¿Salgo bien en el vídeo?
Entenderse no está de moda en política. La gresca ha conquistado por completo los espacios ideados para el debate constructivo, como el Parlamento. Y se ha extendido a la sociedad que lo escenifica, sobre todo en las redes sociales. De momento en el cara a cara la gente se reprime y no vomita odio sobre cualquier acción o reacción del otro. A ver cuánto nos dura.
Mantener la bulla constante no es sencillo, hay que ir alimentándola, hay que forzar el desencuentro, extremar posturas, repartirse a la ciudadanía: para mí los taurinos, para ti los ecologistas, para mí los cazadores, para ti los culturetas, para mí Venezuela, para ti Palestina, y así con todo lo que agrupe a un colectivo lo suficientemente considerable para suponer un foco de votos importante al que seducir.
Así las campañas se simplifican –lo hemos visto en la de Aragón– y también las políticas del día a día. El interés común pierde preponderancia en favor del interés partidista. Y renta. La ciudadanía puede decantar su voto antes hacia el que agita la bandera de una de sus aficiones o al que más nombra más a su colectivo que a quien en realidad defiende mejor el mundo en el que quiere vivir. Si esto tiene remedio o no es difícil de saber, pero no lleva buen camino.
Los partidos que han sabido leer esto han obtenido los mejores resultados en las elecciones. Decir representar al campo aragonés mientras se defiende lo que este más se ha temido históricamente –un trasvase del Ebro– es incoherente, sí, ¿pero sale rentable? También. Visto esto, barra libre, la gente no lee el subtítulo, ya no digamos la letra pequeña.
Estos días el Ayuntamiento de Zaragoza ha anunciado la creación de un museo de la Semana Santa. Es una promesa electoral ya del anterior alcalde y una reivindicación de las cofradías desde hace años. Hasta ahí el titular. El subtítulo nos dice que se pretende instalar en el centro público de educación para personas adultas Concepción Arenal. La letra pequeña explica que hace menos de dos años el Consistorio ordenó desalojar el edificio y trasladar la actividad del centro por la necesidad de acometer obras de acondicionamiento de forma inminente al detectarse problemas estructurales en el edificio.
La maniobra es un tanto burda, se vacía un edificio en uso expulsando a quienes lo utilizan, se deja reposar el malestar y se hace un gran anuncio para ocuparlo con otra actividad. Después se activa la maquinaria de la dicotomía, la pirotecnia del reel, ¡et violà! El edificio tiene usos educativos desde el siglo XIX, cuando el alcalde Cantín y Gamboa, fundador además de La Caridad, mandó reconvertir los antiguos graneros municipales. “La educación es la mejor manera de superar la pobreza”, defendía el edil, que tiene una calle a apenas unos metros de allí. ¿Qué frase de quienes nos dirigen les sobrevivirá más de un siglo? Tal vez un: ¿salgo bien en el vídeo?
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