propio Guzmán se mostraba pesimista. En su filme mostraba a muchos jóvenes que decían que no tenían ideología, algo que él calificó como “peligro latente de esta revuelta”.
Para él, el cine documental tenía una característica que lo hacía fundamental y es que siempre hablaba “de la memoria”. Lo definía como una “especie de caja de resonancia del pasado más reciente para proyectarlo hacia el futuro”. Sus películas nos ofrecían la imagen del pasado para que entendiéramos el presente.
“Nos coloca frente a nuestros problemas grandes que tenemos como país, como personas, como grupo. El documental es una opinión muy personal de cada uno de nosotros y queda guardado para siempre en la memoria chilena. La gente se olvida de las películas de ficción, pero los documentales quedan ahí, machacando siempre”, opinaba Guzmán.
A hacer cine aprendió, o se curtió, en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid, en los años 60 y durante el franquismo. Allí conoció e hizo un grupo de amistad con cineastas españoles como Manuel Gutiérrez Aragón o Cecilia Bartolomé. Bartolomé, de hecho apareció en su mediometraje que sirvió como práctica de la escuela El paraíso ortopédico. Su hermano, José Juan Bartolomé, trabajaría posteriormente de ayudante de dirección en el rodaje de La batalla de Chile, y juntos rodarían su equivalente en la España que enterraba a Franco y daba la bienvenida a la Transición en Después de... obra fundamental del cine español que, proablemente no existiría sin el trabajo previo de Patricio Guzmán.
0