Las familias Porsche y Piëch apoyan el gran recorte laboral de Volkswagen y piden “decisiones rápidas y firmes”
Las familias Porsche y Piëch han endurecido y aclarado su posición sobre el futuro de Volkswagen. A través de Porsche Automobil Holding SE (Porsche SE), el principal accionista del fabricante alemán, han reclamado a la dirección del grupo que acelere la reestructuración y han expresado un respaldo explícito al plan del consejero delegado, Oliver Blume, que contempla un recorte de hasta 100.000 empleos y el posible cierre de cuatro fábricas en Alemania, una estrategia que ha provocado el rechazo frontal del sindicato IG Metall y del Gobierno regional de Baja Sajonia, que bloquearon las medidas más traumáticas en el último consejo de administración.
El pronunciamiento llega en un momento decisivo para Volkswagen, inmerso en una de las mayores transformaciones de su historia para hacer frente a la presión de los fabricantes chinos, el aumento de los costes, los aranceles internacionales y el elevado esfuerzo inversor que exige la electrificación. “El Grupo Volkswagen se encuentra en una encrucijada histórica. Las decisiones que tome ahora determinarán su futuro”, afirmó el presidente del consejo de administración de Porsche SE, Hans Dieter Pötsch, al presentar los resultados semestrales de la sociedad de inversión que controla el 31,9% de los derechos económicos de Volkswagen y mantiene una posición de control sobre las acciones con derecho a voto.
“Por el bien de la empresa y de su competitividad sostenible, todos deben asumir su responsabilidad. Cuanto más se retrasen las decisiones, mayores serán los problemas”, advirtió Pötsch, en el mensaje más contundente lanzado hasta ahora por las familias propietarias del grupo y dirigido claramente a IG Metall y Baja Sajonia.
Apoyo total a Oliver Blume
El respaldo de Porsche SE supone un espaldarazo a Oliver Blume después de que su plan de reestructuración encontrara una fuerte resistencia en el consejo de administración de Volkswagen. La última reunión del órgano terminó sin el apoyo del bloque sindical, que ostenta el 50% de representantes por la ley de la cogestión alemana, ni del Land de Baja Sajonia. La dirección de Volkswagen pretende reducir significativamente su estructura industrial, simplificar la organización, eliminar duplicidades entre marcas y adaptar la capacidad productiva del grupo a una demanda inferior a la existente antes de la pandemia.
El miembro del consejo de administración de Porsche SE responsable de Finanzas y Tecnologías de la Información, Johannes Lattwein, defendió sin ambages esa estrategia. “Es imprescindible reducir el exceso de capacidad, disminuir significativamente los costes y fortalecer la capacidad de decisión y ejecución del Grupo. Como principal accionista de Volkswagen apoyamos al consejo de administración y sus propuestas. La competitividad es el objetivo. Deben considerarse todas las opciones para alcanzarla”, aseguró.
Un respaldo que contrasta con la posición de IG Metall y del comité de empresa, que consideran inaceptable un ajuste de semejante magnitud y reclaman alternativas basadas en nuevos productos y una mayor cooperación entre las distintas marcas del grupo. Oliver Blume y otros directivos del grupo tendrán que dar la cara en varias asambleas de trabajadores previstas a partir de final de agosto tras el retorno de las vacaciones.
Aunque Volkswagen no ha confirmado oficialmente las cifras, distintas informaciones apuntan a un ajuste que podría afectar a unos 100.000 trabajadores en todo el mundo y al cierre de cuatro plantas alemanas, entre ellas las de Hannover, Emden, Zwickau y la factoría de Audi en Neckarsulm. La compañía también estudia reducir alrededor de un 50% su gama de modelos, simplificar hasta un 75% las variantes de equipamiento y reorganizar sus plataformas tecnológicas para eliminar costes y acelerar el desarrollo de nuevos vehículos.
El objetivo es dimensionar la capacidad industrial para fabricar alrededor de nueve millones de vehículos al año, frente a los cerca de doce millones que el grupo podía producir antes de la pandemia. La estrategia pretende mejorar la rentabilidad en un contexto especialmente complicado para la industria europea, marcado por la competencia de los fabricantes chinos, la ralentización de la demanda y la presión regulatoria.
Porsche SE entra en pérdidas
El llamamiento de las familias Porsche y Piëch coincide con unos resultados semestrales marcados por fuertes deterioros contables en sus principales participaciones. Porsche SE registró unas pérdidas netas de 2.218 millones de euros entre enero y junio, frente al beneficio de 338 millones obtenido un año antes, después de contabilizar deterioros por valor de 3.000 millones sobre su participación en Volkswagen y otros 200 millones sobre Porsche AG.
“Porsche SE insta a sus principales participadas a implementar rigurosamente soluciones integrales para mejorar su competitividad. Como accionista principal, Porsche SE apoya activamente este proceso y tiene expectativas claras en cuanto a rentabilidad, eficiencia del capital y estructura de costos”, dejó claro la sociedad, acosada por el deterioro de los resultados y por el retroceso de Volkswagen en la bolsa de casi el 30% desde enero.
No obstante, descontando los ajustes extraordinarios, el beneficio ajustado del grupo Porsche SE alcanzó los 949 millones de euros, un 14,5% menos que en el mismo periodo de 2025. La sociedad destacó además la evolución positiva de su cartera de inversiones tecnológicas, impulsada por compañías como Quantum Systems, Quantum Motion y Waabi, cuyo valor supera ya los 630 millones de euros. También redujo ligeramente su deuda neta, hasta 4.982 millones de euros, gracias principalmente a los dividendos recibidos de Volkswagen y Porsche AG.
Pese al complejo entorno del mercado, Porsche SE mantiene sus previsiones para 2026 y espera cerrar el ejercicio con un beneficio ajustado de entre 1.500 y 3.500 millones de euros y una deuda neta situada entre 4.700 y 5.200 millones.
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