El Malpaís de la Arena, en el norte de Fuerteventura, atesora una serie de vestigios arqueológicos que se conocen desde hace mucho tiempo. En septiembre de 2019, sin embargo, la comunidad científica se sorprendió con el anuncio del hallazgo de unos petroglifos gigantes que solo se pueden distinguir desde el aire, unos círculos supuestamente de factura aborigen y con conexiones astronómicas. Son los denominados Soles de Tejate. Cinco años después, nuevas informaciones cuestionan la hipótesis presentada por José Juan Jiménez y María Antonia Perera en las XVIII Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote. ¿Realmente estamos ante un yacimiento arqueoastronómico o simplemente se trata de la ensoñación de dos historiadores cuando descubrieron las figuras circulares gracias a Google Earth? Es un misterio a resolver.
“Los Soles de Tejate, unas estructuras de piedra visibles desde la altura en el municipio de La Oliva, son dos geoglifos que representan al Sol y a la Luna y están situados en una zona, el malpaís de la Arena, que era una gran área sacralizada por los antiguos indígenas de Fuerteventura”. Con este párrafo, la agencia EFE iniciaba el texto de una noticia sorprendente, tras entrevistar a los autores de un hallazgo que podría trasladarnos a las famosas Líneas de Nazca, en Perú, un conjunto de geoglifos que representan figuras de animales y plantas, un yacimiento precolombino que el autor de este reportaje visitó en 1997.
Pero Soles de Tejate es otra cosa, como vemos en las imágenes que ilustran la última entrega de Los astrónomos del pasado, la arqueoastronomía de Canarias, un viaje periodístico que nos ha llevado, durante diez meses y veintiún reportajes, por los yacimientos astronómicos más relevantes de la sociedad prehispánica del Archipiélago.
Jiménez y Perera describen “dos grandes estructuras circuliformes con un diámetro interior de 35-36 metros, emplazadas respectivamente a naciente y poniente, con ejes radiales externos con una longitud entre 7 y 20 metros, cuyos extremos están ocasionalmente unidos por muros”. En la investigación, los doctores por la Universidad de La Laguna refieren “una alineación y orientación principal este-oeste que coincide con el tránsito solar de los equinoccios astronómicos”. Añaden que “el recinto elipsoidal anexo al geoglifo solar de poniente presenta un eje direccional sureste-noroeste cuyos extremos están orientados hacia la posición donde acontece la salida del Sol, que anuncia la llegada del solsticio de invierno sobre la Montaña de Caima y hacia el ocaso lunar de la parada mayor norte que sucede sobre la Montaña de la Mareta”. Por último, afirman que han detectado “otros puntos donde habitualmente se producen ortos, ocasos solares y paradas mayores de la luna, como informaron en su momento los astrofísicos y arqueoastrónomos Juan Antonio Belmonte y César Esteban”.
“Astronómicamente no ocurre nada”
Belmonte y Esteban, pioneros de la astronomía cultural en España, autoridades mundiales en la materia y autores de numerosos artículos científicos sobre arqueoastronomía en Canarias, empero, no tienen nada publicado sobre los Soles de Tejate. Belmonte ha visitado el yacimiento en tres ocasiones, nos cuenta en la entrevista que le realizamos para elaborar este reportaje: “No puedo decir nada de los Soles de Tejate. No tengo ni idea de lo que son”. En “el círculo que se conserva, porque el otro está destrozado, tiene una parte más ancha con dos grandes radios y al final acaba en dos o tres asientos. Y justo ese radio está en dirección a Tindaya”. Sin embargo, sentencia el científico del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), “astronómicamente no ocurre nada en esa dirección”.
Antes de que Perera y Jiménez presentaran su ponencia en el otoño de 2019, la Agrupación Astronómica de Fuerteventura (AAF) había realizado un trabajo en el que se defiende que son calendarios estelares, una teoría que no convence a Belmonte. “Yo tengo mis dudas sobre la explicación de que es una estación astronómica que marca los ortos heliacos de varias estrellas”. Un orto heliaco es el momento de la primera aparición por el horizonte de una estrella después de su conjunción con el Sol, poco antes de la salida del astro que ilumina a La Tierra; el orto helíaco de Sirio, por ejemplo, fue el origen del calendario en época de los egipcios.
“¿Qué son los Soles de Tejate?”, le preguntamos el investigador del IAC. “No lo sé. Si fuera aborigen está claro que es un geoglifo porque visto desde el aire tiene una forma muy elaborada, pero no sabría decir qué significa”.
¿Pero realmente son aborígenes estos círculos? Es cierto que en el Malpaís de la Arena hay huellas arqueológicas de los primeros pobladores de Fuerteventura, pero en los círculos de los soles y en su entorno inmediato no se ha encontrado nada de factura majo. Así lo certifican la carta arqueológica de la Isla y el estudio que encargó el Gobierno de Canarias en 2018, poco después de que la AAF difundiera la teoría astronómica.
Si los expertos en astronomía cultural del IAC no han detectado ninguna conexión astronómica y los arqueólogos no han encontrado indicios de vida indígena in situ, la teoría de Perera y Jiménez pierde fundamento. Pero hay un tercer factor que aún la cuestiona más. El historiador Luis Lorenzo Mata, uno de los arqueólogos de referencia de Fuerteventura, inspector de Patrimonio Histórico del Cabildo majorero durante décadas, no tiene dudas: “No son aborígenes”. Se construyeron “en época histórica, con la doble finalidad de guardar a los rebaños de cabras durante el verano y para cultivar orchilla, una planta con la que se producía un tinte muy valorado a partir del siglo XV”, coincidiendo con el inicio de la conquista de Canarias, precisamente en los primeros años de esa centuria.
Mata ha realizado una investigación exhaustiva en los archivos históricos. Le Canarien, la primera crónica de la Conquista de Canarias –se inició en 1405 en Lanzarote y a continuación en Fuerteventura- ya alude al comercio de la orchilla. De hecho, Jean de Bethencourt, el conquistador de las dos islas orientales del Archipiélago, informa Mata, “poseía numerosas fábricas dedicadas a la industria tintórea en su país”. Jean de Bethencourt, añade Mata, “justificó así las futuras incursiones y la conquista de Fuerteventura, como refleja Le Canarien: ”Y crece también en esta isla una grana que vale mucho, que se llama orchilla; sirve para teñir paños u otras cosas y es la mejor grana que se pueda encontrar en cualquier país, por su condición, y si un día la isla es conquistada y puesta a la fe cristiana, aquella grana será de mucho provecho al señor del país“. Una de las primera medidas ”que toma tras la conquista“, informa el investigador majorero, ”es reservarse en exclusiva el derecho de la obtención y de su comercio“, tal y como se cita en Le Canarien: ”En lo que respecta a la orchilla que nadie ose venderla sin el permiso del rey y señor del país“.
Además de las crónicas, Luis Mata ha indagado en literatura histórica, como los acuerdos del siglo XVII del Cabildo Insular para proteger y regular el cultivo de ese apreciado liquen, también en las referencias que redactó en 1632 Fray Juan de Abreu Galindo en su libro Historia de la Conquista de las siete islas de Gran Canaria y, entre otros documentos, el estudio realizado en el siglo XX por el juez humanista Roberto Roldán Verdejo, fundador del primer museo arqueológico majorero, en el que aporta pruebas del cultivo de la orchilla precisamente en el malpaís en el que se localiza Tejate.
Paola Llinares, periodista de la radio pública de Canarias, dedicó uno de sus excelentes Episodios Insulares, en marzo de 2024, a esta industria, al cultivo y comercio del tinte de la orchilla a nivel regional. Mata, en las prospecciones que ha realizado, ha encontrado raspadores de metal con los que los cultivadores de orchilla extraían esta especie de liquen que nace de manera natural sobre las piedras volcánicas de Tejate o, como ha contado Llinares en su programa de Canarias Radio, “en acantilados costeros gracias a la humedad de los vientos alisios y al salitre marino; las aproximadamente trece especies que existen en Canarias tardan alrededor de seis años en alcanzar su estado adulto”. Los podcast de Episodios insulares están archivados en le web de la radio autonómica.
La respuesta, en el Coto del Coronel
Pero si Luis Lorenzo Mata estuviera en lo cierto, ¿por qué construyeron círculos –en el Malpaís de la Arena hay decenas, además de los dos supuestos soles, como oteamos desde Google Earth- en lugar de muros rectos para captar más fácilmente la humedad de los vientos del norte que propicia el crecimiento del cotizado vegetal?, le preguntamos. El historiador nos dice que la respuesta la encontraremos en la explotación ganadera del Coto del Coronel, dentro del citado malpaís, cuyo propietario también es el dueño del suelo en el que se localizan los Soles de Tejate. Esteban Rodríguez tiene medio millar de cabras, un negocio del que viven ocho familias. Los terrenos los heredó de su padre y este del suyo, que los compró a los Manrique de Lara cuando llegó de Cuba.
“Los círculos son corrales que se construyeron para guardar las cabras durante el verano y en épocas de sequía. Ahora hay pienso, pero antes solo podían alimentarse de los pastos, y durante los meses de sequía, los únicos vegetales que consumían eran los crecían en las piedras de los corrales, como la orchilla y otras plantas silvestres”. ¿Y por qué necesitaban tantos corrales?, le cuestionamos al ganadero, un hombre rural con la cara cuarteada por el solajero, “para separar a los animales para que todos tuvieran alimentos”. También para clasificar a las cabras parideras con sus baifos.
Para Luis Mata, los soles de Tejate y sus satélites “eran la despensa para los cabreros que antaño vivían en unas condiciones muy duras”. El investigador aporta otro dato novelero: “En la lengua amazige, cabra es tgaht, y su pronunciación es muy similar a Tegate”. La investigación arqueológica que encargó Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias sobre este enclave prueba que los círculos se usaron como establos para las cabras, como ponen de manifiesto los numerosos restos de excrementos caprinos descritos en el informe.
El director del Museo Arqueológico de Fuerteventura (MAF), Isidoro Hernández Sánchez, no cree que los Soles de Tejate conformen un yacimiento astronómico: “Si una autoridad como el astrónomo Juan Belmonte tiene dudas al respecto…”. La opinión del investigador del MAF está extendida entre el colectivo de arqueólogos majoreros a los que hemos consultado.
A tenor de lo expuesto hasta ahora, los Soles de Tejate están más próximos a una ensoñación arqueológica que a una estructura astronómica de factura indígena. Empero, ¿por qué se construyeron los supuestos radios que salen del círculo que se interpreta como el Sol, que serían los rayos solares? Hoy, esas líneas de piedra perpendiculares al círculo están totalmente derruidas. Los pasillos que, según los defensores de la tesis arqueoastronómica, formaban los radios tienen una explicación para los miembros de la AAF –interpretación que se puede consultar libremente en las redes de internet-, pero la AAF no deja de ser un colectivo de aficionados. La astronomía científica, por ahora, no ha ratificado esa hipótesis.
Con todo, como sostiene el astrofísico Juan Antonio Belmonte, “no deja de ser espectacular la visión, incluso sobre el terreno que es mucho menos llamativo porque lo que ves son montones de piedras”. Este pionero de la astronomía cultural en España, considera que los Soles de Tejate, sea una elucubración arqueológica o no, “habría que reconstruirlo porque los muros están derruidos; los cascotes que han caído están rellenando los espacios intermedios y es muy difícil reconocerlos”. No le falta razón. La lista de actuaciones pendientes para preservar el legado de la sociedad prehispánica de Canarias es, lamentablemente, sobresaliente.