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La contracultura punk, 30 años de revolución social y furia sonora

LLEGÓ A ESPAÑA PARA OCUPAR EL SILENCIO IMPUESTO TRAS CUARENTA AÑOS DE DICTADURA

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Del rechazo a lo establecido a la moda de pasarela, el punk ha sido reflejo social de las últimas décadas del siglo XX a través de convulsas melodías y el "hazlo tú mismo" como única ideología, que llegó a España para ocupar el silencio impuesto durante cuarenta años de dictadura.

Kaka Deluxe, La Polla Record, Aviador Dro o Parálisis Permanente lideraron un movimiento que en España "llegó directamente a El Corte Inglés con los discos de Sex Pistols", explica Julián Hernández, líder de Siniestro Total, "ya que lo mediático tuvo lugar antes que la carga ideológica".

El sonido punk clásico nació con los acordes de The Ramones, que actuaron en directo en 1977 en el pub londinense RoundHouse, donde la sencillez sonora llevada al extremo de los neoyorquinos llamó la atención de un público británico ávido de nuevas experiencias musicales que encajaran en un sentir cercano al nihilismo.

Entre los asistentes de esos conciertos estaban Sid Vicious, Johnny Rotten y Paul Simonon y fue en ese momento cuando surgió el germen de formaciones como Sex Pistols y The Clash, y con ellas el punk británico que, poco después, se convirtió en referencia principal del género en España.

Mientras que el punk fue en el Reino Unido un reflejo cultural de una sociedad sumida en la depresión económica, para una parte de la juventud española supuso la mejor forma de abrazar la muerte de la Dictadura en los primeros años de transición democrática.

"Lo mejor del punk fue su actitud, que defendía el hazlo tú mismo ante la insatisfacción de una serie de alternativas que derivó felizmente en una música fresca, viva, enérgica", explica uno de los autores de Guía esencial del Punk y la Nueva Ola (Rock Indiana), Pablo Carrero.

El regreso de una libertad ausente durante décadas hizo que "la falta de experiencia y de cultura musical", tanto de los seguidores como de los músicos, provocara, apunta Carrero, "que todo pareciera nuevo, y diera una sensación de originalidad y frescura en su propuesta que ahora es imposible recuperar".

El habitual, y en este caso inevitable retraso de la llegada de las modas a España hizo que el punk español "se hiciera de una forma muy propia y subjetiva, con mucho más sentido del humor que el británico y la misma rebeldía", apunta Mayte Yerro, que en su día formó parte de la banda femenina Reptilias y ahora miembro del dúo Déjamever.

Un comportamiento que convirtió a otro grupo de punk femenino, Las Vulpess en un icono aún recordado, tras interpretar en horario infantil una de las dos únicas canciones de su discografía, la versión de Iggy Pop Me gusta ser una zorra", en el programa Caja de ritmos de TVE.

"La polémica de Las Vulpess fue la cosa más inocente del mundo", recuerda Hernández acerca de una chicas "que se negaron a besarse con sus novios en esa actuación" -le aseguró en su momento el director del programa, Carlos Tena- y que fueron "carne de cañón para cierta clase política cuando ABC decidió reproducir en sus páginas la letra de la canción para criticar algo más que al grupo".

Para Julián Hernández, "no existe el punk como movimiento, ya que en realidad fue una idea estética que se estandarizó y, por tanto, perdió todo su sentido" y que en la actualidad sigue presente en los diseños de Vivienne Westwood.

La actitud de ruptura del género eclipsó en muchos casos la propuesta musical y, en el caso de España, no fue hasta mediados de los 80 "cuando se editaron discos muy sólidos desde el punto de vista musical, que años más tarde se repitieron y fotocopiaron una y otra vez", apunta Pablo Carrero.

Kaka Deluxe, Glutamato Ye-ye y Aviador Dro, encabezaban una corriente "alejada de la violencia, de ironía salvaje en una España que no estaba acostumbrada a ese lenguaje", afirma Julián Hernández, quien no cree "en el punk de cresta y tachuelas" y que defiende la capacidad de estos grupos de "comunicar historias a gente que no tenían quien se las contara".

Grupos como Kortatu, con Fermín Muguruza en sus filas, Eskorbuto o La Polla Records demostraron la especial trascendencia que la actitud de rebelión contra el sistema propia del punk tuvo en el País Vasco a través de "letras afiladas y una actitud mucho más dura, cercana al anarquismo", mientras que el punk madrileño "era más lúdico y por tanto menos reivindicativo", opina Carrero.

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