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El PP, juez y parte

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Por estas latitudes algunos policías malos denuncian a los policías buenos, a los que luchan contra la corrupción que apesta que es un clamor. Los policías malos no sólo no quieren que sus compañeros honestos investiguen los presuntos delitos, sino que además filtran a los presuntos delincuentes las averiguaciones que hacen sus compañeros buenos, y para remate los denuncian por ser buenos.

El PP se ha convertido en juez y parte, y lucha contra el Estado de Derecho. Menos mal que no es todo el Partido Popular, y estamos seguros que de esta trama saldrá un PP limpio y democrático que sea verdadera alternativa de Poder. Pero de momento las sensaciones son malas, muy pesimistas, en todo lo que se está cociendo por Génova a nivel de la dirección de Madrid, y por la calle Albareda en la dirección regional canaria. La realidad es tozuda, y pese a todas las presiones que le están haciendo al juez Baltasar Garzón, los casos de corruptela se acumulan en la mesa del despacho de Mariano Rajoy, que anda el hombre desconcertado, y ya no sabe que decir en las campañas electorales de Galicia y la de Euskadi.

Vamos a tener una semana de carnavales movidita a nivel político, tanto en Canarias en asuntos relacionados con la corrupción, como en Galicia y Euskadi a nivel electoral. Parece claro que en este último escenario Mariano Rajoy se la juega sino gana el PP en Galicia, y como es más fácil de prever, si pierde con más contundencia en Euskadi. A partir del 2 de marzo se podría configurar un nuevo panorama político de gran envergadura si se produce una derrota de los populares, que ahora mismo andan obsesionados con ser juez y parte de la política española en un intento desesperado porque no se produzca una ucedización en sus filas. De lo que sí estoy convencido es que cuanto más tarden los conservadores en relevar a Rajoy a nivel nacional, y a José Soria en el teatro canario, la travesía del desierto será más larga. No hay que olvidar que al PSOE le pasó después de la marcha de Felipe González una parálisis interna que contó con el fracaso de dos líderes, Joaquín Almunia y Pepe Borrell. Ahora le podría pasar al PP, y esto no es bueno para la necesaria oposición a José Luis Rodríguez Zapatero, que se está convirtiendo en un estadista de primera línea, pero no me gustan nada las mayorías absolutas, como se podría producir de nuevo igual que en 1982 de seguir el PP sin norte y sin rumbo.

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