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Ajuste de coordenadas

José Miguel González Hernández

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No estamos diciendo si ha sido buena o mala, pero es cierto que la globalización ha traído consigo la internacionalización de los mercados, la deslocalización de empresas, el intercambio de bienes y servicios, la aparición de países emergentes y la competencia entre estos y los de occidente. Todo esto tiene consecuencias en diferentes ámbitos como el medio ambiente, la economía, el desarrollo tecnológico y el empleo. En este sentido, la actividad comercial ha estado, a lo largo de los siglos, vinculada a la actividad humana, en virtud de la necesidad de obtención de satisfacciones.

Pero los patrones del comercio internacional han cambiado mucho. El papel de las nuevas tecnologías y la disminución de los costes de transportes hacen que se genere lo que se denomina centralización de la producción e incremento de las redes de abastecimiento. Es decir, en lugar de existir fábricas cercanas a los mercados de consumo, se concentran en lugares determinados del mundo, normalmente donde la mano de obra es más barata, y luego se distribuyen al resto del mundo, obedeciendo a una apreciación cada vez más generalizada del papel crucial del comercio exterior en el crecimiento económico.

Las principales características de la globalización son la interdependencia entre las economías nacionales, las industrias, las empresas y los bloques regionales, el incremento en el comercio internacional y la gradual eliminación de barreras comerciales, lo que permite la vinculación más estrecha y cercana entre países, las industrias y las empresas, haciendo con ello del mundo un mercado global, junto a la incorporación de nuevas tecnologías.

De esta forma, asistimos a un proceso histórico que nace desde que se manifiesta la interrelación de sujetos de un territorio a otro en los ámbitos cultural, político, social, económico, comercial e incluso jurídico. El riesgo que se corre es que se produce un fenómeno de homogeneización, en principio económica, que se encamina a borrar las fronteras del mundo para formar una comunidad mundial, facilitada por el desarrollo electrónico de las comunicaciones y la información.

No obstante, permite a las regiones aprovechar economías de escala minorando tanto los costes fijos como marginales. De igual modo, fomenta la competencia dado que se tendrán más incentivos para innovar, no ocurriendo lo que sucedería en una economía cerrada, donde las empresas locales tendrán menos innovación debido a la inexistente competencia, haciendo que la clientela tenga acceso a productos de inferior calidad.

Bajo todos estos procedimientos, se acelera la competencia. Ahora bien, la libertad absoluta en los mercados no existe. Y no existe porque los mercados tienen normas de comportamiento y dichas normas se muestran como restricciones. Por ejemplo, si hablamos del mundo del trabajo, hay una legislación laboral básica donde se establece el cumplimiento de unos mínimos según derechos y obligaciones.

Por ello, hay empresas que deciden trasladar la producción a otros lugares del mundo donde dichos derechos son más frágiles y cuestionables perdiendo cohesión económica y social. De esta forma, creo que competir en precios no hace sino devaluar a tu propia sociedad, mientras que hacerlo en excelencia te reposiciona día a día en el mercado. Ahí lo dejo.

*Economista

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