OBITUARIO
Maestro de músicos, parrandero y guardián de La Rama: Agaete siente la pérdida de Felo el de Yuta
OBITUARIO
En la tarde de este jueves ha fallecido a los 89 años Rafael García García, conocido por todos en Agaete como Felo el de Yuta. Deja un recuerdo hermoso entre quienes le conocieron y su contribución a la historia de la música en el municipio es inconmesurable.
Fue maestro de grandes músicos, parrandero en con su grupo Los Muchachos o en grupos folklóricos, como la Agrupación Aguadulce y miembro de la Banda Guayedra.
Esta redacción tuvo el privilegio de acompañarle en su última fiesta de La Rama, en el sitio donde se ponía siempre Felo junto a su esposa, Mari, para ver bajar la fiesta como tantos años antes con la misma devoción. En aquel entonces, Felo ya no hablaba mucho, y aunque algunas facultades le habían dado la espalda, La Rama parecía ser su punto de gravedad permanente.
Aquel día, los músicos de la banda se desembarazaron del cordón de seguridad para saludarle y mostrarle sus respetos, más que a un alcalde, más que a un ministro, porque Felo les enseñó a todos, a varias generaciones, el arte de la música.
Cuando preguntamos a María por su marido aseguró que siempre fue “un juerguista de mucho cuidado”. Era Felo uno de los tres traviesos parranderos que cambiaron la historia de la Diana, impidiendo el paso de la banda para que la fiesta de La Rama no acabara nunca y fuera lo que es hoy. Más que un evento, un parón en el tiempo. Y todo nos lo contó su mujer, María Álvarez García: “Desde los 14 años yo me enamoré de él y vivía en la casa de enfrente”, explicó a Canarias Ahora. “Gracias a él hay muchas tradiciones en Agaete, como cantarle a la Virgen [de Las Nieves] cuando termina La Rama una canción que se llama- todos los años- Te quiero más que nunca.
Su capilla ardiente está instalada en el tanatorio de Agaete. Su sepelio tendrá lugar este viernes, a las cuatro de la tarde, desde el tanatorio a la iglesia de La Concepción donde se dirá la misa funeral, y después será trasladado al cementerio donde hasta el sepulturero, Manuel Andrés Ojeda, llorará su muerte y le ayudará en el tránsito para que llegue a tiempo a ese lugar de parrandas donde van las personas que nunca mueren del todo.