El día que fuimos paleontólogos: expedición en familia a El Barranco Perdido

Barranco Perdido en familia

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Poner un pie en Enciso es entender de un vistazo por qué la UNESCO declaró este territorio Reserva de la Biosfera. Aquí las montañas custodian más de 3.000 huellas fosilizadas y la historia se respira a cielo abierto. Sin embargo, en El Barranco Perdido el pasado no se contempla en silencio ni detrás de una vitrina: la propuesta pasa por calzarse las botas, coger la brocha y convertirse en paleontólogo por un día. Viajar 120 millones de años atrás en el tiempo no requiere máquinas complejas, solo un par de utensilios, ganas de explorar y la curiosidad de pisar el mismo suelo que habitó un carnívoro gigante.

Iniciamos la jornada en la Colina de los Fósiles, el área de trabajo donde arranca el reto paleontológico. Equipados con herramientas de campo y guiados por los monitores del parque, nos disponemos a excavar sobre el terreno. La experiencia atrapa desde el primer minuto: la búsqueda exige paciencia, pero la satisfacción es inmediata cuando, tras retirar con cuidado las capas de tierra, emerge el contorno de una huella o un resto vegetal.

Con los datos y las fotografías tomadas sobre la roca, trasladamos el hallazgo al Laboratorio del Tiempo. A través de escáneres e impresoras interactivas, la actividad científica se transforma en un juego de deducción en equipo para identificar qué especie habitó este paisaje hace 120 millones de años.

“Ponernos el chaleco, coger la brocha y ponernos a excavar en la Colina de los Fósiles ha sido algo mágico para los niños”, comenta Marcos, que ha viajado con su familia, con dos hijos de 7 y 10 años, desde Zaragoza. “Lo que más nos ha gustado como padres es que no es el típico parque donde solo vas a mirar; aquí los niños aprenden casi sin darse cuenta, se lanzan por la tirolina y terminan dándose un baño. Es el plan perfecto porque combina ciencia y diversión”, añade la madre.

Barranco Perdido

Adrenalina en la montaña y el refugio de la Playa Cretácica

Completada la misión científica, el ritmo del día cambia por completo en la Colina Encantada. Cambiamos las lupas por los arneses para adentrarnos en el circuito multiaventura. Puentes tibetanos, redes y pasarelas de equilibrio ponen a prueba la destreza de pequeños y mayores, culminando en el plato fuerte: una tirolina gigante que cruza el parque desde las alturas ofreciendo unas vistas panorámicas espectaculares del valle.

El broche de oro a una jornada intensa bajo el sol riojano llega en la Playa Cretácica. En apenas unos minutos cambiamos el calzado de montaña por el bañador para disfrutar de un espacio de agua totalmente tematizado. Toboganes, géiseres, cascadas y una singular piscina submarina —diseñada para buscar pistas sumergidas— convierten el cierre del día en una fiesta de agua y descanso.

Completar la jornada es tan sencillo como acercarse al cercano Yacimiento de Valdecevillo o visitar el museo local para contemplar rastros de grandes carnívoros a tamaño real. Nos marchamos de Enciso con la certeza de que no hay mejor forma de divulgar la historia que transformándola en una experiencia viva para compartir en familia.

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