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Los pecados mortales de Clavijo

El presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo.

Desde muy niño, con apenas uso de razón, escuché a mi abuelo afirmar que los canarios todos estábamos en pecado mortal. Cosa muy seria en aquellos tiempos aunque, la verdad, no acababa yo de saber a qué pecado se refería. Empecé a cogerle el sentido a la cosa ya montado en mis quince añitos o por ahí cuando cerraron el canal de Suez, lo que obligó a los barcos que iban del Índico a Europa a coger por el sur africano y en gran parte recabar en las islas. Recuerdo los comentarios acerca de lo bien que le iban los negocios a las empresas portuarias que no daban avío con los barcos entrantes y salientes. Pero no acabé yo de entender el asunto en profundidad hasta el golpe de Estado de 1967 en Grecia con el establecimiento de la dictadura de los coroneles. El boicot internacional al régimen militar desvió hacia Canarias a miles de turistas de modo que la desgracia de los griegos benefició a las islas. Era evidente a que se refería mi abuelo pero aunque lo comprendiera no acababa de ver el tamaño del pecado mortal isleño hasta cierto día, de 1967 o 1968, quizá 1969 en que me dejé caer por El Guanche, en el Parque de Santa Catalina. Solía ir por allí, sobre todo durante la zafra tomatera, porque a la hora del aperitivo se reunían allí cosecheros-exportadores y siempre se te pegaba algo que llevarte a la Redacción.

Turistas en la playa de Sotavento, en Fuerteventura (AYUNTAMIENTO DE PÁJARA)

Fernando Clavijo cree que Canarias puede sacar tajada turística de las políticas de Trump.

Aquel día estaban las mesas muy concurridas y no se oía sino el estampido de las botellas de la Viuda (la de Clicquot, no la del Gaitero) y de Moët & Chandon a discreción. La razón, unas tremendas heladas en la Península habían arruinado las cosechas y se quedaba el tomate canario con prácticamente todo el mercado. Pensé que estaba feo eso de celebrar con tanto estruendo la desgracia ajena y hubo quien adivinó lo que me pasaba por la cabeza, la necesidad de que alguien me diera un pretexto para sumergirme en la fiesta, que hacía buen sol y apetecía un poco de champán fresquito.

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Moncloa dio la nota: Rajoy se ofreció a Trump

Donald Trump y Mariano Rajoy. (Canarias Ahora)

La Moncloa dio la nota. La nota informativa de la conversación telefónica de Trump y Rajoy en la que el presidente español se ofreció al americano como servil interlocutor en Europa, América Latina, Oriente Medio y el norte de África. Según Moncloa, la llamada duró 15 de los 20 minutos acordados, pero, contra lo previsto en la ley de transparencia, no dice la nota quien pagó la conferencia, si se le aplicó tarifa plana o la mexicana, esa de tú llamas y paga el otro de rigurosa hechura trumpiana. Lo que me recuerda el muro, que no se menciona, como tampoco hay alusión alguna a la eliminación de la página web en español de la Casa Blanca. Lo que no ha sido óbice, más bien ápice, para que Rajoy corriera a ofrecerse al presidente americano de chica para todo lo que guste mandar el señorito, que diría el personaje de la actriz Gracita Morales.

Sorprende, ya ven, que Rajoy no aprovechara la ocasión para tratar de abrir un nuevo capítulo exportador de concertinas, pues no tardarán en agotarse los mercados de Ceuta y Melilla y no bastarán las reposiciones para mantener la industria. Ya no le queda a España más imperio que proteger de intrusiones no deseadas. Lo que nos lleva al segundo asunto, el de la eliminación de la web en español, que, valgan verdades, resulta menos sorprendente pues la Cultura no figura entre las prioridades del PP, que la hostiliza. Como ha dicho Jorge M. Reverte, autor de Demasiado para Gálvez y El último café, España sigue sin asumir su enorme deuda de decencia con América Latina y de forma particular, a mi entender, con México al que debemos que se haya conservado buena parte de la cultura perseguida por el fascismo español.

La política del PP, de los gobiernos de Aznar y de Rajoy con América Latina ha rebajado el aprecio de los latinoamericanos por España. Siempre advertí cierto retintín coñón en aquello de la “Madre Patria” y cuando comencé a tener contactos allá pude apreciar la carga irónica de semejante título ya desaparecido porque la ironía implica cierto aprecio sustituido, hoy día, por un cabreo generalizado ante la actitud de los gobiernos españoles en situaciones como las de Venezuela y Cuba de los últimos años; casualmente los dos países americanos más relacionados con Canarias.

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Morales y el 'culebrón' del Cabildo grancanario

Antonio Morales habla con Juan Manuel Brito en un pleno del Cabildo

Dice Antonio Morales, presidente del Cabildo grancanario, que lo de Juan Manuel Brito y Podemos va de culebrón. Nadie puede saberlo mejor pues a él corresponde impedirlo en beneficio no de su partido, de Brito o de Podemos, sino de la gobernación de la isla: por mucho que diga Morales que el conflicto no la afectará, estas situaciones siempre tienen consecuencias. Entre otras, que el ciudadanaje se harte.

Como saben, el conflicto arranca de la expulsión de Podemos de Juan Manuel Brito, que fuera su cabeza de lista electoral y de que desde el primer momento practicó aquello tan isleño de si te vi, no me acuerdo. Hizo buenas migas con Morales y procedió a simplificar la doble militancia que permitía Podemos dedicando sus mejores esfuerzos a introducir en Gran Canaria a Sí Se Puede, vía Tenerife negándose a informar de sus actividades políticas al partido que lo promovió. Desconozco los detalles de su actuación que apunta, objetivamente, a la lógica de que vio más fácil convertirse en el número uno de Sí Se Puede en Gran Canaria que afanarse por situarse en Podemos donde los cargos orgánicos estaban ya ocupados. Nada en principio censurable, dada la aceptación por el partido de la doble militancia, si no fuera por su manifiesta deslealtad a Podemos que lo respaldó y pidió el voto para él. Asimismo, se habla de determinadas interferencias de Podemos-Madrid a favor de Sí Se Puede lo que, posiblemente, hizo pensar a Brito que todo el monte es orégano y la tenía ganada. La fe provinciana y subdesarrolladota en el centralismo.

Desde los primeros momentos se advirtió el juego de Brito que no informaba al partido de su actuación en el Cabildo al verse vicepresidiendo. Y la dirección de Podemos haciendo el canelo tolerando la situación el tiempo suficiente para que se consolidara la línea de Brito. Había, incluso, quienes daban por descontado que en unas próximas elecciones estaría en otras listas, la de Sí Se Puede, por ejemplo, o la de Nueva Canarias (NC). Estas especulaciones son, a mi entender, un tanto prematuras aunque no improbables. Lo que interesa en este momento es que Podemos no actuó cuando debió hacerlo; que tiene su parte de responsabilidad en el culebrón que anuncia Morales y que no ha sido capaz de plantarle cara a las interferencias de Madrid, que en esto poco ha aportado la “nueva política”.

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De "América para los americanos" (del norte) a "América, lo primero"

El presidente de EEUU Donald Trump

Suelen los políticos exigir a sus contrincantes que pidan perdón por esto, por lo otro y lo de más allá. Y como algunos acceden pensando que basta para quedar como un San Luis, debo recordar las imprescindibles exigencias, digamos litúrgicas, del dolor de corazón y el propósito de la enmienda que han de acompañar al reconocimiento de culpa para que el perdón se produzca realmente. Son demasiadas las tribulaciones del personal de a pie para encima obligarlo a discernir si se cumplen o no las condiciones del perdón. En realidad, nunca creí que Dios hubiera delegado la distribución de absoluciones al cura, con aliento a café de refectorio madrugador, surgido de la penumbra del confesionario con la rutinaria pregunta de cuántas veces, hijo mío, a la que contestabas bastantes, padre, pues no ibas a estarlas contando. Eran tiempos peligrosos pues si no eran suficientes el Mundo, el Demonio y la Carne como enemigos del alma, había que pechar con comunistas, masones y demás ralea juramentados, como sabía todo el mundo, para calzar por el Centinela de Occidente, vencedor de cien batallas en defensa del esforzado fortín español que de sucumbir allanaría el camino al Imperio del Mal, contra el que tan explícita fue la Señora de Fátima y no sé si la de Lourdes aparecida en la impía Francia.

Muerto Franco, si realmente murió, que los autores no van muy de acuerdo, volvieron los partidos y las urnas y sin todavía recuperarnos de la impresión se nos vino encima el muro de Berlín que enterró en la escombrera a la URSS. Apenas dio tiempo de arrumbar los rosarios en familia del padre Peyton, parte de la “ayuda americana”. Y cuando nos creíamos a salvo de todo aquello, se nos viene encima la extrema izquierda fanatizada y los antisistemas radicales en un tótum revolútum con toda clase de ecologistas, feministas, gays, drogotas, seguidores del Real Madrid y no pocos culés.

Ya estábamos a punto de asimilar todo eso cuando irrumpió Donald Trump y su “América, lo primero”. El cuerpo le pedía al ya presidente recuperar la doctrina elaborada por John Quincy Adams, el sexto presidente USA, aunque fuera su inmediato antecesor, James Monroe, quien le dio su apellido y la sintetizó con el eslogan “América para los americanos”; para los americanos del norte, claro. Pero debieron los intelectuales de cámara que le rodean hacerle ver que podían cogerlo por la palabra los descendientes de Toro Sentado, Gerónimo o Nube Roja, si quedó alguno, y reivindicarse como los verdaderos y genuinos americanos. Debió ser por eso que se centró en los musulmanes terroristas por Alá y en los cuarenta y pico millones de hispanos, mujeres y niños incluidos, que viven en los USA.

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La historia no es interminable: se repite

Fernando Clavijo en el Parlamento de Canarias

Tengo la impresión de que a Asier Antona le vino bien la crisis de Gobierno. Aunque sigo sin saber a qué atenerme con el presidente pepero. No sabría decir si está bien situado por méritos propios, eso que se dice de administrar los tiempos y elegir el momento de meterle al otro el dedo en el ojo; o si es que a sus rivales no hay por donde cogerlos y ya sabemos cuanto destacan los tuertos en el país de los ciegos.

Pasó Antona, en unas semanas, de una prudente ambigüedad a meterle prisa a las otras fuerzas interesadas para tener dispuesta la moción de censura a Clavijo antes de febrero. Está, pues, decidido a participar con las demás formaciones (menos Podemos, imagino) en la defenestración de Clavijo, si bien exige que faro y guía de la operación sea el programa del PP. Necesita reforzarse porque, dicen, podría disputarle la presidencia del partido Cristina Tavío, que cuenta con la ventaja inicial de ser de Tenerife, hecho determinante para la pertinaz derecha tinerfeña que ha logrado, por fin, llevarse la gaviota pepera a la costa de Añaza. Cosa que, contra lo que puede parecer, no daña la biodiversidad.

Como uno ya está en edades cuasi provectas para andar con boberías de programas, abordaré el asunto por lo que va de ayer a hoy. Porque ayer se veía mal un arreglo PP-PSOE frente al redentorismo nacionalero de Coalición Canaria (CC). Los dos partidos lo evitaron no fuera a caerles el dichete de “fuerzas godas” aliadas para aplastar a la única formación que proclamaba su “exclusiva obediencia canaria” y dos piedras. Sin embargo hoy, habrán visto, están socialistas y peperos dispuestos a comer huevos fritos en el mismo plato. Y con los nacionalistas de Nueva Canarias (NC) en la rueda de presentes, le será difícil a la desacreditada CC calificar de anti algo esa censura, si se produce: nadie ignora que CC es el instrumento de que se ha valido la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI) para hacerse con la hegemonía política y mantenerse en la presidencia del Gobierno canario durante casi un cuarto de siglo, gracias a una ley electoral de apaga la luz y vámonos. CC es, ahora mismo, la tercera fuerza en número de votos. Tan chocante resulta que felicitaron a Fernando Clavijo en la conferencia de presidentes autonómicos del otro día, en Madrid, por mantenerse en la presidencia. Me excuso de no volver a explicar semejante anomalía, juego de las dos sillas incluido.

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La maldición insularera isloteña

La guerra provincial de Canarias no es un tema nuevo en el archipiélago. (Canarias Ahora)

Aclararé, para empezar, que si me convenció la labor del Antonio Morales en el ayuntamiento de Agüimes, no acabo de ver si su gestión en el Cabildo de Gran Canaria responde a lo que muchos esperábamos. Quizá porque ya no presto la atención de antes a nuestros poco satisfactorios hombres públicos y me consuelo con que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Y no porque los políticos de hoy sean peores sino debido a que los de antes, los que estrenaron democracia, estaban “inventando” los partidos y los de ahora, ya atrapados en las reglas y los ritos de la partitocracia, resultan repetitivos y aburridos cuando no estomagantes y desvergonzados. Por eso agradezco que la Oxford Dictionaries haya proclamado a la “postverdad”, palabra internacional del año.

El palabro, “postverdad”, se refiere a la mayor influencia en la opinión pública de las emociones y de las creencias personales o compartidas respecto a los hechos puros y duros, la verdad a secas. Sería el caso de los brexiteers, o partidarios del Brexit, a los que no alteran los grandes males que, por lo visto, aguardan al Reino Unido fuera de la UE. Dicen que se trata de una invención de las empresas demoscópicas para justificar sus patinazos predictivos: los hechos y datos están ahí y si no se corresponden a los comportamientos lógicos es porque los deseos, los prejuicios, etcétera, dislocan los resultados, afirman.

A Antonio Morales lo tacha CC de Gran Canaria, Bañolas de modo insistente, de “insularista”. Utiliza, el hombre, la “postverdad” a ver si el personal acaba de exclamar “¡Pos es verdá!” al modo isleño. Busca complacer a Fernando Clavijo y Carlos Alonso, que no son insularistas, qué va. Está Bañolas, por supuesto, en su derecho de prestarle fidelidad a quien le cuadre, si bien resulta patético que atribuya al presidente del Cabildo grancanario la supuesta paranoia que lo arrastró al insularismo feroz. Pero eso es lo de menos; lo de más, que Bañolas tan inocente y juega a favor de lo intereses de esa parte del mundo de los negocios a las que ponen de los nervios las posturas verdes de Morales y su visión nada gaseosa de lo que debe ser, a su juicio, el futuro energético canario.

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"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí"

Vladimir Putin y Donald Trump

No pocos comentaristas, supongo que con las mejores intenciones, esperan que 2017 permita olvidar el 2016 que acabamos de dejar atrás. Dada la insistencia del Seprona en que no es no, decidí no entrampar avechuchos silvestres para desentrañarlos y leer el futuro en sus vísceras, como hacían los antiguos, así que encargué al carnicero un par de gallinas con todo. Pero, ya ven, me las entregaron sin vísceras, es decir, pagas la gallina entera y revenden una parte de ella, que técnicamente te pertenece. “¿Y pa qué querías tú esas polquerías, mi amol?”, me dijo la dependienta, sin duda aleccionada.

No me quedó otro recurso que la Prensa, por más que carezca de hígado que elimine las sustancias tóxicas cómo, pongo por caso, el Donald Trump que dentro de unos días colgará el sombrero en la Casa Blanca y que, según las malas lenguas del FBI, pedirá enseguida que le pongan con Putin para decirle ya estoy aquí. Siempre pasa, que les quitas la guerra fría y no saben qué ponerse. 

Ya me referí la semana pasada a los análisis que varios observadores han hecho de la victoria de Trump: hay negros y latinos que le han votado a pesar de los pesares convencidos de que impedirá que vengan de fuera a quitarles sus trabajos y acabará con las deslocalizaciones de empresas, además de desarrollar una política que obligue a regresar a las que se fueron. Ya les dije el otro día que se ha producido un cambio de comportamiento electoral y resulta que los intereses de muchos negros y latinos coinciden con los de sus colegas blancos. Podría decirse que comienza a superarse la diversidad y ya es menos decisivo el voto racial y sexista en el que confió más de la cuenta Hillary Clinton: esperaba ganar, todo el mundo consideraba segura su victoria, cosa que confirmaban las encuestas, pero al seguir con el mismo cliché no advirtieron los cambios en el cuerpo electoral estadounidense. Como si la diversidad y los enfrentamientos llevaran camino de desaparecer en la creciente coincidencia de intereses de trabajadores negros, latinos y blancos. De ser esto así, Trump vendría a ser el verdadero antisistema al que votaron de forma consciente o inconsciente.

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Cualquiera puede ser presidente

Donal Trump, presidente electo de Estados Unidos y Mariano Rajoy, presidente de España.

A menos de un mes de la toma de posesión de Donald Trump, suenan todavía las palabras de Hillary Clinton que calificó de “gente lamentable” a los millones de electores que la dejaron con la miel en los labios. La mayoría de los comentaristas la hacían ganadora y contaba con el apoyo explícito de numerosos artistas, de expertos analistas cercanos a las elites, de profesores universitarios y de periodistas que aún no se han enterado de que el oficio agoniza víctima de su ya escaso crédito. Pero ese es otro asunto.

Interesa ahora que la victoria de Trump dio a Jason Brennan, profesor de Ética y Políticas Públicas en la School of Business de la Universidad de Georgetown, materia para argumentar contra la democracia. Brennan se hace preguntas muy crudas, como la de que si el sistema se orienta a llevar a cabo la voluntad popular, “¿qué pasa si el pueblo no sabe lo que hace?” Le espanta la ausencia de conocimientos políticos, incluso de información elemental, lo que a su juicio descalifica las elecciones.

La impresión general es que a Trump puede aplicarse el chiste que en España se aplica a Rajoy, eso de que disfrutamos de una democracia tan perfecta que cualquiera puede ser presidente. Así, si un hombre como Trump logró alcanzar la Casa Blanca, todo es ya posible. Las cosas son, desde luego, más complejas y distintas las circunstancias, si bien es posible extrapolar a España muchos de los comentarios y análisis de los resultados electorales USA.

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El PP le hizo a Aznar un Pedro Sánchez

José María Aznar, expresidente del Gobierno de España

Aseguran los peperos que Aznar es parte fundamental, esencial incluso, de su patrimonio político. Eso dicen en público y creo estar en condiciones de afirmar que, como mínimo, hay división de opiniones pues, tras lo oído en privado a amigos y conocidos del PP, puedo afirmar y afirmo que hubieran preferido que les legara un buen solar en zona céntrica. Es evidente que para los peperos de corazón, que haberlos háylos dadas las abundancias de las viñas del señor, Aznar no les provoca dolor de muelas alguno porque él es el dolor mismo con esa costumbre que ha sacado de dejarse caer en los momentos menos oportunos para el partido. Pero no puede negársele que carezca de motivos para cabrearse pues debe tener el hombre en carne viva salva sea la parte de castigada por los pellizquitos de monja que le tiran desde el entorno de Rajoy. A los que él responde o ataca, todo hay que decirlo, con pellizcones a mano entera del tipo mordida de caballo y rabia carpetovetónica.

Quizá hubo, en su momento, alguna posibilidad de que las cosas discurrieran por donde barrunto que iba a Aznar para volver en olor de multitudes. Pero si alguna esperanza tuvo, a buen seguro que se esfumó al lograr Rajoy su aplastante mayoría absoluta en 2011.

Siguieron cuatro años en que incordió menos que ahora, cuando ya el PP no cuenta con aquella mayoría, a lanzarle nuevos obuses. Como ese proyecto de nuevos estatutos del partido que se aprobarán seguramente en el Congreso de febrero. En ellos se establece que el presidente de honor dejará de ser vitalicio y se someterá a refrendo en cada Congreso. Demasiado para la altísima opinión que tiene de sí mismo el Aznar rompetechos este intento de humillarlo sometiendo su continuidad como presidente de honor a la votación del partido que le debe casi todo precisamente a él. Hasta ahí podíamos llegar.

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¿Qué parte de Jekyll/Hide no han entendido?

Donald Trump, presidente de Estados Unidos. (Canarias Ahora).

El pasado 16 de noviembre la organización no gubernamental Transparencia Internacional (TI), con sede en Berlín y presencia en más de 70 países, dio a conocer los resultados de su encuesta anual titulada “Barómetro Global de la Corrupción 2016”. El sondeo arroja para España unos resultados nada sorprendentes pues coinciden, cuarta más cuarta menos, con la idea que tiene el común del alcance del problema: el grueso de la población cree que el grado de corrupción ha subido frente a un 37% que lo considera estancado. Y la localiza el 55% de preguntados en la “Oficina del Presidente del Gobierno”, un 37% en el Parlamento y un 31% en los círculos directivos de las empresas. Les siguen los concejales de ayuntamiento (29%), los líderes religiosos (26%), funcionarios (16%), autoridades fiscales (15%) y en los dos últimos lugares jueces y magistrados (11%) y Policía (6%).

Este cuadro de “preferencias” se presta a comentarios y opiniones encontradas en las que no entro pues lo que interesa del sondeo es que el 80% considera al Gobierno poco activo en la lucha contra la corrupción. Está muy extendida la impresión de que los mandamases, cuando no están directamente implicados, dejan hacer y miran a otro lado para no ver lo que hacen sus correligionarios, con lo que se ahorran problemas y se atienen al sagrado principio de hoy por ti, mañana por mí.

Entre los casos paradigmáticos que aconsejan no meter la nariz en ese dejar hacer, dejar pasar (eslogan original del liberalismo económico, por cierto) figura el de Ana Garrido, la denunciante de la trama Gürtel en el ayuntamiento madrileño de Boadilla, del que era funcionaria. La ocurrencia provocó represalias que han destruido su economía familiar y apuntan a su equilibrio psicológico. A raíz de este caso, los cuatro principales partidos incluyeron en sus propuestas electorales sacar a España del grupo de países de la UE que menos protegen y ayudan a los denunciantes. Nunca es tarde si la dicha es buena.

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