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Análisis

La última guerra de Netanyahu avanza sin críticas en un Israel cada vez más militarizado

Personal de los servicios de emergencia inspecciona los daños en el lugar del impacto de un misil iraní en Tel Aviv, Israel, el 1 de marzo de 2026.

Emma Graham-Harrison / Quique Kierszenbaum

Tel Aviv (Israel) —
2 de marzo de 2026 22:43 h

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Benjamin Netanyahu declaró en junio de 2025 “una victoria histórica” que perduraría “durante generaciones” tras 12 días de guerra contra Irán.

Su decisión de volver a atacar el país cuando aún no ha pasado un año la recibieron los políticos israelíes con apoyo entusiasta, incluso entre sus rivales más enconados, mientras que la población se muestra dispuesta a lidiar cotidianamente con la muerte y la alteración de sus condiciones de vida.

No hay muchos israelíes de elevado perfil público que hayan preguntado por qué el legado de una victoria histórica es otra guerra, ni si el objetivo declarado de cambiar el régimen desde las alturas es verosímil.

El apoyo a la guerra se ha visto reforzado en Israel tras reconocer el Gobierno de Irán que el líder supremo, Ali Jamenei, murió bombardeado, por mucho que se sucedan las muertes y los daños causados por el contraataque iraní.

“Lo único que lamento es que no lo hubiésemos hecho antes, en junio”, asegura Tom Yaakov, trabajador en el sector de la tecnología de 30 años, residente en Tel Aviv. Al tiempo que revisaba los daños que un misil iraní causó en su edificio, decía: “Es como un cuento israelí que podré contar a mis hijos: que el tirano cayó y que bombardearon mi edificio”.

El ataque mató a una cuidadora filipina de 28 años a la que alcanzó la metralla mientras llevaba a su empleadora a un refugio antiaéreo. Horas después, un misil mató a nueve personas tras golpear directamente uno de esos refugios en la localidad de Beit Shemesh.

Los equipos de emergencia trabajan en la zona alcanzada por un misil iraní el 1 de marzo en Beit Shemesh, a las afueras de Jerusalén.

Donald Trump y Netanyahu parecen compartir una visión del mundo en la que las relaciones internacionales, las negociaciones y los tratados con vocación de permanencia desaparecen en aras de la superioridad militar, los asesinatos selectivos y la guerra eterna.

El asesinato de Jamenei fue una muestra espectacular de su fortaleza militar conjunta y la capacidad de sus espías, pero las agencias de espionaje israelíes llevan décadas eliminando enemigos acérrimos, desde comandantes de Hamás en Gaza (generaciones de ellos) al líder de Hizbulá, Hassan Nasrallah. Asesinar a estos líderes no acabó con los grupos que representaban.

Los tratados de paz con Jordania y Egipto lograron, por el contrario, consolidar una estabilidad con países que antes eran considerados como enemigos irreconciliables. Pero esos logros no los celebran los líderes políticos israelíes de hoy, como lamenta Mairav Zonszein, analista sénior del think tank Internacional Crisis Group, con base en EEUU.

Aquellos pactos fueron cruciales para la vida en Israel, como ha quedado de manifiesto con esta guerra. Egipto y Jordania son los dos únicos países que han facilitado una ruta de regreso a los israelíes que habían quedado atrapados en el exterior tras el cierre del espacio aéreo.

Un hombre pasa con una maleta junto a un edificio golpeado por un misil iraní.

Hay multitud de ejemplos en la región de las últimas décadas sobre los que reflexionar con sobriedad respecto a lo que sobreviene después de que un dictador, por muy odiado que sea, desaparece o parte al exilio. Desde la guerra civil en Libia tras la muerte de Muammar Gadafi al colapso violento de Irak y el surgimiento del Estado Islámico cuando la invasión de Estados Unidos depuso a Sadam Hussein, en 2003.

El periodista Orly Noy, que nació en Israel, desdeña las afirmaciones de Trump y Netanyahu según las cuales los ataques tenían por objeto apoyar a los iraníes que pelean para que su país cambie. “Hace falta ser muy inocente para creer que lo que les importa a estos es el bienestar de los ciudadanos iraníes, o el apoyo a la lucha por liberarse de este régimen opresor”, opina.

Pero desde las principales tribunas apenas se cuestiona que el uso del poder militar de Israel sea el mejor medio de garantizar una paz duradera, entiende Zonszein. “Es desconcertante que los israelíes hablen poco de esto. Me parece que, en los últimos 20 años, a los israelíes estas cuestiones profundas les han ido interesando cada vez menos”, plantea.

Es imposible que Israel pueda vivir espada en ristre eternamente, pero pocos judíos en Israel piensan así

Alon Liel Ex director general del ministerio de Exteriores de Israel

El apoyo público al militarismo es resultado del rápido crecimiento económico de Israel y la expansión del sector de la alta tecnología militar en las últimas décadas, estima Alon Liel, exembajador israelí en Sudáfrica y antiguo director general del ministerio de Exteriores.

“Yo digo mucho que es imposible que Israel pueda vivir espada en ristre eternamente, pero pocos judíos en Israel piensan así”, indica. “Hace 40 o 50 años éramos un país muy débil y pequeño de Oriente Próximo. Ahora nos vemos como una superpotencia regional, como mínimo”, añade.

“La gente dice: 'no tenemos ni 80 años [como país] y mira lo fuertes que somos. Fíjate cómo ha sobrevivido la economía durante estos dos años y medio de guerra. Y mira nuestros rascacielos y las armas que vendemos por todo el mundo'”, señala.

Netanyahu ha sido presidente durante buena parte de las últimas tres décadas de expansión económica y explosión de la tecnología militar, así que muchos votantes le reconocen eso, en parte“, juzga Liel.

Esta nueva guerra le da otra oportunidad de apuntalar su legado y su figura política antes de las elecciones, que deben celebrarse antes de octubre. La polémica que rodeó al debate sobre la responsabilidad de los ataques del 7 de octubre de 2023, que se produjeron con Netanyahu al mando, ha quedado relegada automáticamente.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, durante un discurso el 1 de marzo en la azotea del edificio militar de la Kirya en Tel Aviv.

El asesinato de Jamenei, un líder que clamaba por la destrucción de Israel y patrocinó una red de grupos hostiles en la región, permite al candidato hacer campaña como un firme defensor de la seguridad.

“Netanyahu puede sacar partido de dos formas: por el golpe a Irán y por la posibilidad de que esto incline la balanza y le permita ganar las elecciones”, escribió el comentarista Nadav Eyal en el diario Yedioth Ahronoth. “Es probable, por decirlo suavemente, que Netanyahu no distinga entre el aspecto político y el estratégico”, agregó.

Es posible que la solicitud de Donald Trump de que se indulte preventivamente a Netanyahu ante la causa por corrupción que le atenaza desde hace tiempo cobre fuerza si la guerra acaba de una forma que permita a EEUU e Israel cantar victoria.

Algunos analistas se muestran cautos respecto a los supuestos beneficios electorales que pueda cosechar Netanyahu de la guerra. “Pese a todo lo que se ha hablado, [Netanyahu] no subió en las encuestas con la guerra de junio [de 2025]”, indica la analista política Dahlia Scheindlin, que vive en Tel Aviv. “Puede ser que ahora sea distinto, pero hay que analizar las encuestas con mucho cuidado”, añade, pues el año pasado “las encuestas no daban”.

Incluso si Netanyahu pierde el poder este año, es probable que la guerra de agresión en la Palestina ocupada y contra los enemigos regionales continúe, advierte Zonszein, que se muestra pesimista: “Hasta que los israelíes lo noten en el bolsillo, o bien si sigue habiendo matanzas masivas [de israelíes], o salvo que la comunidad internacional se lo impida, esto va a seguir, desgraciadamente”.

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