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Seguridad hídrica: cuando la producción no es garantía de nada

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En los últimos años se ha consolidado en Canarias un discurso que asocia automáticamente nuevas instalaciones de desalación con mayor seguridad hídrica. Sin embargo, la seguridad de un territorio no depende de una infraestructura aislada, sino de la fortaleza del sistema en su conjunto.

Conviene precisar algo esencial: capacidad de producción no es sinónimo de garantía de suministro. La seguridad hídrica depende, en mayor medida, de la capacidad de almacenamiento y de la resiliencia del sistema ante fallos.

En 1943, el psicólogo Abraham Maslow formuló su teoría sobre la jerarquía de necesidades humanas, situando la seguridad como uno de los pilares del bienestar. No es casual que el discurso político-empresarial vincule desalación con seguridad hídrica: la producción inmediata transmite sensación de control. Si falta agua, se produce más. Esa lógica conecta emocionalmente con la necesidad humana de certidumbre. Conecta con las necesidades básicas de Maslow.

Pero desde el punto de vista técnico, la distinción es clara:

• Producción = disponibilidad potencial.

• Almacenamiento = garantía efectiva ante contingencias.

Confundir ambos conceptos conduce a una percepción incompleta del asunto de asegurar disponer de agua en calidad y cantidad.

Analicemos un ejemplo ilustrativo: “Canal Gestión Lanzarote pone en conocimiento de la población de Lanzarote y La Graciosa que, como consecuencia de una incidencia que ha sufrido la red eléctrica de Endesa que alimenta las desaladoras de la central Díaz Rijo, la producción de agua potable en estos momentos se ve comprometida”. La infraestructura seguía instalada. La capacidad nominal existía. Pero sin energía, la producción fue cero.

La desalación depende de suministro eléctrico continuo, de equipos electromecánicos complejos, de reactivos y mantenimiento especializado, de estabilidad operativa constante. Cuando uno de estos elementos falla, el sistema de abastecimiento entra en vulnerabilidad inmediata si no dispone de reservas suficientes.

Por otra parte, producir exactamente lo que se consume equivale a operar bajo un modelo de just in time hídrico: producir para verter. En un sistema insular aislado, esa lógica es estructuralmente frágil.

Si trasladamos el análisis a la isla de El Hierro, el Plan Hidrológico insular sitúa la capacidad total de almacenamiento superficial en torno a 0,7 hm³, considerando embalses y balsas principales, a los que se suman los depósitos de abastecimiento urbano de menor entidad.

Pero los datos deben interpretarse con rigor:

No todo el volumen almacenado es utilizable. Existen cotas mínimas técnicas en embalses.

Hay pérdidas por evaporación y en redes de distribución.

Parte del agua está comprometida para usos agrícolas, usos industriales, usos turísticos y de ocio.

La distribución territorial no siempre permite trasvases inmediatos.

Por lo tanto, la cobertura real efectiva es significativamente inferior a la que podría deducirse de un simple cálculo volumétrico.

El número de desaladoras, módulos o infraestructuras de captación no convencional que se instalen no altera el hecho físico de que la operativa del sistema limita su capacidad de almacenamiento y distribución. Los datos no deben interpretarse como holgura, sino como indicador de que el margen de seguridad depende críticamente del estado y posibilidad de las reservas.

En ingeniería hidráulica, el almacenamiento cumple una función esencial: desacoplar en el tiempo la producción y el consumo. Un sistema robusto debe garantizar al menos (mínimo) 72 horas (3 días) de abastecimiento urbano sin producción. Adicionalmente, el almacenamiento permite tomar decisiones estratégicas como restricciones al destino final o priorización de usos ante contingencias. Superando la jerarquización general de destino de uso contemplado en planeamiento.

Así, la seguridad hídrica no la aporta una infraestructura aislada, sino una arquitectura de resiliencia que combine:

• Diversificación de fuentes de captación (subterráneas, superficiales, desalación, reutilización).

• Almacenamientos estratégicos bien dimensionados.

• Redes malladas y sectorizadas.

• Respaldo energético.

• Gestión activa de pérdidas.

• Planificación de contingencias.

La desalación es una herramienta que, por directriz, se ha vuelto imprescindible en el archipiélago. Pero no es, por sí sola, garantía de seguridad hídrica. La verdadera seguridad no se mide en metros cúbicos por hora producidos, sino en días que el territorio puede sostenerse cuando la producción se detiene.

En términos simples: producir permite abastecer hoy pero almacenar permite resistir mañana.

El asunto es que el almacenamiento no genera los mismos titulares que una nueva planta o módulo de desalación. Pero es el elemento que permite que el sistema siga funcionando cuando todo lo demás falla. Y por tanto, el almacenamiento se convierte en el verdadero elemento estructural del sistema.

Los acuíferos,

Los aljibes,

Las albercas dispuestas a los pies del Garoé.

“Querían producir olvidando que lo verdaderamente importante era almacenar.”