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La CIA y Europa

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El Parlamento Europeo votó a favor del informe y las conclusiones (más bien suavizadas) de la investigación conducida durante un año por el eurodiputado italiano Giovanni Claudio Fava sobre los 1.245 vuelos ilegales de la CIA en Europa. Se reconocieron tales vuelos de la tortura y la actitud de “mirar a otro lado” de gobiernos europeos, incluidos los de Aznar y Zapatero. Hay decenas de casos probados sobre entregas clandestinas de personas a sus verdugos de la CIA que apenas representan, según el eurodiputado socialista Fava, “la punta del iceberg” de este siniestro y sistemático ataque contra la dignidad de las personas. Que supone, además, una burla al derecho internacional, un profundo desprecio por la opinión pública y una colaboración clandestina con los protagonistas de guerras de agresión. Estas prácticas fueron condenadas ayer en el Parlamento Europeo por 382 votos a favor, 256 en contra y 74 abstenciones, y eso esta bien. Ya era hora. El debate en el Parlamento Europeo registró una fractura en las filas populares. Unos votaron en contra incluso del texto suavizado y otros se abstuvieron. Para los primeros conviene preservar las relaciones con Estados Unidos a cualquier coste. Para los segundos, debe tenerse en cuenta ese voto europeo de centro que concede importancia a la vigencia de los derechos humanos. Una de las enmiendas que defendió el popular Jas Gawronski “reconoce el derecho de la CIA a volar a donde y cuando lo considere necesario, a aterrizar en aeropuertos utilizando sus propias aeronaves o las de compañías privadas y vuelos chárter y a transportar cualquier clase de pasajeros siempre que no viole el derecho nacional e internacional”. Esta enmienda no pasó, estaría bueno, pero asombra que el conservador Jas Gawronski ni se percate de que la propuesta en sí misma conduce a la violación del derecho nacional, el internacional y el humanitario. Este eurodiputado también sostuvo que los servicios secretos deben seguir siéndolo sin violar las normas, pero deja sin respuesta la pregunta clave. ¿Qué sucede si la CIA o cualquier otro servicio secreto, como en parte lo es la misma diplomacia, ignora ese mínimo de reglas aceptadas por todos en las relaciones internacionales? Pues en el caso de los vuelos clandestinos, los tribunales tendrán que actuar contra los responsables en los casos conocidos así como ordenar la investigación de los sospechosos. Inadmisible que el carácter secreto de cualquier operación implique impunidad. El papel de las autoridades españolas tampoco puede ocultarse, tanto si lo sabían y “miraron hacia otro lado”, como dice Claudio Fava, o si lo desconocían, algo muy difícil de creer. A las informaciones ya divulgadas con anterioridad sobre el uso de nuestros aeropuertos para transportar ilegalmente a supuestos sospechosos de terrorismo hacia cárceles clandestinas de Europa o el norte de África, deben añadirse las últimas informaciones, aún por confirmar, que desvelan la escala de siete aviones norteamericanos en las bases de Rota, Morón y Torrejón en su ruta hacia Guantánamo. O los viajes de policías españoles (coordinados por Rafael Gómez Menor) a Guantánamo en la época del presidente José María Aznar. Hasta aquellas mazmorras ilegales fueron con la tarea de interrogar, bajo supervisión de la CIA, no sólo al ceutí Hamed Abderrahman sino a presos marroquíes, entre ellos Lahcen Ikassrien, detenido en Afganistán en 2001. Unos veinte ciudadanos marroquíes fueron interrogados por la policía sin autorización de ningún juez español. Que se sepa. Lo dicho, quien pretenda que los ciudadanos mantengan alguna confianza en las instituciones democráticas necesita en este caso la intervención de los tribunales. Y no sólo en Alemania, donde la maquinaria judicial ya empezó a funcionar.

Rafael Morales

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