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Franco y otras herencias recibidas

El presidente Clavijo achaca a la gestión de gobiernos de Coalición Canaria, que sufrieron los recortes de la crisis económica, que el suyo haya sido incapaz de revertir la situación

El jefe del Gobierno canario reprocha a Pedro Sánchez que no haya derogado la reforma laboral del PP, ante la que CC se abstuvo, y que llevaba el socialista en su moción de censura, ante la que se abstuvo también

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, durante su replica a la portavoz del grupo Socialista, Dolores Corujo. EFE/ Cristóbal García

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, durante su replica a la portavoz del grupo Socialista, Dolores Corujo. EFE/ Cristóbal García

Fernando Clavijo es una adánico, lo cual nada tiene que ver con los que en su día fueron seguidores del fallecido Adán Martín, sino todo lo contrario. Los adánicos no pueden ser adanistas porque creen que cuando ellos llegan al machito se resetea todo y se empieza a contar de cero. Víctima de ese complejo adánico, Clavijo sufrió este martes en el Debate del Estado de la Nacionalidad (y olé) un aparatoso cortocircuito político y cerebral que le condujo a mezclar churras con merinas y a situarse en un territorio ideológico de difícil catalogación.

Cree el señor alcalde-presidente de esta asirocada nacionalidad ultraperiférica (a ver, si no, de dónde nos van a venir tantos sofocones) que todos los que le antecedieron fueron unos maletas incapaces de hacer la o con un canuto de caña. El fracaso de su Gobierno en políticas ambientales y en la lucha contra el cambio climático es culpa de que el anterior consejero (el que se marchó hace cuatro años) era del PSOE; si la Educación no levanta cabeza es porque el último consejero anterior a su Soledad Monzón fue José Miguel Pérez, a la sazón secretario general del PSOE; si no se resuelven los graves problemas que colocan a Canarias a la cola de los indicadores más destacados del estado del bienestar es porque estos últimos ocho meses de Gobierno socialista ha dinamitado todos los puentes de colaboración que él había levantado con el presidente Rajoy, que fue quien ejecutó los duros recortes en Sanidad, en Educación, en asistencia social y en inversiones públicas. ¡Y el que se cargó la asignatura de Educación para la Ciudadanía!, tan necesaria en los momentos convulsos que vive este país gracias a los crispadores profesionales que dan mítines todos los días.

Se olvidó Clavijo en su atolondrada retahíla de reproches a la portavoz socialista, Dolores Corujo, que todos esos gobiernos que le antecedieron, todos, fueron presididos por compañeros suyos de Coalición Canaria, y que precisamente el último, el que tenía a José Miguel Pérez como vicepresidente, logró hacer milagros con los brutales recortes que se decretaron desde La Moncloa cuando la habitaba el Partido Popular, es decir, su actual socio en el Gobierno de Canarias. Pérez invirtió la tendencia que heredó de su antecesora en el cargo y hasta logró reducir el abandono escolar temprano, una de las lacras del sistema que ahora ha vuelto a dispararse.

Resulta suicida comparar la gestión del último Gobierno de Paulino Rivero con el que ahora preside Fernando Clavijo, que con 1.000 millones más al año de presupuesto todavía se tiene que refugiar en la herencia recibida para justificar lo injustificable.

Su desafortunada referencia a la exhumación de los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos, puesta frente a la derogación de la reforma laboral del Partido Popular, le va a perseguir implacablemente en estas dos inminentes campañas electorales. Su falta de respeto a las miles de familias canarias represaliadas por el franquismo es la confirmación de la pérdida de sensibilidad que suele asaltar a los dirigentes públicos cuando creen haber alcanzado el clímax del poder. Y tratar de arreglarlo diciendo que su Gobierno le ha dado la Medalla de Oro de Canarias a la Asociación para la Memoria Histórica fue el remate al despropósito anterior porque evidenció de qué manera los gestos vacuos han marcado el rumbo de este Ejecutivo que ahora agoniza.

La reforma laboral por cuya derogación ahora viene clamando Coalición Canaria recibió el voto abstencionista de ese partido cuando Rajoy la llevó a las Cortes Generales, y el intento de Pedro Sánchez de ejecutarla no contó tampoco con el respaldo de los nacionalistas canarios, que también optaron por situarse en la abstención cuando el socialista planteó la moción de censura de junio pasado y en la enmienda a la totalidad de los presupuestos derrotados en la primera vuelta.

Fernando Clavijo dice que es nacionalista, y en alguna ocasión se confesó públicamente independentista modelo portorriqueño: Canarias como estado libre asociado, y dos piedras. Sus cortocircuitos. Este martes volvió dar sobradas muestras de que el nacionalismo que luce él y gran parte de su partido es de pura pantomima, la excusa para la confrontación con Madrid, la varita mágica que toca la fibra sensible de un pueblo alejado y tantas veces olvidado. Porque a ningún nacionalista de cuantos pueblan el territorio español se le ha ocurrido hasta ahora atacar el movimiento secesionista catalán insuflado de tanta españolidad como la que blandió el presidente canario en el debate de este martes.

Esto se acaba.

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