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Las claves de las 'midterms': batallas decisivas y temas fundamentales para seguir las elecciones legislativas de EEUU

Varios ciudadanos votan en un colegio electoral durante la votación anticipada de las elecciones de mitad de legislatura, en Atlanta (Georgia), el 13 de octubre de 2026.

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —
1 de noviembre de 2026 22:07 h

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Donald Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025 con muchas promesas, pero todas giraban en torno a una pulsión que no ha abandonado desde entonces: poner a prueba los límites de las atribuciones presidenciales y gobernar por encima del resto de poderes. Lo ha hecho con todo, desde la guerra comercial unilateral con el resto del mundo usando atajos legislativos hasta el decreto para intentar anular la ciudadanía por nacimiento, consagrada en la Constitución estadounidense, las deportaciones sin garantías judiciales, los asesinatos extrajudiciales en el Caribe y el Pacífico o las acciones de guerra sin pasar por el Congreso —desde Irán hasta Venezuela pasando por el bloqueo energético a Cuba—.

El Congreso, en juego

El presidente de EEUU cuenta con sendas mayorías en la Cámara de Representantes —218-214— y el Senado —53-47—. El martes se votan los 435 representantes y 35 de los senadores. Según las encuestas, Trump está a punto de perder el control de la Cámara Baja, mientras que aún podría conservar el de la Cámara Alta, aunque con menos margen que hasta ahora.

Pero basta con que Trump pierda una de las dos para que se vea con dificultades para convalidar proyectos legislativos, que requieren pasar por ambas cámaras. Asimismo, una Cámara de Representantes en manos de la oposición augura dos años, hasta las siguientes elecciones, de audiencias, comisiones de investigación y procedimientos de control que ahora no existen sobre las tareas del Gobierno y sus extralimitaciones con agencias federales como el ICE, por ejemplo, el brazo armado de Trump en la represión migratoria.

La Cámara, además, podría poner en marcha un proceso de impeachment —destitución— que, aunque estuviera abocado al fracaso porque requeriría 67 senadores para destituir al presidente, sí haría sudar a la Casa Blanca en la segunda mitad de una presidencia cuyo líder no puede presentarse a la reelección.

Es decir, un cambio en la correlación de fuerzas en el Congreso no solo entorpecería la aplicación de la agenda ultra de Trump, sino que reforzaría los contrapesos frente a la deriva autoritaria trumpista. También permitiría frenar presupuestos con gastos militares exorbitados y aprobar resoluciones sobre poderes de guerra ante el belicismo de la Casa Blanca.

Trampas de Trump

El presidente de EEUU lleva meses maniobrando para entorpecer el vuelco electoral. Así, puso en marcha procesos de redistribución de los distritos electorales para beneficiar a los republicanos (gerrymandering) en diversas partes del país.

Por ejemplo, en Carolina del Norte se aprobó un nuevo mapa electoral que dividió un distrito con una importante población afroamericana, mayoritariamente demócrata, y repartió a sus votantes entre varios distritos. De esta manera, se diluye su peso electoral y se favorece a los republicanos.

Es decir, sin cambiar los votos, se modifican las fronteras electorales para influir en quién gana los escaños. Aproximadamente un tercio de los distritos electorales han cambiado entre 2025 y este año, y la mayoría de los cambios ha sido para favorecer a los republicanos.

¿Qué podemos esperar?

Históricamente, en las elecciones de mitad de legislatura, los votantes estadounidenses tienden a castigar al partido del presidente en el cargo votando en su contra, algo que sabe el propio Trump, quien por eso ha querido presentar estas elecciones en clave plebiscitaria. Sin embargo, dado que está en mínimos de aprobación —un 30%—, precisamente hacer pensar a los votantes que él está en la papeleta puede lastrar más que ayudar a los candidatos republicanos.

Ejes de campaña

Entre las principales preocupaciones del electorado se encuentran la represión migratoria, que se ha traducido en el asesinato de personas con ciudadanía estadounidense por parte de agentes federales —como Renée Good y Alex Pretti en Minneapolis a principios de año—, así como el aumento del coste de la vida —affordability—, provocado por los aranceles impuestos unilateralmente y una guerra contra Irán ilegal e iniciada por capricho el pasado 28 de febrero, que está causando estragos en el comercio energético mundial.

Además, la corrupción —la riqueza de Trump ha crecido en dos mil millones de euros desde que es presidente— y el genocidio en Gaza, en un contexto marcado por el apoyo de EEUU a Benjamín Netanyahu, han generado una profunda desconfianza.

Batallas clave en el Senado

Entre los estados con las contiendas por el Senado más reñidas se encuentran Míchigan, Ohio, Alaska, Maine y Texas.

New Hampshire, Iowa, Carolina del Sur y Kansas también presentan contiendas reñidas, aunque en menor medida.

Los escaños con más probabilidades de pasar de manos republicanas a demócratas se encuentran en Carolina del Norte, donde el expresidente del Partido Republicano Michael Whatley y el exgobernador demócrata Roy Cooper compiten por el escaño del republicano Thom Tillis, que se jubila.

En Ohio, el senador republicano en el cargo, Jon Husted, y el exsenador demócrata Sherrod Brown compiten en unas elecciones especiales para completar el mandato del escaño que dejó vacante JD Vance al convertirse en vicepresidente en enero de 2025.

En Alaska, el senador republicano Dan Sullivan busca la reelección frente a la candidata demócrata y excongresista Mary Peltola. Estas elecciones se han visto envueltas en una polémica por las maniobras de los demócratas para meter en la carrera electoral como independiente a un candidato de nombre idéntico al del republicano con el objetivo de dividir el voto: el Departamento de Justicia acaba de presentar una demanda para bloquear los resultados de estas elecciones si el titular republicano pierde.

Además, la batalla de Míchigan es muy relevante. El candidato demócrata progresista, Abdul El-Sayed, busca retener el escaño para los demócratas frente al republicano Mike Rogers. Si El-Sayed sale elegido, será el primer musulmán en el Senado de EEUU.

En Texas, el demócrata James Talarico también ha sido objeto de insultos por parte de Trump. Se presenta contra un republicano respaldado por el presidente de EEUU, Ken Paxton, salpicado por casos de corrupción —como el de estafar a inversores mientras ocupaba un cargo en la Asamblea Legislativa de Texas— y por un proceso de destitución como fiscal general de Texas impulsado por los propios republicanos en 2023 por sospechas de soborno y abuso de poder.

En Maine, la senadora republicana Susan Collins se enfrenta a una dura batalla contra el demócrata Troy Jackson, reclutado en el último momento tras la renuncia del progresista Graham Platner por denuncias de acoso sexual.

Iowa y Kansas, hasta ahora bastiones republicanos, se están viendo amenazados por los demócratas. En Kansas, el demócrata Adam Hamilton lidera por márgenes mínimos frente al republicano Roger Marshall. En Iowa, por su parte, el demócrata Josh Turek está muy igualado con la republicana Ashley Hinson.

En New Hampshire hay una ligera inclinación a favor de los demócratas en la contienda entre Chris Pappas y el republicano John E. Sununu.

En Carolina del Sur, de inclinación republicana, hay una dura pugna entre la republicana Darline Graham y la demócrata Annie Andrews.

En Florida, la batalla electoral cuenta con candidatos emergentes, como la demócrata progresista Angie Nixon (DSA), que se presenta para desbancar a la republicana Ashley B. Moody. En cuanto a la Cámara de Representantes, el demócrata Eliott Rodríguez desafía a María Elvira Salazar, quien rompió públicamente con Trump durante su campaña para criticar sus políticas de inmigración ante la erosión que estaba generando entre su electorado.

La ola progresista

El DSA aspira a multiplicar su representación en la Cámara de Representantes de EEUU, pasando de dos a siete candidatos: a Alexandria Ocasio-Cortez (Nueva York) y Rashida Tlaib (Míchigan) se pueden sumar Melat Kiros (Colorado), Darializa Ávila Chevalier (Nueva York), Claire Valdez (Nueva York) y Chris Rabb (Pensilvania).

El empuje de esta ola viene dado por la influencia del genocidio israelí en Gaza en la dinámica electoral actual. Además de una agenda política a la izquierda del establishment demócrata, la caracteriza la negativa a recibir financiación por parte de empresas y grupos de presión.

El riesgo para la ola progresista reside en una hipotética derrota de El-Sayed en Michigan: su victoria supondría un ejemplo de que se puede ganar girando a la izquierda en un purple state —a veces republicano, a veces demócrata—; pero su derrota implicaría que los demócratas perderían un senador en una batalla muy ajustada por recuperar la Cámara Alta, lo que alimentaría las voces críticas con el avance de las posiciones más progresistas en el Partido Demócrata.

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