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Grecia aparca a la derecha

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El bipartidismo imperfecto griego salió algo disminuido de fuerzas. Pero tocó la peor parte a los socialistas de Yorgos Papandreu, quien llevó el PASOK a los peores resultados electorales de la historia reciente. Fue incapaz siquiera de aprovechar la ineficacia del Gobierno conservador para evitar los incendios que quemaron unas 600.000 hectáreas de bosque y produjeron decenas de víctimas mortales, un factor que los comentaristas griegos blandían como una razón para la pérdida de votos de Nueva Democracia. La extrema derecha de la Alianza Popular Ortodoxa consiguió entrar por primera vez en el Parlamento (10 escaños), a costa de Karamanlis. Sin embargo, el PASOK perdió más a su izquierda. El Partido Comunista de Grecia (KKE) aumento su presencia de 12 a 21 escaños y la Coalición de Izquierdas (SIRIZA) pasó de 6 a 13 diputados. La abstención subió algo más de dos puntos (de 24 a 26.22%) en un país donde el voto es obligatorio. Desde el punto de vista parlamentario, todo queda igual en relación a quiénes serán los protagonistas del próximo Gobierno. Políticamente, las derrotas consecutivas conducirán seguramente a un debate en el PASOK, quizás para renovar el liderazgo del último en la dinastía Papandreu, quemado en las urnas dos veces seguidas. Medicina insuficiente, a mi entender, para salir del estancamiento. La socialdemocracia griega fue incapaz, de dotarse de un programa alternativo a los proyectos de Karamanlis, que vienen dictados por las exigencias de la Unión Europea en materia de déficit público y las consecuencias que acompañan a su reducción drástica. ¿Cómo van a construir una alternativa de izquierdas en Grecia, si aceptan en la práctica lo sustancial de la orientación conservadora? Cuando Karamanlis presentó la solicitud de disolver el Parlamento y adelantar las elecciones generales, a pesar de contar con datos macroeconómicos a su favor (crecimiento, reducción del déficit y del desempleo) lo dijo claro. “Necesito un mandato fuerte y fresco para continuar con las reformas sociales, económicas, en la enseñanza y en la Constitución”. Ahora acaba de recibir un mandato fresco pero más bien débil. Al menos para abordar la contrarreforma de las pensiones, continuar con las privatizaciones de las empresas públicas y meterle un tijeretazo, vía reforma constitucional, a las conquistas sociales de los trabajadores, empezando por el sector estatal y golpeando particularmente la salud y la educación públicas. Ya lo intentó durante la legislatura pasada. Hubo una huelga general de 24 horas en diciembre de 2005 que afectó al sector público y parcialmente al privado, en protesta contra la política económica de Karamanlis. Tres meses después, el primer ministro chocó con un tren parecido. Los trabajadores exigieron incrementos salariales, además de salir a la calle para defender los derechos de jubilación amenazados por el Gobierno. Carezco de razones para suponer que Costas Karamanlis encontrará menos resistencia a sus planes que durante el pasado reciente. Parece.

Rafael Morales

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