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CRÓNICA

Violencia en nombre de Ceuta y un lenguaje político que aviva el fuego

Un hombre golpea el coche de Julia Ferreras este domingo en la entrada del puerto de Ceuta.
21 de septiembre de 2026 22:03 h

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José María Figaredo, diputado de Vox, dijo en una entrevista televisiva que había que “cazar a los inmigrantes uno a uno”. El alcance de las represalias se ha extendido en Ceuta y llega ahora a cualquiera que se solidarice con ellos o intente ayudarlos. La agresión sufrida este domingo por la diputada ceutí Julia Ferreras, la abogada Sofía Cánovas y el activista Rafael Borrego por una turba enfurecida es una consecuencia previsible tras varias semanas de denuncias desde la derecha y la extrema derecha sobre la “invasión” de la ciudad. No se tiene piedad con unos invasores y mucho menos con los que son catalogados de cómplices.

Ese lenguaje bélico ha impregnado las declaraciones de dirigentes del PP y Vox, que han terminado por ser indistinguibles. En numerosas ocasiones, Santiago Abascal ha calificado lo ocurrido el 30 y 31 de julio como una invasión protagonizada por “hombres en edad militar llamados por el Gobierno corrupto de Sánchez para que asalten nuestras fronteras”. La diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo repitió ese mensaje al escribir que los que llegaron a Ceuta no son migrantes: “Son soldados. Usan a las mujeres y los niños de atrezo”. En una guerra, los soldados del otro lado son el enemigo y los que les ayudan, unos colaboracionistas que terminarán pagando el precio de la traición.

No es polarización, sino una acusación directa, una de las más graves que existen, desde la oposición contra el Gobierno, los partidos y los movimientos sociales que defienden los derechos que la ley reconoce a los migrantes.

Primero, fueron contra Borrego, que estaba solo esperando a que Ferreras lo recogiera en su coche cerca del puerto de Ceuta. Después, se abalanzaron contra el vehículo. Ferreras se identificó como diputada en varias ocasiones, pero no les sirvió de nada: “Hubo un momento en el que miré a Rafa y no le pude garantizar que pudiésemos salir de ahí. Venían a por nosotros, a lincharnos”. “Nos iban a matar”, dijo Borrego a este diario. “Se agolparon sobre nosotros. Nos han tirado huevos, nos han tirado piedras, han reventado el cristal por alante, por atrás, nos han abierto la puerta para meterse dentro”, describió Borrego.

La diputada de Ceuta Ya comprobó que varios de los agresores eran ceutíes: “Yo reconocí muchas caras de mis vecinos y vecinas que sé que son personas que se han quitado la careta y que están actuando como quieren ser”.

Los manifestantes esperaban la llegada de representantes de una ONG de Pamplona a la que varios medios de comunicación nacionales habían llamado “proetarra”. “Lo que estamos esperando es que viene gente del País Vasco, de la kale borroka. Viene una ONG a hacerse cargo de los menores. Nosotros aquí no queremos etarras”, dijo una mujer antes de que se produjeran los incidentes.

Es lo que habían leído antes y después en OK Diario: “La Policía de Marlaska reprime a golpes y con pelotas de goma a los ceutíes que impedían la entrada de una ONG proetarra”. En El Español: “Negu Gorriak, los proetarras que llegan a Ceuta para repartir 'ayuda' y 'vigilar' las agresiones contra los migrantes”. En los informativos de Antena 3. En ABC: “Vecinos ceutíes protestan contra la llegada de organizaciones proetarras a la ciudad: 'No les vamos a dejar pasar'”. Ese diario llegó a escribir en ese artículo que se trataba de “Negu Gorriak, el grupo musical liderado por Fermín Muguruza”.

Esa banda de los años noventa existió hasta 1996, aunque celebró dos conciertos en 2001 para celebrar una victoria jurídica contra el general Galindo. Obviamente, no tiene nada que ver con la ONG Negu Gorriak / Derecho a Techo, un grupo navarro que defiende a inmigrantes. Al menos, en una ocasión ha convocado una manifestación contra la decisión del Ayuntamiento de Pamplona, cuyo alcalde es Joseba Asiron, de EH Bildu, de desalojar en abril a los migrantes que vivían en un antiguo convento abandonado.

En una rueda de prensa el lunes, responsables de la ONG han denunciado que sus miembros han recibido amenazas de muerte en Ceuta: “No ha surgido de la nada. Hay medios que llevan semanas llamando etarras y yihadistas a nuestro colectivo. Han estado preparando el terreno. Lo que ha pasado después es la consecuencia”.

Algunos de los asistentes a la manifestación de Ceuta han contado a un medio local que la culpa de todo fue de uno de los agredidos, Rafael Borrego. Le acusan de haber grabado imágenes de la concentración y recuperan escritos suyos críticos con una parte de la población de la ciudad. Lo llaman “el abogado malagueño que está poniendo a parir a los ceutíes en sus redes”. Dicen que se enfurecieron cuando le vieron refugiarse en el coche de la diputada. “No vamos a dejar que nadie de fuera venga a decirnos lo que está pasando aquí”, dice uno de ellos.

El lenguaje de la confrontación entre políticos favorece que se extienda el lenguaje violento entre los ciudadanos, y este último siempre precede a la violencia física. Y en el momento en que se desencadena esta, es difícil saber dónde parará. Los medios que se inventaron que la ONG navarra era “proetarra” contribuyeron a calentar un ambiente que ya está muy tenso en Ceuta.

“En democracia, la violencia no tiene cabida bajo ninguna circunstancia”, dijo Alberto Núñez Feijóo, que condenó los hechos el lunes mientras realizaba su cuarta visita a la ciudad para reunirse con su presidente. Juan Jesús Vivas explicó que “la inmensa mayoría de los ceutíes condena la violencia venga de donde venga”. Le valió con esa crítica genérica a cualquier conducta violenta mientras insistía en afirmar que Ceuta ha sido invadida y que el Gobierno pretende que la crisis se eternice.

Vivas planteó escenarios ominosos de los que responsabilizó al Gobierno de Pedro Sánchez: “O se quiere utilizar a Ceuta como un escenario de confrontación y polarización, o quieren acabar con la paciencia de los ceutíes hasta el agotamiento o el destierro”.

Ese ya es un dilema bastate negativo, pero aún había más. Otra alternativa nada deseable y que no se sabe de dónde sale, por la que se quiere convertir a Ceuta en un centro temporal de inmigrantes con el equivalente al 15% de toda su población. “No lo vamos a consentir porque eso sería la muerte de la ciudad”, anunció Vivas. No es el tipo de lenguaje que contribuye a calmar los ánimos. Si las opciones que se presentan a los ciudadanos incluyen la posibilidad de la muerte de Ceuta, habrá gente que decida que no lo permitirá por cualquier medio que sea necesario.

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