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Más de lo mismo, insularismo y desarrollismo

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El primer año de Fernando Clavijo al frente del Gobierno canario ha estado marcado por estilos y actuaciones muy negativas. La continuidad del deterioro de los servicios públicos. La incapacidad para afrontar la extendida pobreza. La resurrección del más rancio insularismo. La apuesta nada disimulada por el desarrollismo y un conservadurismo que busca entendimientos con el PP en Madrid y en Canarias, olvidando el daño de los recortes y las políticas de maltrato al Archipiélago.

Los servicios públicos languidecen. No forman parte de las prioridades del Ejecutivo. Los males de la sanidad, gravemente afectada por los recortes de las últimas legislaturas, continúan sin que hayan tomado medidas rigurosas y presupuestadas para afrontar las listas de espera o los colapsos en urgencias, lo que dificulta la tarea de sus profesionales y genera críticas de sus usuarios.

En educación, el Ejecutivo hace caso omiso a las propuestas emanadas de la ley canaria, aprobada por el Parlamento, que introduce numerosos elementos destinados a la mejora de la calidad del sistema y tampoco cumple con los compromisos presupuestarios de la misma.

El plan contra la pobreza lleva un lento caminar, pese a los acuciantes problemas de una comunidad con un tercio de la población en riesgo de pobreza. Continúan las dificultades de acceso a la vivienda para miles de familias. No se ha aprobado el plan de vivienda de Canarias. El Ejecutivo ha sido incapaz de establecer un fondo de ayuda de emergencia hipotecaria para las familias que se encuentran en situación de exclusión social.

En Investigación, Desarrollo e innovación (I+D+i), Canarias continúa a la cola del Estado. Con una reducción del 8% del presupuesto en 2016 y con bajísimos niveles de ejecución, lejos de rectificar, se producen decisiones, como el intento de desmantelamiento del Instituto Tecnológico de Canarias (ITC); profundamente desacertadas.

En turismo asistimos a una total ausencia de políticas, se abandonado los planes de modernización y mejora y no se ha preparado al sector para ganar en competitividad, clave para resistir en el momento en que se recuperen los destinos competidores, hoy afectados por su inseguridad e inestabilidad política. Al respecto poco ayuda una consejera de bajo perfil que hace que el departamento sea dirigido, en la práctica, desde el Cabildo de Tenerife.

Insularismo

Desde el principio de la Legislatura, el Cabildo de Tenerife ha estado reclamando inversiones frente al Gobierno y al resto de las islas, denunciando presuntos desequilibrios quien lleva décadas gobernando en Tenerife y en Canarias. El presidente canario ha sido incapaz de defender a los integrantes de su gobierno frente a los permanentes ataques de Carlos Alonso. O calla o le da la razón al más genuino portavoz del insularismo de CC.


El episodio más reciente ha sido la alineación del presidente Clavijo con el titular del Cabildo tinerfeño en su denuncia de desequilibrios inversores en carreteras en relación a lo que recibe Gran Canaria. Olvidó que ha sido el Gobierno del PP el que ha incumplido gravemente, al paralizar más de 800 millones de euros del vigente convenio de carreteras entre el Estado y Canarias. Además de las propias responsabilidades de CC. Bueno será que corrijan todos los desequilibrios que sus gobiernos han provocado.

Pero el insularismo más recalcitrante ha estado también detrás de su rechazo a la modificación del injusto sistema electoral canario, bajo el singular argumento de que llevaría a “romper Canarias”.

Ha sido insularista, asimismo, su pretensión de repartir los dineros del Impuesto General por el Tráfico de Empresas (IGTE) sobre la base de la triple paridad, una ocurrencia que llevaría a castigar presupuestariamente a los ciudadanos y ciudadanas de las islas más pobladas al no tener en cuenta la población ni las necesidades de cada territorio.

Cemento

Pese a los discursos sobre diversificación y nuevo modelo económico, se persiste en el desarrollismo basado en el cemento. La ley del suelo, cada vez más cuestionada, constituye el mejor ejemplo de esa manera de entender Canarias y su futuro. Impulsa un modelo de crecimiento desarrollista e insostenible desde el punto de vista territorial, medioambiental y económico.

Además, el anunciado “buen rollito” es más un recurso propagandístico que una práctica. Sin diálogo con el Parlamento. Ni siquiera con el PSOE que forma parte de su Ejecutivo, a quien no suele escuchar sus propuestas mientras impone las suyas, como sucede con la ley del suelo y con su rechazo a que el IGTE se dedicara a afrontar los graves problemas de los servicios públicos.

Eso sí, hay que reconocer que Coalición Canaria ha abierto una línea de diálogo y entendimiento preferente con el PP. En Madrid y en la comunidad canaria. Ha buscado, desde el minuto uno de la Legislatura, las fotos con Soria. Ha embellecido constantemente a los que tanto daño ha hecho a las Islas desde el Ejecutivo del Estado en el período reciente. Y, como desea una parte importante de CC, ha preparado el camino para que los conservadores sustituyan al PSOE en el Gobierno de Canarias.

Pese a elementos externos que nos favorecen –crisis de seguridad en países del Mediterráneo que ha ayudado al gran crecimiento turístico, bajos precios del petróleo… Canarias no acaba de superar su elevado desempleo y sus altas tasas de pobreza. Su gobierno es incapaz de diseñar un modelo económico menos dependiente y más equilibrado y sostenible. Se desliza, además, por una senda conservadora, insularista y desarrollista que prolonga los problemas, perpetúa las desigualdades sociales, maltrata al medio ambiente y al territorio, y nos aleja de la convergencia con España y Europa.

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