El cierre del mítico pub La Tertulia de Granada, síntoma de la transformación de la noche española
El próximo 30 de mayo, si no media un milagro, La Tertulia de Granada cerrará sus puertas después de 46 años de vida. Hasta entonces, este legendario local por el que han pasado notabilísimos poetas, actores, artistas plásticos y músicos celebrará cada día una despedida diferente hasta entonar el adiós definitivo. Una triste noticia para la cultura de la capital nazarí, pero también un síntoma de que este tipo de espacios, que han actuado como indiscutibles dinamizadores culturales durante décadas, no tienen fácil su supervivencia en los tiempos que corren.
La cabeza visible de La Tertulia, Tato Rébora, explica que el recinto “ha sido un espejo de la vida cultural de Granada con todas sus épocas. La primera, que fue una época dorada, era aquella en la que nos visitaron desde Rafael Alberti o Mario Benedetti a toda la Generación del 50, y de Paco Ibáñez a Joaquín Sabina, sin olvidar a gente como Enrique Morente o Luis García Montero que nos visitaban a diario”.
Rébora recuerda también que más adelante los distintos gremios fueron haciendo suyo el local: un tiempo era especialmente frecuentado por actores, otro por periodistas… “Las artes se fueron fragmentando y teniendo sus propios espacios, lo que supuso un relativo declive para nosotros”, recuerda. Fue entonces cuando se impuso la necesidad de programar actividades: “Donde antes las cosas ocurrían espontáneamente, y bastaba con que yo pidiera silencio para que todos oyéramos a Benedetti recitando poemas, ahora había que elaborar un programa con eventos concretos”.
La soledad y los móviles
Eso marcó una segunda etapa en La Tertulia, en el que el local “llegó a ser el filtro por el que pasaba todo, era un influencer de la ciudad. Había artistas que venían a comentar allí lo que estaban haciendo en ese momento, antes de lanzarlo a la ciudad en su conjunto”. Pero fue entonces cuando Rébora, junto a los dos socios que sostienen la empresa, empezaron a observar tendencias preocupantes en el sector.
“La Tertulia, como tantos otros lugares, había sido un lugar de encuentro, y la vida cultural su complemento”, evoca. “Pero el encuentro fue declinando, nos dimos cuenta de que terminaba el acto cultural programado y la gente no se quedaba como antaño, se iba. Además, durante el acto se consumía cada vez menos: ahora se pedía una cerveza en el tiempo en que antes se tomaban tres cubatas. El principio de salud empezó a primar sobre el sentido del placer, el público se cuidaba mucho más”.
Pero donde más se notó fue en la atmósfera de la clientela. “Antes, a las dos de la mañana podría aparecer un cliente que nos decía: ‘Estaba solo en mi casa y quería hablar con alguien’. Ahora, esa persona se queda en su casa mirando el móvil, chateando. El pub como lugar de encuentro ha muerto. Ahora prima el bar de tapas, que es tal vez poco atractivo como espacio, pero que la gente prefiere. Y en la noche hay cada vez menos gente que supere los 40 años”.
La puntilla de la pandemia
En los últimos tiempos, son muchos los locales como La Tertulia que han echado el cierre en Andalucía y el resto del país, aunque los motivos son múltiples: desde la jubilación de los propietarios y la falta de emprendedores que quieran tomar el testigo a la subida vertiginosa de los precios de alquiler, sin olvidar los problemas de insonorización en el caso de espacios para la música en directo, lo cierto es que aquel boom de locales donde disfrutar de recitales poéticos, conciertos de cantautores o de jazz, espectáculos de narración oral o café teatro va camino de apagarse irremediablemente.
La puntilla, según este veterano hostelero, “fue la pandemia. Eso ha cambiado la noche del mundo. Las masas la han cambiado por las mañanas. Si vas por Granada, todos los lugares de desayuno están llenos. Hemos pasado de tener los bares nocturnos llenos a no encontrar un sitio donde sentarte a tomarte un café a las diez de la mañana, porque está todo ocupado”.
En muchos lugares de España, el turismo ha llegado al auxilio de espacios como este que iban desfalleciendo, aunque el precio a pagar en cuanto a pérdida de naturalidad y autenticidad es evidente. “A La Tertulia viene un turismo español que nos visita como si leyesen un cómic, o como si fuese un museo. Los cuadros de nuestras paredes cuentan la historia del local y se emocionan. Solo los martes, que programamos tango, comprobamos que vienen muchos extranjeros. Pero eso no mitiga las dificultades: de seis horas que estamos abiertos, solo hay ingresos realmente durante dos horas, y como te digo con poco consumo. Antes me costaba cerrar La Tertulia, casi había que echar a la gente. Ahora a las dos y media no hay nadie”.
Las épocas mandan
En cuanto al respaldo oficial, La Tertulia ha recibido numerosos premios, tanto del Ayuntamiento como de la Junta de Andalucía. La Feria del Libro de la ciudad le hizo también honores, e incluso en la ciudad de Buenos Aires hay una placa reconociendo esta labor de años. Sin embargo, ninguna institución ha facilitado su subsistencia, a pesar de haber desarrollado una labor por las artes y las letras imposible de evaluar económicamente.
Lo que sí les ha llegado es el calor de los parroquianos, que en los últimos días están llenando La Tertulia, ayudando a reducir las deudas y, de paso, animando a sus responsables a mantener la llama viva. “Hemos tenido varias iniciativas, incluso se ha hablado de plantear crear una asociación cultural para evitar el final. No me niego a nada, pero lo que no querría es no cerrar el 30 de mayo para tener que cerrar seis meses después”, explica Rébora sin muchas esperanzas. “Hace mucho que aprendí que las épocas mandan sobre las voluntades individuales. Las tendencias tienen una potencia que no es posible revertir”.
Rébora no puede evitar la melancolía al comentar que “es duro cerrar, porque es mi vida. Yo siento que no llego a Granada hasta que no llego a La Tertulia. ¿Cómo voy a hacer ahora? Temo quedándome dando vueltas sin saber adónde llegar”.
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