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Podemos cabalga

Me alarma que quienes nos prometen la solución asuman desde ya ser parte del problema, sin ningún tipo de complejo.

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Dicen que el último recurso de un columnista es comentar los programas de la tele. Ahora que está tan de moda pedir perdón, yo les pido perdón por estar tan en las últimas: pero es que resulta que el sábado, coincidiendo con las primera edición de El País y el tsunami esperado del sondeo de Demoscopia, me quedé enganchado a un debate televisivo – Un mundo nuevo, creo que se llama- en el que un grupo de políticos se tiraban los trastos a la cabeza, en el formato tradicional de los talk show de Telecinco.

Siguiendo ese formato que hoy campa por nuestras sobremesas, tardes y noches, los políticos y alguna periodista que también se sumó al circo, no discutían programas o políticas o ponían en común sus ideas, directamente se acusaban de cometer delitos, de mentir como bellacos y se insultaban unos a otros, aparentando disfrutar además lo suyo del espectáculo, a juzgar por las sonrisas profidén de todos ellos. Uno de los políticos (y que me disculpe por referirme a él con ese término, pero no conozco otro más adecuado) era el profesor José Luis Monedero, virtual número dos de Podemos, sin que nadie le haya votado aún que yo sepa. El profesor Monedero participaba con fruición del jolgorio general, que –según me pareció- consistía en poner a bajar de un burro a una señora vestida de azul (era del PP), que había ido allí a hablar de su libro y a la que parecía resbalarle todo lo que le decían. No me sorprendió la actitud de la señora Arenales (la del PP), ni la conspicua vacuidad de la representante del PSOE, ni el iracundo discurso de una chica sobreexcitada que representaba a Compromís. Ni siquiera me llamó la atención el papel de la periodista de Libertad Digital (ejem), convertida en una suerte de castañera antiPodemos, que le daba también al PP, supongo que para disimular; o el recurrente silencio (me pareció que un punto avergonzado por el estilo del debate) de los otros periodistas, Nacho Escolar y otra joven cuyo nombre no recuerdo.

Lo que más me llamo la atención fue la desenvoltura del virginal Monedero en ese ambiente tan pero tan telecinco, sus cargas de profundidad perfectamente hilvanadas por un argumentario previamente armado (como ocurre en todos los partidos), su desfachatez a la hora de no contestar a ninguna de las preguntas difíciles que se le hacían, o la falsedad de presentarse como alguien sin ideología, cuando Monedero ha sido siempre comunista.

A ver: no tengo nada en contra de que Monedero quiera hacerse pasar por un remedo de Kiko Matamoros (con peluca y un intensivo régimen dunkan de proteínas), pero me alarma que quienes nos prometen la solución asuman desde ya ser parte del problema, sin ningún tipo de complejo. Porque si algo se con certeza es que los problemas de este país no se arreglan ni con gritos ni con insultos. Dicen que el 26 por ciento de los votos a favor de Podemos es una demostración de que la España de la Constitución del 78 está muerta y enterrada. Debe ser así. Al menos, está claro que ya se ha enterrado el estilo y la voluntad de consenso.

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