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Otra ley infumable

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La nueva ley contra el tabaquismo, como otras tantas que obedecen a intereses electoralistas camuflados de interés público, se sostendrían si el propio estado-gobierno, ahora inquisidor y antes permisivo, no se contradijera a si mismo recaudando impuestos sobre el mismo tabaco, que vende al que luego puede multar, el alcohol, las tragaperras o los bingos que generan graves consecuencias sociales y que sin duda también matan, pero de otra manera. Pero todo tiene su lógica, ¿si no se recaudan impuestos por esta vía, como se va a salvar luego a la banca? parece que todo responde a un silogismo perverso. De nuevo el parné por medio, que hace que las cosas aparenten lo que no son.

No se trata de desviar el debate hacia el respeto a los fumadores pasivos que entiendo nadie duda, ni que el parlamento no haya aceptado subvencionar a los hosteleros que invirtieron su dinero para adaptar sus locales a la anterior legislación, les pasa por tontos, por respetar la ley .¿Y ahora qué?: a quejarse al maestro armero. No, se trata de algo más; de fundamentalismo, de intolerancia, de caza de brujas. Un hostelero se revela y dice que en su negocio hace lo que le da la gana y que le da lo mismo que lo multen con 60 euros o con seiscientos mil, que si no paga un etarra a sus víctimas como va pagar él por permitir fumar. ¡Pues muy fácil cristiano! porque el otro es insolvente y usted no.¿Es que no sabe donde vive?. Al final nos toparemos con la justicia y sus distintas varas de medir que a veces, matan más que el tabaco.

Kiko García

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