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Un mes y medio de acoso en Ceuta a activistas y ONG: el germen que explotó en el ataque a la diputada ceutí

Una de las voluntarias de ONG No Name Kitchen.

Gabriela Sánchez

21 de septiembre de 2026 22:03 h

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El operativo policial acababa de evacuar del Puerto de Ceuta el vehículo en el que viajaban la diputada ceutí y los abogados, atacados por decenas de personas en Ceuta. Entre risas, algunos vecinos comentaban los destrozos del Mercedes gris sobre el que se habían abalanzado, pero de cuyos ocupantes desconocían su identidad. Otros empezaban a reconocer, ya algo nerviosos, que no sabían quiénes se encontraban en su interior. Un hombre, con una trompeta en su mano, admitía que una de las mujeres agredidas llevaba un bolso con la inscripción de la ONU. Cuando se les preguntaba por el motivo que desembocó en la avalancha en contra del vehículo, todos respondían de una manera similar: “Eran de esos de ONG”.

Rafael Borrego es un reconocido abogado y activista en defensa de los derechos humanos y quienes lo observaban desde la protesta a la entrada del Puerto asumieron que pertenecía a una organización que ayuda a los migrantes en la ciudad. Eso fue suficiente para arremeter contra el coche en el que se introdujo, que en realidad pertenecía a la diputada de Ceuta Ya Julia Ferreras, donde también viajaba una abogada experta en derechos humanos a nivel internacional, Sofía Cánovas. La Policía Nacional se encuentra investigando los hechos y dos agentes heridos por los manifestantes se han personado en la denuncia, según fuentes ligadas a la investigación.

Un vecino ceutí retira con violencia el parabrisas del coche de la diputada Julia Ferreras de Ceuta YA.

Ser parte de una ONG, o parecerlo, es un riesgo en Ceuta desde hace un mes y medio. Acercarse a una persona migrante, también. Ayudar o escuchar a alguno de los jóvenes marroquíes llegados a finales de julio a la ciudad autónoma acarrea insultos, agresiones y hostigamientos, según ha podido comprobar elDiario.es en el terreno. Los ataques no proceden únicamente de vecinos ceutíes, también este medio ha presenciado este tipo de acoso por parte de algunos agentes de la Policía Nacional o patrullas de militares.

Hay agentes y militares que han normalizado llamar “guarra” o “puta” a algunas voluntarias de los colectivos más criminalizados actualmente en Ceuta, No Name Kitchen y Brigadas de Apoyo Mutuo. “Los insultos y vejaciones son constantes”, dice una de las voluntarias, que prefiere no detallar su nombre. Las matrículas de algunos de sus coches son difundidas por grupos de WhatsApp y, cuando alguien los ve, son increpadas al instante. Delante de elDiario.es, vecinos han llamado “guarras”, “perroflautas” y las han amenazado con destrozar su vehículo, las han tachado de terroristas cuando solo iban a comprar agua o les han echado la ceniza encima mientras bloqueaban su labor. Este medio también ha presenciado como militares han llamado “perra” a una de las activistas.

“Tenemos pinchazos en las ruedas de vehículos de nuestros voluntarios. Tenemos coches rajados. Hemos sufrido disparos con balines de pistolas de aire comprimido, lanzados desde edificios durante la distribución de comida. También alguna piedra”, explica Ric Fernández, coordinador de la ONG No Name Kitchen. La organización fue víctima de varias campañas de difamación tras acusarla sin pruebas de haber repartido gas pimienta entre los migrantes, algo que, sin embargo, sí ha hecho sin esconderse el colectivo Revuelta, que ha realizado entregas de estos sprays a mujeres ceutíes. La organización denuncia también que algunos de los DNI de sus miembros se han “filtrado en en chats participados por policías”. “Una de las fotos en particular del DNI se ven las propias manos de la policía sujetándolo, con todo el uniforme, algo muy cantoso”, denuncia Fernández.

Una de las activistas que pasó por Ceuta con la ONG No Name Kitchen enseña su rueda pinchada, después de que la foto de su coche y su matrícula circulase por distintos grupos de Whatsapp

El pasado 12 de septiembre, una patrulla de cinco militares hostigó durante dos horas a activistas a esta ONG. Un vehículo militar ocupado por miembros del Regimiento de Infantería del Ejército de Tierra 9 bloqueó la puerta de la base de operaciones de la organización que cada día realiza repartos de comida a migrantes en aquellos barrios a los que no llegan las ONG de mayor tamaño. Durante dos horas, el vehículo permaneció a medio metro de la entrada al local, mientras uno de los militares hacía comentarios a una de las activistas de la organización, que permanecía allí para vigilar la sede. Uno de los uniformados llegó a tirar ceniza de su cigarro encima de la voluntaria, que también denuncia comentarios de acoso sexista por parte del militar. En la madrugada de este lunes, tras la celebración del Día de la Legión, un fuerte despliegue militar rodeó la base del colectivo Brigadas de Apoyo Mutuo, según varios vídeos a los que ha accedido elDiario.es. “Nos llamaban guarras. Escupían en el suelo mientras nos decían 'qué asco”, asegura una de las activistas que presenciaron los hechos denunciados.

Desde Brigadas de Apoyo Mutuo, un movimiento ciudadano asambleario que realiza curas, distribuye comida entre los migrantes y realiza rondas para vigilar ante posibles vulneraciones de derechos contra estos, denuncian un “constante acoso” por parte de patrullas de militares. “Nos graban cuando quieren. Todo el rato. Recibimos vejaciones constantes. Por ejemplo, es habitual que después de hacer una ronda con sus vehículos, luego nos digan: 'Ya volveremos sin el uniforme'. A las mujeres nos suelen llamar 'guarras asquerosas'”, detalla una de las voluntarias, mientras recorre la ciudad en busca de personas migrantes con hambre a los que entregar las raciones de comida que suele preparar durante el día. Su colectivo también trata de entreneter a los marroquíes, muchos menores, asentados en las naves del Tarajal, con sesiones de circo, entre otras acciones.

A finales de agosto, decenas de personas pertrechadas con banderas de España intentaron impedir el paso de los camiones de la Cruz Roja que llevan alimentos a los migrantes asentados en la zona de la playa del Trampolín de Ceuta. Al grito de “la Cruz Roja es una mafia”, decenas de personas impidieron el 30 de agosto el acceso de un camión de la organización humanitaria a la playa del Trampolín, uno de los puntos en los que la organización distribuye alimentos entre las personas migrantes.

Insultos a periodistas “confundidos” con ONG

Ese odio generalizado llega a afectar a algunos periodistas, que son “confundidos” con personal de ONG cuando hablan con los migrantes o cuando cubren alguna de las actuaciones de los colectivos sociales. Este miércoles, por ejemplo, elDiario.es se encontraba en las naves del Tarajal, donde además de un Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) -que hace las veces de comisaría- se encuentra un asentamiento de migrantes con cientos de niños no acompañados cuando un furgón de la UIP aceleró. Desde su interior, varios agentes pidieron de malas formas a la periodista que se apartase de la zona, cuando uno de ellos gritó con agresividad: “¡Guarra!”. Cuando la reportera se identificó como periodista y preguntó por qué la insultaba, el agente negó que lo hubiese hecho, rebajó el tono y el vehículo se retiró. Muy cerca, había varios activistas de las Brigadas de Apoyo Mutuo que, habituados a ese tipo de trato, interpretaron lo ocurrido: “Pensaban que eras uno de nosotros”. La furgoneta de una fotoperiodista que colaboró con elDiario.es amaneció la semana pasado con varios rayones en una de sus puertas. Las líneas, que parecían esbozadas con una llave, conformaban una palabra: “Puta”.

La furgoneta de una fotoperiodista es vandalizada y los rayones parecen conformar la palabra "puta"

“Creo que por mi estética, por mi manera de vestir cómoda, piensan que soy activista. Siento todo el rato las miradas. Hasta paso miedo simplemente yendo a comprar agua”, dijo la fotógrafa a este medio, antes de decidir irse unos días a Marruecos para descansar del acoso recibido por, de nuevo, “parecer de una ONG”, cuando en realidad es fotógrafa. La sospecha de formar parte de una organización de ayuda a los migrantes también ha motivado identificaciones policiales repentinas. “Pensaba que eras una de esas activistas”, dijo un guardia civil la semana pasada a esta periodista tras pedir la documentación de malas maneras mientras hablaba con dos jóvenes migrantes.

Ese tipo de “confusión” es la que resultó este domingo en la agresión a la diputada ceutí y los abogados que la acompañaban. Pese a la confusión con la ONG navarra, la diputada ha hecho un alegato contra la violencia en la ciudad autónoma. “Nadie en ningún momento podemos justificar ningún acto de violencia, sea contra quien sea, ni contra la población migrante, ni contra los activistas, ni contra los ceutíes”, añadió en declaraciones recogidas por elDiario.es tras presentar una denuncia ante la Policía por los hechos. “Nos han agredido porque nos han cofundido, pero si hubiesemos sido parte de la ONG, no hubiese significado que hubiese estado bien. Si vienían a repartir ayuda, no hay que escudarse en que se han confundido. Si hubiesemos sido nosotros los activistas navarros, tampoco hubiese estado bien”, añadía Borrego, aún con el susto en el cuerpo.

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