Mujeres cristianas tras la visita de León XIV a Canarias: “Que la Iglesia acoja a todas, a todos y todes”
Durante los días que el papa León XIV ha estado en España, se han reabierto muchos debates (y heridas) relacionados con la institución católica y su historia. Sin ir más lejor, el pasado lunes, en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, el Pontífice se opuso en su discurso al aborto o la eutanasia, atacando con sus postulados la línea de flotación de muchas leyes aprobadas democráticamente en el seno de esa misma cámara.
También se ha reabierto el debate público y mediático sobre el modo en que la institución da preponderancia al papel del hombre en los oficios y liturgias, relegando a las mujeres a las tareas de servicio más sumisas y silenciosas. En contrapartida, hay mujeres con fe que no se resignan a ese papel y que ven en la Iglesia un espacio de encuentro y desde el que se puede transformar el mundo.
“Me preocupa el día después”
“Me preocupa el día después”, comenta a este periódico Nieves Ramos, periodista y coordinadora del espacio sostenible de la Asociación incluye. “Cómo toda esa clase política que ha estado ahí, como todas estas personas que han gritado te queremos un montón, cómo todo eso se va a traducir mañana, en una mejor acogida de las personas migrantes, en una convivencia más fraterna, en agilizar todos los trámites de la regularización o en que las ofertas de empleo para las personas sean justas”, apunta Ramos.
A la periodista le hubiera gustado que, en Gran Canaria, Prevost visitara el centro Canarias 50, de personas migrantes solicitantes de asilo. “Precisamente para estar cerca y presente en la vida de las personas migrantes, como hemos visto este viernes en Las Raíces”.
“La mayor inmobiliaria del país”
Para Koldobi Velasco, trabajadora social y activista por la paz, esta visita es la ocasión para pedir al Pontífice que “renuncie a los acuerdos Iglesia-Estado de carácter preconciliar, que siguen vigentes pese a ese difícil encaje con la Constitución Española y la aconfesionalidad del Estado”. La activista, que también opina que sería un gran gesto por parte de León XIV renunciar a ser jefe de Estado, considera que urge que se acabe con el escándalo de que “cerca de 100.000 propiedades en posesión de la Iglesia hayan sido inmatriculadas, convirtiéndose de esta forma en la mayor inmobiliaria del país”.
La desigualdad y los márgenes
Ambas coinciden en la necesidad de aprovechar que el mundo está mirando para poner el foco en aquellos elementos invisibilizados y despreciados de la sociedad. “Una oportunidad también para repensar nuestro modelo sistémico, que sigue excluyendo: un sistema militarizado, ecocida y de necrofronteras, y que genere procesos de transformación y de conversión hacia una mirada realmente de justicia y de paz”, sostiene Velasco. En este sentido, urge a una “redistribución de la riqueza” contra la acumulación por desposición como por represión y considera que, a este respecto, “no se ha hecho denuncia profética”.
Ramos, por su parte, se refiere a todo el trabajo que queda por hacer en la Iglesia para que la mujer ocupe en la institución un pael activo y real. “Creo que se nota todavía que las mujeres ocupamos lugares no preferentes”.
En este sentido, la pacifista añade que se escuche la voz de esas comunidades de base cristiana que demandan “una iglesia comprometida con la transformación, con la lucha por la justicia, la paz, y con una mirada realmente colectiva, comunitaria, donde las personas seamos entendidas como regalo de dignidad de todas y no con jerarquías, privilegios o riqueza acumulada”. Recalca que “no se entiende que en el siglo XXI la Iglesia Católica siga cerrando la puerta a la plena igualdad de las mujeres en todos los aspectos de la vida eclesial”.
Velasco demanda tambiénse afronten los casos de pederastia, abusos sexuales y abusos de poder “que tanto daño han hecho y siguen haciendo a tantas personas al interno de la Iglesia”.
Y, en definitiva, “que la Iglesia acoja a todas, a todos y todes y que se acabe con la barrera de exclusión a las personas que tenemos identidades disidentes LGTBIQ+”, señala.