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No les voy a hablar de Guinea Ecuatorial

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Por eso he pensado que no les voy a hablar del señor ese que sale hoy en las fotos de los periódicos canarios con nuestro vicepresidente y consejero de Economía, José Manuel Soria, y que se llama Teodoro Obiang. No, lo siento. No les voy a mencionar que llegó al poder y se mantiene en él gracias a una feroz represión de todo atisbo de oposición, represión que incluye las torturas y las desapariciones sistemáticas, así como la censura y el encarcelamiento de periodistas y otras lindezas más propias de una dictadura que de una democracia real.

No lo haré porque entonces estaré echando tierra sobre el tejado de mi propio Gobierno, que quiere mejorar sus relaciones con Guinea Ecuatorial, el país que preside el señor Obiang. Por eso tampoco les voy a comentar que en esa pequeña nación de África, ex colonia española, la gente debería tener la riqueza per cápita de Italia o España gracias a los ingresos derivados del petróleo que posee y, sin embargo, vive en una situación de pobreza peor que la de Afganistán o Chad. Y todo porque, en lugar de mejorar la vida de sus ciudadanos, Obiang y su gobierno utilizan los millones de euros anuales que ingresan para otros menesteres. Malversación económica, según asegura el último informe de Human Rights Watch.

Así que pasaré por alto el hecho de que el hijo mayor de Obiang se comprara en 2006 una propiedad en California valorada en 35 millones de dólares o que los 43 millones que Teodorín gastó en solo dos años, entre 2004 y 2006, superan el gasto anual en Educación del gobierno del que, por cierto, también forma parte.

Por todo ello, no voy a criticar que al señor Soria le parezca bien hacerse una foto con Obiang o que vaya para allá a facilitar los negocios de los empresarios canarios sin poner sobre la mesa el asunto de los Derechos Humanos. No puedo hacer leña de ese árbol porque, como les dije al principio de este comentario, este año me voy a dedicar a temas poco espinosos y neutros. Así que aplaudo su iniciativa, señor Soria, y cuando pase en Malabo o en Bata junto a las chabolas, las ratas y la miseria, o si, por casualidad, oye hablar de algún opositor muerto en alguna sucia cárcel, pues nada, hágase el longuis y siga haciéndole el caldo gordo a nuestro buen amigo, el de la foto, que al fin y al cabo los negocios son los negocios.

*Periodista ( Aquí pueden seguir su blog)

José Naranjo*

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