Canarias ante las olas de calor: qué son los refugios climáticos y cuántos hay
El calor ya no es solo una cuestión de termómetros. Cuando las temperaturas se disparan, también aumenta el riesgo para quienes no tienen dónde refugiarse de ellas. De ahí que los refugios climáticos hayan pasado, en pocos años, de ser una medida ligada a los planes de adaptación al cambio climático a convertirse en una necesidad cada vez más presente en las ciudades.
Estos espacios están pensados para ofrecer un respiro frente a las altas temperaturas y, en algunos casos, ante otros episodios meteorológicos extremos, especialmente a las personas más vulnerables. Mayores, niños y personas con determinadas condiciones de salud están entre quienes pueden acusar con mayor intensidad los efectos del calor extremo.
Sin embargo, Canarias aún no cuenta con una red plenamente operativa. Mientras las temperaturas extremas obligan a buscar espacios donde protegerse del calor, el Archipiélago sigue en la fase previa de identificar lugares que algún día puedan convertirse en estos oasis térmicos.
La situación ha sido cuestionada por Greenpeace, que denuncia en un informe que Canarias sigue sin contar con una red efectiva de refugios climáticos y pone el foco en la respuesta de las administraciones ante un problema que golpea con especial intensidad a la población más vulnerable. La organización sostiene que el Gobierno de Canarias se ha limitado hasta ahora a publicar una guía con recomendaciones para diseñar este tipo de espacios, sin que exista todavía una red pública plenamente desplegada y accesible.
Por su parte, el Ejecutivo autonómico asegura que el proceso está en marcha. Las administraciones han identificado entre 250 y 7.050 espacios potenciales en más de 70 municipios de las islas, que se encuentran en distintas fases de catalogación y adaptación. La intención es que una parte de estos lugares termine integrándose en una futura red de refugios climáticos de Canarias y pueda consultarse en un mapa oficial.
Qué es un refugio climático
Un refugio climático es un espacio natural o urbano que ofrece unas condiciones ambientales favorables para proteger la salud de la población frente a episodios de calor extremo y otros fenómenos asociados al cambio climático.
Puede tratarse de un espacio interior, como una biblioteca, un museo, un centro cívico o un polideportivo, o de un espacio exterior con árboles, vegetación, sombra, agua y unas condiciones que permitan reducir la exposición a las altas temperaturas.
El objetivo es proporcionar un lugar cercano en el que las personas puedan encontrar unas condiciones más seguras y confortables cuando el calor se vuelve extremo.
En las ciudades, además, estos espacios pueden contribuir a combatir el denominado efecto isla de calor urbano, provocado por la acumulación de temperatura en superficies como el asfalto, el hormigón y otros materiales urbanos.
Qué tipos de refugios climáticos existen
Los refugios climáticos se dividen principalmente en dos grandes grupos:
Refugios climáticos interiores
Son edificios o equipamientos capaces de mantener unas condiciones térmicas adecuadas durante los episodios de calor. Durante la época de calor extremo, el ayuntamiento o la comunidad autónoma los activan formalmente bajo esta categoría.
Entre ellos pueden encontrarse:
- Bibliotecas.
- Museos.
- Polideportivos.
- Centros cívicos.
- Centros municipales.
- Otros equipamientos públicos o privados.
Como referencia, estos espacios pueden mantener una temperatura interior aproximada de 26-27°C, de manera que funcionen como lugares de protección durante los episodios de temperaturas extremas.
Refugios climáticos exteriores: los 'oasis climáticos'
Son espacios al aire libre capaces de ofrecer protección frente a las altas temperaturas gracias, principalmente, a la vegetación, la sombra y la presencia de agua.
Parques arbolados, jardines, paseos, plazas con sombra, zonas verdes, espacios con toldos o áreas próximas a fuentes y otros puntos de agua pueden cumplir esta función.
Actualmente, 49 municipios de Canarias disponen de refugios climáticos interiores, mientras que 50 cuentan con refugios exteriores o zonas verdes adaptadas.
Parques, bibliotecas y pequeños espacios de barrio
En caso de que se cree una red no se limitaría a grandes parques o edificios públicos. La estrategia contempla distintos tipos de espacios que pueden actuar como refugios frente al calor.
- Zonas verdes y parques. Los parques y jardines son algunos de los principales candidatos. Los árboles proporcionan sombra y contribuyen a reducir la temperatura del entorno, mientras que la vegetación y el suelo natural ayudan a combatir el calentamiento asociado al asfalto y al cemento.
- Microrefugios y 'rinconeras'. No todos los refugios climáticos tienen que ser grandes. Pequeñas zonas verdes, rincones de sombra o espacios públicos acondicionados pueden funcionar como microrefugios climáticos en los barrios. La suma de estos pequeños espacios puede resultar especialmente relevante en zonas urbanas con poca superficie verde.
- Equipamientos públicos. Bibliotecas, centros cívicos, polideportivos y otros edificios de titularidad municipal, insular o autonómica también pueden incorporarse a la red. La Administración trabaja con los municipios para identificar estos equipamientos y estudiar qué actuaciones son necesarias para que puedan funcionar como refugios durante los episodios de temperaturas extremas.
- Espacios privados. La futura red tampoco estaría necesariamente limitada a los espacios de titularidad pública. Algunas iniciativas privadas han mostrado interés en incorporarse al mapa de refugios climáticos. De esta manera, la red podría extenderse por diferentes puntos de las islas y facilitar el acceso de la población a espacios protegidos frente al calor.
¿Cómo se mide si un espacio puede ser un refugio climático?
No basta con plantar unos cuantos árboles, instalar una fuente o llenar de vegetación un parque. Para que un espacio pueda funcionar realmente como refugio climático, debe ofrecer unas condiciones capaces de proteger frente a las altas temperaturas y mejorar el confort térmico. Y eso se puede medir a través de diferentes indicadores.
Uno de los más importantes es, precisamente, la sombra. La cantidad de superficie cubierta por árboles y arbustos determina en buena medida la protección frente a la radiación solar directa. Cuanto mayor sea la cobertura vegetal, más posibilidades tendrá el espacio de convertirse en un lugar fresco y habitable durante los episodios de calor.
También cuenta el tipo de suelo. La superficie natural, las zonas verdes y los terrenos permeables contribuyen a reducir el calentamiento del entorno y generan unas condiciones ambientales muy diferentes de las que encontramos sobre el asfalto, el hormigón o el cemento.
Otro elemento básico es el acceso al agua. En los espacios destinados a las personas, disponer de fuentes de agua potable puede marcar una diferencia durante los días de temperaturas elevadas. Cuando el refugio climático también está pensado para la biodiversidad, pueden incorporarse otros puntos de agua, como balsas o estanques, que favorecen además la presencia de fauna.
La configuración física del lugar tampoco es un detalle menor. La topografía, con sus desniveles, pequeñas elevaciones y depresiones, puede crear diferentes condiciones ambientales dentro de un mismo espacio. Estas variaciones pueden generar zonas más frescas, húmedas o protegidas y favorecer la aparición de pequeños microhábitats.
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