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Historia de un naufragio

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Los periódicos tenían redactados unos suplementos sobre el barco, que contaban con el apoyo económico de instituciones públicas y de empresas privadas. Nadie se podía imaginar que al pasar por Arinaga una maniobra mal hecha provocase que el barco zozobrara. Afortunadamente todo ocurrió muy cerca de tierra. Como los medios habían anunciado su paso por la costa de Agüimes, muchos curiosos pudieron presenciar que algo malo estaba pasando, y avisaron a los servicios de emergencia. La rápida intervención evitó una tragedia mayor. De los 80 pasajeros y 25 tripulantes, la mayoría se salvaron. Solo fallecieron ahogados diez turistas. El presidente del Gobierno canario, que tenía previsto inaugurar el curso escolar en La Palma, suspendió su viaje y se trasladó a Gran Canaria, para acercarse al lugar de la tragedia. El Ejecutivo ha contactado con los consulados de Alemania, Gran Bretaña y Estados Unidos, lugar de origen de las víctimas mortales y les ha ofrecido de forma gratuita el apoyo de sicólogos a las familias de los fallecidos que se trasladen a las Islas. El Gobierno español ha movilizado al Ministerio de Asuntos Exteriores para localizar a las familias en los países de origen y facilitar la repatriación de los cadáveres. El Cabildo de Gran Canaria también ha ofrecido la máxima cooperación con las víctimas y sus familiares. El líder de la oposición también se ha trasladado al lugar de la tragedia y se ha reunido con el presidente canario en el mismo puerto de Arinaga, allí han guardado un minuto de silencio por cada víctima, en total diez minutos de silencio. Y han acordado llevar al Parlamento una proposición urgente para incrementar el aumento de los recursos técnicos y humanos de salvamento en el mar, para evitar futuras tragedias. El presidente del Gobierno y el líder de la oposición han declarado que ante las muertes en el mar sólo cabe responder con la unidad de las fuerzas políticas para evitar nuevas tragedias. Todo esto que acabo de contar ocurrió este fin de semana. Usted sólo tiene que cambiar algunas palabras. Donde pone crucero de lujo, debe escribir, patera o cayuco. Donde pone turistas norteamericanos y europeos, ponga trabajadores africanos. Donde pone diez minutos de silencio pongan horas de ruido. Donde pone que el presidente del Gobierno y el líder de la oposición cambiaron sus agendas para acercarse al lugar de la tragedia y consolar a los supervivientes, pongan que se iniciaron los trámites de expulsión a los que quedaron vivos, que ya están en los calabozos. Querido lector, sólo le pido este pequeño ejercicio de imaginación. Porque todo esto que le conté ha pasado. En las costas de Canarias acaban de morir diez personas, o quizás más. Y después de eso no sabemos nada. Sólo queda el ruido. El ruido interesado para recoger votos en el mar revuelto donde no se pescan peces, sino muertos. Un personaje de Luces de Bohemia exclamaba “que haya un muerto más, sólo importa a la funeraria”. La política canaria se ha convertido en un esperpento digno del mejor Valle- Inclán. El ruido en torno a los muertos africanos del naufragio del viernes es la última prueba. Hay muertos de primera y de segunda. Los de África, por supuesto, siempre son de segunda.

Juan García Luján

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