Visita del Papa a Canarias
“Me tocó pasar frío y miedo en la calle”: el Papa es testigo del dolor de los migrantes en Arguineguín
“Me tocó pasar frío y miedo en la calle”. Fue uno de los testimonios de una de las mujeres migrantes que intervino este jueves ante el papa León XIV para contar su experiencia. La suya es una historia de lucha como la de Blessing, víctima de trata y explotación sexual y cuyo testimonio fue leído por una voluntaria y conmocionó al Papa. León XIV, siguiendo el propósito del papa Francisco, ha visitado Canarias este jueves y ha recalado en Arguineguín, ese muelle donde estuvieron hacinadas hasta 1.600 personas en el año 2020. Seis años más tarde, bajo un sol abrasador casi 2.000 personas esperaban en esta jornada al Pontífice con entusiasmo, un calor que era lo más comentado en el puerto recordando lo que vivieron las personas que atraviesan la ruta migratoria más letal del planeta. “¿Y cómo aguantaron tantas personas durante aquella época en la aquí se montó un campamento?”, se preguntaban periodistas y vecinos allí reunidos.
Ousseynou Fall es senegalés, pero partió de Mauritania hace seis años rumbo a Canarias en busca de un “sueño”. Fue una de esas personas que durmió a ras de suelo en el muelle, pero cree que esta situación se dio porque había “muchas personas”. Seis años después ha logrado quedarse en Canarias, donde trabaja en cocina y “esperanza” es la palabra con la que espera al Papa además de “felicidad”. De hecho, “esperanza” es la palabra con la que se ha resignificado a este muelle, antes denominado de “la vergüenza”. Y así es como lo recordaba también Juana Isabel una vecina del pueblo de Mogán que asegura que vivía con angustia que a pocos metros de su casa las personas migrantes vivieran hacinadas.
Esta vecina, al igual que tantas otras personas que aguardaban en el muelle, esperaban un discurso del Papa abogando por los Derechos Humanos de las personas migrantes y eso fue lo que escucharon. A un Papa conmocionado cuando escuchó la historia de Blessing a quien dijo que su nombre significa “bendición” y que “si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable”.
El Papa se dirigió directamente a las personas migrantes, las personas por las que emprendió este viaje. “Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar”, les dijo. Pero también llamó la atención a Europa, “que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante”.
Y dijo que “también la Iglesia debe dejarse interpelar. La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios”. Pues “nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego ”pasar de largo“ ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso”, dijo.
Otro de los testimonios impactantes fue el del capitán de Salvamento Marítimo Tito Villarmea, que dijo que las noches en Canarias son muy duras, pues hay personas que esperan sus embarcaciones naranjas y explicó que junto a sus compañeros de equipo ha rescatado a más de 20.000 personas; “una cifra que duele”. Y contó la historia de una madre que viajaba en una patera con su hijo, “había heridos, cuerpos sin vida, ya a salvo y a bordo la mujer se acercó el niño, de unos catorce años, y le quitó el gorro y la cazadora y le sacó unos pendientes dorados y se los colocó emocionada. Lloró ella y lloré yo porque soy padre de dos adolescentes. En cada rescate vemos una vida que depende directamente de nosotros”, apuntó.
También pusieron luz a esa realidad migratoria María Reyes Alemán, que dijo en estos años han aprendido que no se trata de resolverlo todo, sino de estar presentes. “Escuchar, ofrecer gestos de cercanía —unas zapatillas, un abrigo, un café— o ayudar a conseguir la documentación necesaria era ya un modo de acompañar”.
María Fernanda López Mesa tiene 55 años, procede de Colombia y cuando mira hacia atrás ve un camino “de dificultades aprendizajes y oportunidades”. “Llegué con una maleta cargada de sueños pero también con el peso de haber dejado atrás mi familia, amigos y país”. Según explicó, trabajó en un bazar, un restaurante y en una empresa de reformas. Hace cuatro años decidió montar su propia empresa.
Entre los momentos más emotivos, destacó la ofrenda floral al mar, tras la que el Papa bendijo a dos jóvenes. Una ofrenda que se produce después de que Caminando Fronteras anunciara este miércoles el dato de que solo en lo que va de año en Canarias han fallecido más de 600 personas tratando de llegar a Canarias.
El acto fue especialmente emotivo para las personas que hasta allí se desplazaron y desde horas antes de que empezara el acto explicaban que su deseo era que el Papa hablara de las personas migrantes, se interesara por su situación y que visibilizara la lucha de estas personas. Tres mujeres que han sido víctimas de trata y que son usuarias del Centro Lugo de Cáritas explicaron a este periódico que vivían este día con felicidad. Dos de ellas insistieron además en que se sentían “privilegiadas” por estar cerca del Pontífice.
Ambas relatan historias muy duras en sus vidas. Tuvieron que dejar sus países. Una de ellas ni siquiera pudo ir al entierro de su marido y la otra no pudo traerse a su “muchacho”, a su hijo. Cuenta que cuando su hijo la llamaba y le preguntaba si estaba bien en Canarias, ella decía que “sí” aunque a veces no tuviera ni para ni comer. “La vida del migrante es muy dura”, explican las dos, que han relatado además que sufrieron algún tipo de acoso o abuso por parte de sus jefes o jefas en los domicilios donde trabajaban como empleadas de hogar y no denunciaron por miedo a ser deportadas. Por ello, esperaban con “esperanza” que el Papa les diera un mensaje alentador.
Los testimonios transcurrían entre aplausos y cánticos hacia León XIV en un acto en el que los políticos no tuvieron protagonismo. El Papa se acercó a saludarlos al final del acto.
El Pontífice además bendijo una cruz de cayuco que está elaborada con madera de embarcaciones que han naufragado así como la imagen de la Virgen del Carmen.
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