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La llamada que rompe el aislamiento: voluntarias de Ejea, en Zaragoza, combaten móvil en mano la soledad no deseada

Llamadas contra la soledad no deseada

María Bosque Senero

12 de enero de 2026 23:08 h

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Los aragoneses Amaral cantan en su tema 'El universo sobre mí': “Necesito alguien que comprenda, que estoy sola en medio de un montón de gente”. Esta frase expresa la sensación de soledad que una persona puede llegar a sentir incluso estando rodeada de personas. Una sensación que se agrava cuando la soledad llega en forma de edad avanzada, pérdida de amistades, familiares cercanos y desconexión paulatina con la rutina diaria y el entorno que les rodea. 

La soledad no deseada es un reto creciente en Aragón que afecta sobre todo a las personas mayores de 65 años. Según datos oficiales del Instituto Aragonés de Estadística recogidos en la Estrategia para afrontar la soledad no deseada de las personas mayores en Aragón (2025–2028), la comunidad autónoma cuenta con más de 300.000 personas de 65 años o más, lo que representa alrededor del 22% de la población total de la región. 

El envejecimiento demográfico se traduce en un aumento de hogares unipersonales: casi 80 000 personas mayores de 65 años viven solas en Aragón, una cifra que ha crecido más de un 25% en la última década. Sin embargo, los expertos insisten en que vivir solo no es sinónimo de sentirse solo: la soledad no deseada es un concepto subjetivo que va más allá de la residencia física y se refiere a la percepción de falta de compañía o de apoyo social. 

Así pues, dentro del colectivo de mayores que viven solos, el 46,7 % afirma haberse sentido solo alguna vez, y un 9,4 % declara sentirse solo de manera persistente. Estas cifras muestran que casi uno de cada diez mayores que vive solo siente la soledad como una situación permanente en su día a día. Además, cerca de 8.000 aragoneses mayores de 65 años afirman sentirse siempre solos, un dato que ha puesto el foco en la necesidad de diseñar respuestas efectivas por parte de las instituciones, entidades sociales y comunidades locales. 

Los análisis del Observatorio Aragonés de la Soledad muestran que la soledad no deseada afecta de forma más marcada a ciertos grupos: mujeres, personas viudas, residentes en zonas urbanas y a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad social.

Una red de voluntarios que rompe la soledad con una llamada

Para afrontar esta realidad un grupo de diez voluntarias y un hombre en torno a los 60 años, se han unido para crear una cadena de llamadas telefónicas a personas mayores que viven y se sienten solas en la zona de Ejea de los Caballeros. La experiencia nació tras la pandemia en Alagón, y desde hace tres años también se lleva a cabo de manera estable por otro grupo de voluntarias en Tauste. Las parroquias de estas zonas rurales centralizan la iniciativa que cuenta con el apoyo de Cáritas Diocesana, entidad que aporta formación permanente a las personas voluntarias a través de una profesional que las ayuda “a enfrentarse a las conversaciones que mantienen por teléfono, a acompañar desde la escucha y hacer una lectura positiva de la vida”, explica Arantxa Martínez, trabajadora social de la entidad en Zaragoza. 

El nuevo grupo ejeano ya ha recibido la formación inicial, comenzarán ahora con las llamadas, y completarán la formación con otra fase en las que la profesional les ayudará a enfrentarse a aquellas partes de la conversación que les hayan resultado más difíciles de asumir. Tenemos claro que “este tipo de proyecto pone la mirada en ofrecer escucha y compañía por teléfono desde el voluntariado como parte de la lucha contra el aislamiento de personas mayores o vulnerables, y que en ningún caso suple la atención de profesionales”, apunta Arantxa Martínez.

¿Por qué a través del teléfono? Porque es más accesible para muchas personas mayores cuya movilidad es reducida, tienen miedo a salir de sus casas o el contacto en personas les cuesta más. Recibir una llamada de teléfono es una forma menos invasiva para ellos, y que está demostrado que genera igualmente un fuerte vínculo de cercanía mediante la escucha y la voz del otro. 

Además, el acompañamiento telefónico rompe todas las fronteras permitiendo que esta iniciativa pueda llegar también a los seis pueblos de colonización y dos históricos que dependen del núcleo urbano de Ejea, y en los que la población está cada vez más envejecida. El primer grupo solo tiene unos meses de trayectoria en Ejea, pero cuenta ya con 11 personas voluntarias y el doble de personas que desean recibir una llamada para conversar. El objetivo ahora es que ambas cifras vayan en aumento, y para ello, Arantxa Martínez pide la colaboración de la vecindad: “es importante difundir”, que hablen de esta iniciativa con familiares y amigos para que llegue hasta las personas que quieran recibir una llamada de compañía.

El primer grupo ha surgido entre el círculo más cercano, “voluntarios y miembros de la parroquia pensaron en personas que conocemos en la localidad a las que les podría venir bien recibir una llamada”, explica la trabajadora social. “El primer contacto es siempre con alguien de Cáritas o de la parroquia, si la persona accede a ser llamada por un voluntario, entonces entra a formar parte”, explica la trabajadora social. Se intenta que sea siempre el mismo voluntario el que llame a cada persona, para “crear un vínculo de confianza y hacer que se sientan a gusto en la conversación”.  

El siguiente paso que se plantea es poder llegar a colaborar con los profesionales del centro de salud y con servicios sociales, ya que en ambos casos están en contacto directo con personas que pueden responder al perfil de persona en soledad a la que va dirigida esta iniciativa de carácter humanista y solidario.  

Estrategias y respuestas institucionales

El Gobierno de Aragón presentó en 2025 una Estrategia Integral contra la Soledad No Deseada, con vigencia hasta 2028, que plantea 63 medidas y cinco líneas de actuación centradas en la detección precoz, el acompañamiento social, el fortalecimiento comunitario y la participación ciudadana. Entre las acciones más destacadas se encuentra la implantación de una red de “radares” comunitarios — en farmacias, centros de salud, bibliotecas y otros espacios cotidianos — para identificar a personas en riesgo de aislamiento, así como la puesta en marcha de servicios de apoyo como el Teléfono del Mayor, disponible las 24 horas, y programas de actividades sociales en municipios de toda la región. 

Los expertos recuerdan que la soledad no deseada no afecta solo a quienes viven solos: también puede presentarse en personas que conviven con familia o en entornos comunitarios, pero que sienten desconexión emocional o social.

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