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ENTREVISTA

José Luis Mesas, pintor: “Cuando tenía siete años iba al taller de Joan Miró y hasta usaba lápices suyos”

José Luis Mesas posa ante una pintura que combina una catedral y la Gran Muralla, en la exposición «Mesas i amics» de Sa Refinadora de Marratxí.

Alberto Fraile

Mallorca —
5 de noviembre de 2026 23:43 h

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José Luis Mesas (Palma, 1973) tenía siete años cuando empezó a dibujar y modelar figuras de barro en un centro de acogida de menores de Mallorca. Más de cuatro décadas después, su pintura ha llegado hasta el Vaticano y se extiende por las fachadas de edificios de distintos países. Ahora prepara su traslado a Fuengirola tras alcanzar, según explica, un acuerdo de diez años con el empresario chino Xu Deping para intervenir en más de 4.000 inmuebles vinculados a sus inversiones internacionales.

En vísperas de su mudanza, Mesas decide revelar una historia que había mantenido en privado durante décadas: asegura que conoció personalmente a Joan Miró cuando era niño, que frecuentó su taller en Mallorca y que compartió momentos de aprendizaje con el artista catalán. Una experiencia que, según cuenta, influyó especialmente en su manera de utilizar el color.

¿Cómo fueron sus primeros contactos con la pintura?

Empecé muy jovencito. Era un niño. Con siete años hice mi primera escultura en la Casa de Observación, que antiguamente era el Tribunal de Menores. Allí decidían qué hacer con los niños que tenían problemas familiares. En aquellos años no había centros de acogida como ahora. Yo estuve en aquella Casa de Observación y allí empecé a pintar y a dibujar. No tenía dinero. Llegué a utilizar esmaltes de uñas y cartones porque no podía comprar pintura. Tenía que buscarme la vida con lo que encontraba. Si no tenía un material, utilizaba otro. Al final, cuando tienes ganas de hacer algo, buscas la manera de hacerlo.

En aquellos años no había centros de acogida como ahora. No tenía dinero. Llegué a utilizar esmaltes de uñas y cartones porque no podía comprar pintura. Tenía que buscarme la vida con lo que encontraba

Detalle de la obra 'Plaza de España', una representación del monumento a Jaume I reinterpretado por José Luis Mesas en colaboración con el artista chino Zheng Ran Xu.

Su madre era gitana y su padre, payo. ¿Qué importancia ha tenido ese mestizaje en su vida y en su obra?

La verdad es que mi caso es curioso. Tradicionalmente, dentro de la etnia gitana, para ser considerado gitano tenía que serlo tu padre. Como mi padre era payo y mi madre gitana, tuve un problema: los gitanos no me querían y los payos tampoco. Sobre todo, estoy muy orgulloso de mi madre. A ella la echaron de su comunidad porque se casó con un payo. La desterraron. Fue una mujer muy adelantada a su época. No tenía estudios, porque entonces mucha gente gitana no podía estudiar, pero era una persona muy inteligente.

Mi padre era payo y mi madre gitana. Tuve un problema: los gitanos no me querían y los payos tampoco

¿En qué momento empezó a vivir profesionalmente de la pintura?

Yo hacía pop art, sobre todo retratos de caras con mucho color. En 2016, cuando fui a exponer a Miami, vendí todo lo que llevaba. Me iba muy bien. Estuve allí durante la semana de Art Basel y me di cuenta de una cosa: allí todo el mundo hacía pop art. En Mallorca apenas se veía, pero llegabas a Miami y encontrabas a muchísima gente haciendo lo mismo.

Entonces pensé que tenía que hacer algo mío, algo diferente y propio. Y de ahí salió el Mesismo. Fue una decisión muy arriesgada. En aquel momento tenía un mánager y, cuando vio el primer cuadro que hice con este estilo, me dijo que parecía pintado por un niño. Yo le contesté que, a partir de entonces, iba a pintar así. No le gustó y me dejó tirado. Pero yo seguí con mi estilo y ahora disfruto mucho más porque pinto lo que me da la gana.

Vista general de la fachada del hotel Artmadams de Palma, transformada por la intervención artística de José Luis Mesas, que provocó una controversia urbanística y alcanzó proyección internacional.

Ahora que habla de pintar como un niño, hay algo en sus obras que recuerda a Joan Miró: el color y ese universo aparentemente infantil. ¿Hasta qué punto ha influido en su pintura?

Yo tuve la suerte de conocerlo. Mucha suerte. Esto no lo he contado prácticamente nunca. Miró y su esposa, Pilar Juncosa, colaboraban con el centro de menores donde yo estaba. Él vio cómo pintaba y cómo dibujaba y me invitó a visitar su estudio y me daba materiales. Incluso tuve lápices suyos. Recuerdo que él miraba mis dibujos y me los coloreaba. También tengo un recuerdo muy curioso: le gustaban los bocadillos de mortadela con aceitunas.

Cuando empecé a visitarlo, yo tenía unos siete años y él murió cuando tenía diez u once. Siempre me trató muy bien, como si fuera un hijo. Aunque también puede ser porque yo era muy pequeño y guardo de él un recuerdo muy bueno. Era un hombre muy generoso. Y muy trabajador. Trabajaba todos los días. Para mí fue una experiencia muy bonita y me influyó mucho, sobre todo en los colores.

Pilar Juncosa, colaboraban con el centro de menores donde yo estaba. Él vio cómo pintaba y cómo dibujaba y me invitó a visitar su estudio y me daba materiales

¿Por qué no lo había contado antes?

Nunca había contado mi relación con Miró. Ahora que me voy de Mallorca, he pensado que era el momento.

¿Recuerda algún consejo que le diera y que haya influido después en su manera de pintar?

Sí. Recuerdo algo que decía y que se me quedó grabado: “Si te cae una gota de pintura, no la quites. No es casualidad. No tienes que borrarla. Si te cae algo, déjalo. Está ahí por algo”.

Es una manera de entender la pintura que me gusta mucho. No tienes que estar corrigiendo todo. Hay cosas que suceden mientras pintas y forman parte del proceso de hacer un cuadro.

Cuando estoy trabajando, las cosas van saliendo y no quiero estar pensando continuamente si están bien o mal. Trazo una línea y sigo. Si empiezas a dudar de cada cosa que haces, no terminas nunca. Tampoco me gusta pensar en lo que pensarán otros de mi trabajo.

Recuerdo algo que decía y que se me quedó grabado: 'Si te cae una gota de pintura, no la quites. No es casualidad. No tienes que borrarla. Si te cae algo, déjalo. Está ahí por algo'

Una de las características de su trabajo es la escala monumental. ¿Cómo se conciben obras de grandes dimensiones?

Para mí es muy fácil. Me gusta hacer las cosas grandes. En uno de esos proyectos empecé a imaginar distintos mundos. Eran decenas de mundos, unos cincuenta, y aquello terminó convirtiéndose en una pintura de unos 400 metros cuadrados en la que trabajé con la ayuda de Olga, mi compañera, durante dos inviernos.

Puedo estar diez horas diarias pintando y no darme cuenta del tiempo que ha pasado. A veces hay que tumbarse, levantarse, cambiar de postura constantemente... Físicamente es muy duro, sobre todo para la espalda.

José Luis Mesas entrega al papa Francisco el retrato que realizó del pontífice, una obra de colores intensos en la que incorporó una pequeña mariquita en el rostro, un detalle que hizo reír a Francisco.

“El Cristo de los Gitanos” es una de sus obras más conocidas. ¿Cómo nació esta pintura de 100 metros cuadrados?

Pues resulta que es el lienzo más grande de España por casualidad. “El Cristo de los Gitanos y los cuatro elementos” lo hice originalmente para la catedral de Palma. Estaba pensado para un espacio concreto y tenía aquellas medidas por eso.

Al final, hubo un desencuentro y, cuando el cuadro ya estaba terminado, me encontré con que no sabía dónde ponerlo. Imagínate tener un Cristo de unos cien metros cuadrados y no saber qué hacer con él. Además, yo soy muy católico, aunque a veces se metan conmigo por eso. Finalmente lo doné y se expone en el Museo Mayte Spínola de Marmolejo, en Jaén.

'El Cristo de los Gitanos y los cuatro elementos', el lienzo más grande de España, lo es por casualidad. Lo hice originalmente para la catedral de Palma. Al final, hubo un desencuentro y, cuando el cuadro ya estaba terminado, me encontré con que no sabía dónde ponerlo. Imagínate tener un Cristo de unos cien metros cuadrados y no saber qué hacer con él

Ese cuadro le llevó hasta el Vaticano, donde le entregó personalmente al papa Francisco dos obras. ¿Cómo surgió aquella oportunidad?

Fue increíble. El Vaticano se puso en contacto con el Consell de Mallorca, que entonces presidía Miquel Ensenyat, a quien yo no conocía personalmente. Me llamó y me dijo: “Hola, soy el presidente del Consell. El papa quiere conocerte y existe la posibilidad de ir al Vaticano”.

Y yo le colgué. Pensé: “¿Qué broma es esta?”. Después me llamó un amigo político al que sí conocía y me dijo: “Oye, que has colgado al presidente del Consell”. Y yo: “No me jodas, que me está diciendo que el papa quiere conocerme”. Me aseguró que era verdad y que tenía que cogerle el teléfono al presidente. Hablé con Ensenyat, que me ayudó un montón, y ahora somos muy amigos.

Además de dos obras, José Luis Mesas también entregó al papa Francisco una ensaimada mallorquina durante su encuentro en el Vaticano.

Me reuní con el obispo y me explicó que el papa estaba interesado en mi cuadro y que le gustaría que le llevase una réplica. Yo preparé esa réplica y después me propusieron hacer también un retrato del papa. Y dije que sí, claro. Conocer a Francisco me hizo mucha ilusión. Fue un detalle que no olvidaré. En el retrato le pinté una mariquita en un ojo. Cuando lo vio, me preguntó por qué había puesto aquello en el cuadro. Le hizo mucha gracia. Fue un encuentro muy simpático.

Me llamó el presidente del Consell de Mallorca para decirme que el papa quería conocerme. Pensé que era una broma y le colgué

Uno de los trabajos que despertó el interés del empresario chino fue el mural del hotel Artmadams, en Palma. Sin embargo, es una obra que provocó una importante polémica urbanística. ¿Qué ocurrió?

El Artmadams ha sido uno de mis trabajos más conocidos. Jaime España, el propietario del hotel, apostó por mi pintura para transformar la fachada del edificio. Pero a un vecino no le gustó y el Ayuntamiento paralizó la intervención y no pude terminar todo lo que estaba previsto. Después vino toda la polémica y la movilización para evitar que quitaran el mural.

José Luis Mesas posa junto al mural del hotel Artmadams de Palma mientras realizaba una de sus intervenciones más conocidas, que resultó decisiva para despertar el interés del empresario chino Xu Deping.

¿Qué balance hace de aquella polémica?

Para mí fue muy complicado. Yo lo que quería era pintar. Estaba haciendo una obra enorme y de repente me encontré con todo aquel jaleo que me superaba. Lo curioso es que después han venido personas de otros países precisamente para ver ese mural. Algo que aquí provocó tantos problemas ha terminado siendo una de las obras que más interés ha despertado fuera de Mallorca.

Está a punto de abandonar Mallorca para iniciar una nueva etapa profesional. ¿Qué ha ocurrido para que tome esta decisión?

He firmado un contrato para intervenir en unos 4.000 edificios de un grupo empresarial chino y traslado mi estudio a Fuengirola. Ya he estado en Budapest, donde están construyendo los primeros edificios que tengo que intervenir.

El acuerdo es con el empresario Xu Deping y está vinculado a GEF Group. ¿Cómo surgió el contacto?

Conocieron mi trabajo en Málaga y después vinieron expresamente a Mallorca para ver el hotel Artmadams. También vieron una intervención que hice en un hotel de Roma. Es un hombre muy importante, un gran coleccionista, que tiene muchas propiedades e inversiones en diferentes países.

José Luis Mesas y el artista participante Xu Zheng Ran posan ante una obra de la exposición «Mesas i amics», en Sa Refinadora de Marratxí.

Es un salto importante en la escala de su trabajo. ¿Cómo afronta un encargo de estas dimensiones?

No me asusta trabajar en una fachada o en un lienzo enorme. Siempre he tenido facilidad para imaginar obras de grandes dimensiones. Ahora mismo tengo proyectos en Málaga, Canarias, Asturias y Budapest. Después vendrá China. Son encargos para muchos años de trabajo y tengo la suerte de poder dedicarme a lo que más me gusta. Con este proyecto me puedo jubilar.

¿Cómo ha cambiado su relación con las galerías de Mallorca desde que empezó a pintar?

Ahora hay galerías importantes de Mallorca que me llaman para exponer. Y les digo que no porque cuando empezaba fui y ni siquiera me miraron el lienzo. Ni lo miraron. Hay gente que solo te ayuda cuando te va bien.

¿Qué se encontrará la persona que visite su nueva exposición en Marratxí?

Es una exposición muy especial para mí porque me acompañan doce artistas amigos, todos vinculados a Mallorca. Además, es mi despedida de la isla. Hay obras mías de diferentes épocas, desde “Plaza de España”, de 2015, hasta otras más recientes, como “La niña pequeña”, de 2023. También hay dos cuadros enormes que pinté en 2025, “Gran Muralla” y “Catedral con Gran Muralla”, que miden cinco metros de ancho por dos de alto.

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