Arándiga, el pueblo zaragozano de 279 habitantes que apuesta por los cuidados: “Que nadie sienta la necesidad de irse”
“Solo quien sabe cuidar lo ajeno puede poseer lo propio”. Es una frase de George Gurdjieff que habla sobre el respeto, la responsabilidad, los cuidados y la confianza. Arándiga, es un municipio de la provincia de Zaragoza, situado en la comarca de la Comunidad de Calatayud. Ronda los 279 habitantes (según el INE en 2025) y es una localidad que ha sufrido una importante reducción poblacional histórica, pero que está trabajando para lidiar con la despoblación a través de iniciativas de desarrollo rural y cultural.
Arándiga y la frase de George Gurdjieff tienen mucho que ver. En el año 2023 un grupo de arandiguinas y arandiguinos pusieron en marcha el proyecto “Quédate en Arándiga”, con un doble objetivo: no solo que gente nueva decida hacer de esta localidad su hogar, sino que quienes un día se marcharon, mantienen su casa y se han jubilado, fijen en el pueblo su residencia habitual. ¿Personas mayores volviendo al pueblo? Es la pregunta que muchos se han hecho con incredulidad, sobre todo porque los servicios médicos, la oferta cultural y la movilidad sufren en estos momentos precarización en el medio rural aragonés, y en toda España; es un mal común.
Sin embargo, los habitantes de Arándiga creen firmemente que es posible cambiar el foco y lo están consiguiendo porque el proyecto presentado al MITECO, al Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, está entre los diez primeros de España, y cuenta con financiación para poner en marcha en paralelo dos líneas de actuación con un primer propósito: “Que los que ahora viven en el pueblo no sientan la necesidad de irse”, apunta Irene Marco, concejala de esta localidad aragonesa.
Salud y cuidados: aprendiendo a cuidar para cuando seamos mayores
El proyecto titulado 'Laboratorio de regeneración urbana y economía de los cuidados', se conoce popularmente como 'Quédate en Arándiga'. La fórmula para alcanzar los objetivos no es sencilla, implica muchos factores y llevará tiempo, pero sus promotores han comenzado a trabajar ya y lo han hecho primero en los espacios públicos y en los servicios, con el fin de ampliar la oferta asistencial y cultural en el pueblo.
“El proyecto tiene una rama más social y otra más de carácter medioambiental”, explica la concejala de Arándiga, que reconoce que, en las zonas rurales, al final “ambas se retroalimentan”. En esta segunda etapa del proyecto 'Unidad de innovación en economía de los cuidados' apoyado por el MITECO, se centra en programar e impartir formación gratuita orientada a obtener formación sobre salud y cuidados. Está abierta a todo aquel que se quiera acercar hasta Arándiga a recibir la formación, y cuenta con la colaboración de la Cátedra de Despoblación de la Universidad de Zaragoza. Habrá varios cursos y talleres de hasta 40 horas, “no se da título reglado, pero sí un diploma que puede ayudar a personas de la zona a encontrar trabajo como cuidadores, muy necesarios en áreas como está donde viven muchas personas mayores que los necesitan”, apunta la concejal.
El objetivo de esta formación es que el mayor número de personas del pueblo, y de otras zonas rurales, tengan formación suficiente para, llegado el momento, poder asistir a personas mayores de su entorno afectadas por demencia u otras patologías “aprender técnicas para cuidar de sus familiares, autocuidado de los propios cuidadores, y como salida laboral para personas en entornos con tanta necesidad de cuidados”, defiende la concejal.
Recuperar espacios comunes donde todos somos familia
Con la subvención obtenida en 2023, que recientemente ha agotado el plazo de dos años para ser ejecutada, se han llevado a cabo mejoras en diferentes espacios del pueblo, edificios públicos que se han reconvertido en puntos de convivencia y encuentro para niños, jóvenes y personas mayores. Una de las infraestructuras que se ha reabierto es la biblioteca, que llevaba años cerrada: “Se ha rehabilitado y le hemos puesto el nombre de la escritora aragonesa Ana Alcolea, que no se perdió el acto de presentación”, explica la concejala. Este encuentro con la escritora desencadenó la organización de las Jornadas Literarias que este año celebrarán ya su tercera edición.
La biblioteca se ha convertido en espacio de encuentro para los vecinos que participan en el Club de Lectura, muy arraigado en el pueblo, y también para hacer actividades con el alumnado del colegio, y clases gratuitas de español para la vecindad migrante de Arándiga, gracias a la buena voluntad de una profesora jubilada del pueblo. En verano, son varios los vecinos que hacen uso de ella como espacio coworking, lo que les permite pasar temporadas largas conciliando familia, amigos, trabajo y tiempo libre en su pueblo.
También se le ha dado una nueva vida al club, rehabilitando el espacio, mejorando su accesibilidad y contratando a una persona que se encarga de abrirlo por las tardes y de dinamizar su actividad: desde artesanía, hasta ejercicios de memoria para mayores, y un día a la semana, juegos para los más pequeños en invierno. Este espacio es ahora como “el salón de casa” para las mujeres más mayores del pueblo, que no están acostumbradas a salir al bar, y que han encontrado en el club social un lugar donde reunirse todas las tardes para hablar o jugar a las cartas, acompañadas por su monitora que les proporciona actividades variadas.
“La soledad no deseada está muy presente en los pueblos, donde hay muchas mujeres que viven solas y que sus hijos las visitan en fin de semana, pero entre semana sienten esa soledad, sobre todo en las tardes de invierno que se hacen muy largas”, confiesa Irene Marco, “ahora se reúnen todas en el Club, también las más jóvenes y si alguna falta, nos acercamos a ver qué pasa”, añade. Una forma de cuidar los unos de los otros.
El tercer espacio en el que se ha actuado ha sido el campo ubicado detrás del antiguo lavadero municipal del pueblo. Una zona poco accesible, pero “con muchas posibilidades” que ahora se ha reconvertido en Aula de la Naturaleza. Se ha construido un parque con distintas especies de árboles con su QR con su explicación botánica que se completan con paneles con información sobre la fauna y la flora de la zona. También se ha mejorado el camino que da acceso al río, ahora es un recorrido que se puede hacer caminando dando la vuelta al pueblo, una zona verde que “saca a los paseantes de la carretera, por donde teníamos que ir antes literalmente”, apunta Irene Marco. Un merendero completa este nuevo espacio natural municipal.
El pueblo se mueve y se involucra mirando al futuro
La vecindad del pueblo se ha ido involucrando más con el paso del tiempo. “Al principio todo cuesta”, pero conforme se van viendo resultados, “la gente se anima más a participar”. Los espacios comunes son solo el primer paso hacia una vida en comunidad mucho más compartida, “las relaciones en los pueblos son estrechas, pero compartir espacio y tiempo, las estrecha todavía más”. Y eso es lo que pretenden desde “Quédate en Arándiga”, que la gente no tenga ni sienta la necesidad de marcharse, ir cubriendo los servicios, sobre todo de cuidados, de cara a futuro con personas formadas para ello en el entorno, y lo más importante “que exista esa confianza que se necesita para pedirnos ayuda los unos a los otros”, independientemente de la edad.
En la nueva etapa que se abre en este proyecto, otra de las novedades, vinculadas a las de la primera fase, es la ampliación de horas de contrato de la monitora, que no solo podrá hacer más actividades para todos los vecinos, sino que se encargará de la gestión de otro de los espacios más queridos del pueblo, la biblioteca pública. Otro de sus cometidos es buscar financiación y subvenciones, vitales para sacar adelante proyectos en zonas sin recursos debido a la baja densidad de población. “Para un pueblo tan pequeño, tener una persona trabajando en estos servicios sería imposible sin la aportación que recibimos gracias a este proyecto”, confiesa Irene Marco, que recuerda que los pequeños pueblos y sus habitantes, también necesitan la implicación de todas las instituciones para seguir en pie, vertebrando y cuidando de las zonas rurales.
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