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"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí"

Vladimir Putin y Donald Trump

No pocos comentaristas, supongo que con las mejores intenciones, esperan que 2017 permita olvidar el 2016 que acabamos de dejar atrás. Dada la insistencia del Seprona en que no es no, decidí no entrampar avechuchos silvestres para desentrañarlos y leer el futuro en sus vísceras, como hacían los antiguos, así que encargué al carnicero un par de gallinas con todo. Pero, ya ven, me las entregaron sin vísceras, es decir, pagas la gallina entera y revenden una parte de ella, que técnicamente te pertenece. “¿Y pa qué querías tú esas polquerías, mi amol?”, me dijo la dependienta, sin duda aleccionada.

No me quedó otro recurso que la Prensa, por más que carezca de hígado que elimine las sustancias tóxicas cómo, pongo por caso, el Donald Trump que dentro de unos días colgará el sombrero en la Casa Blanca y que, según las malas lenguas del FBI, pedirá enseguida que le pongan con Putin para decirle ya estoy aquí. Siempre pasa, que les quitas la guerra fría y no saben qué ponerse. 

Ya me referí la semana pasada a los análisis que varios observadores han hecho de la victoria de Trump: hay negros y latinos que le han votado a pesar de los pesares convencidos de que impedirá que vengan de fuera a quitarles sus trabajos y acabará con las deslocalizaciones de empresas, además de desarrollar una política que obligue a regresar a las que se fueron. Ya les dije el otro día que se ha producido un cambio de comportamiento electoral y resulta que los intereses de muchos negros y latinos coinciden con los de sus colegas blancos. Podría decirse que comienza a superarse la diversidad y ya es menos decisivo el voto racial y sexista en el que confió más de la cuenta Hillary Clinton: esperaba ganar, todo el mundo consideraba segura su victoria, cosa que confirmaban las encuestas, pero al seguir con el mismo cliché no advirtieron los cambios en el cuerpo electoral estadounidense. Como si la diversidad y los enfrentamientos llevaran camino de desaparecer en la creciente coincidencia de intereses de trabajadores negros, latinos y blancos. De ser esto así, Trump vendría a ser el verdadero antisistema al que votaron de forma consciente o inconsciente.

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Cualquiera puede ser presidente

Donal Trump, presidente electo de Estados Unidos y Mariano Rajoy, presidente de España.

A menos de un mes de la toma de posesión de Donald Trump, suenan todavía las palabras de Hillary Clinton que calificó de “gente lamentable” a los millones de electores que la dejaron con la miel en los labios. La mayoría de los comentaristas la hacían ganadora y contaba con el apoyo explícito de numerosos artistas, de expertos analistas cercanos a las elites, de profesores universitarios y de periodistas que aún no se han enterado de que el oficio agoniza víctima de su ya escaso crédito. Pero ese es otro asunto.

Interesa ahora que la victoria de Trump dio a Jason Brennan, profesor de Ética y Políticas Públicas en la School of Business de la Universidad de Georgetown, materia para argumentar contra la democracia. Brennan se hace preguntas muy crudas, como la de que si el sistema se orienta a llevar a cabo la voluntad popular, “¿qué pasa si el pueblo no sabe lo que hace?” Le espanta la ausencia de conocimientos políticos, incluso de información elemental, lo que a su juicio descalifica las elecciones.

La impresión general es que a Trump puede aplicarse el chiste que en España se aplica a Rajoy, eso de que disfrutamos de una democracia tan perfecta que cualquiera puede ser presidente. Así, si un hombre como Trump logró alcanzar la Casa Blanca, todo es ya posible. Las cosas son, desde luego, más complejas y distintas las circunstancias, si bien es posible extrapolar a España muchos de los comentarios y análisis de los resultados electorales USA.

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El PP le hizo a Aznar un Pedro Sánchez

José María Aznar, expresidente del Gobierno de España

Aseguran los peperos que Aznar es parte fundamental, esencial incluso, de su patrimonio político. Eso dicen en público y creo estar en condiciones de afirmar que, como mínimo, hay división de opiniones pues, tras lo oído en privado a amigos y conocidos del PP, puedo afirmar y afirmo que hubieran preferido que les legara un buen solar en zona céntrica. Es evidente que para los peperos de corazón, que haberlos háylos dadas las abundancias de las viñas del señor, Aznar no les provoca dolor de muelas alguno porque él es el dolor mismo con esa costumbre que ha sacado de dejarse caer en los momentos menos oportunos para el partido. Pero no puede negársele que carezca de motivos para cabrearse pues debe tener el hombre en carne viva salva sea la parte de castigada por los pellizquitos de monja que le tiran desde el entorno de Rajoy. A los que él responde o ataca, todo hay que decirlo, con pellizcones a mano entera del tipo mordida de caballo y rabia carpetovetónica.

Quizá hubo, en su momento, alguna posibilidad de que las cosas discurrieran por donde barrunto que iba a Aznar para volver en olor de multitudes. Pero si alguna esperanza tuvo, a buen seguro que se esfumó al lograr Rajoy su aplastante mayoría absoluta en 2011.

Siguieron cuatro años en que incordió menos que ahora, cuando ya el PP no cuenta con aquella mayoría, a lanzarle nuevos obuses. Como ese proyecto de nuevos estatutos del partido que se aprobarán seguramente en el Congreso de febrero. En ellos se establece que el presidente de honor dejará de ser vitalicio y se someterá a refrendo en cada Congreso. Demasiado para la altísima opinión que tiene de sí mismo el Aznar rompetechos este intento de humillarlo sometiendo su continuidad como presidente de honor a la votación del partido que le debe casi todo precisamente a él. Hasta ahí podíamos llegar.

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¿Qué parte de Jekyll/Hide no han entendido?

Donald Trump, presidente de Estados Unidos. (Canarias Ahora).

El pasado 16 de noviembre la organización no gubernamental Transparencia Internacional (TI), con sede en Berlín y presencia en más de 70 países, dio a conocer los resultados de su encuesta anual titulada “Barómetro Global de la Corrupción 2016”. El sondeo arroja para España unos resultados nada sorprendentes pues coinciden, cuarta más cuarta menos, con la idea que tiene el común del alcance del problema: el grueso de la población cree que el grado de corrupción ha subido frente a un 37% que lo considera estancado. Y la localiza el 55% de preguntados en la “Oficina del Presidente del Gobierno”, un 37% en el Parlamento y un 31% en los círculos directivos de las empresas. Les siguen los concejales de ayuntamiento (29%), los líderes religiosos (26%), funcionarios (16%), autoridades fiscales (15%) y en los dos últimos lugares jueces y magistrados (11%) y Policía (6%).

Este cuadro de “preferencias” se presta a comentarios y opiniones encontradas en las que no entro pues lo que interesa del sondeo es que el 80% considera al Gobierno poco activo en la lucha contra la corrupción. Está muy extendida la impresión de que los mandamases, cuando no están directamente implicados, dejan hacer y miran a otro lado para no ver lo que hacen sus correligionarios, con lo que se ahorran problemas y se atienen al sagrado principio de hoy por ti, mañana por mí.

Entre los casos paradigmáticos que aconsejan no meter la nariz en ese dejar hacer, dejar pasar (eslogan original del liberalismo económico, por cierto) figura el de Ana Garrido, la denunciante de la trama Gürtel en el ayuntamiento madrileño de Boadilla, del que era funcionaria. La ocurrencia provocó represalias que han destruido su economía familiar y apuntan a su equilibrio psicológico. A raíz de este caso, los cuatro principales partidos incluyeron en sus propuestas electorales sacar a España del grupo de países de la UE que menos protegen y ayudan a los denunciantes. Nunca es tarde si la dicha es buena.

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Fidel enterró el siglo XX

Fidel Castro, histórico líder cubano. (EFE).

Diré a quienes no saben o no recuerdan que guardias de asalto eran los miembros del cuerpo de choque creado en la II República antecedente de los grises del franquismo en costillares de estudiantes revueltos y trabajadores descontentos. No había nada personal, sólo trabajo. Y les diré, también, que uno de aquellos guardias, muy conocido en Las Palmas, era Juan Pintona, que debía el dichete a su notable estatura.

Casi todos los días, al acabar el servicio, paraba Juan en el bar de Pepe, en Mesa de León, casi en la esquina de Obispo Codina, frente al desaparecido Puente de Piedra. Era bochinche de paso para los que venían de trabajar camino de sus casas en San Nicolás, San Roque, San Juan, San José, o sea, las partes altas, ya saben, de Vegueta y Triana. Era un local amplio y profundo que frecuentábamos los estudiantes para jugar a la “tronera”, como llamábamos al billar americano, lejos del papanatismo de hoy en que si no te mentan en inglés hasta el potaje de berros es porque los de Firgas son muy suyos y sólo llaman watercress a los de exportación. Los berros, se entiende.

Allí oíamos las conversas y las indignadas confidencias de los parroquianos que los rones y enyesques calentaban sin que nadie perdiera la compostura, eso sí que no. Al alcanzar los ánimos el punto crítico de sulfuración alguien formulaba la terminante conclusión de que “¡aquí lo que hace falta es un Fidel Castro!” sin que el silencioso asentimiento hiciera mella en Juan, que ni se inmutaba ante tan revolucionario parecer. El impasse, que así llaman los redichos al punto muerto de toda la vida, lo rompía enseguida ya con el pico caliente vuelto hacia Pepe: “¡Anda! ¡Échanos otro pizco áhi, que ésta la pago yo!”.

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Rita Barberá y las hienas

Rita Barberá, exalcaldesa de Valencia. (EFE)

Pablo Iglesias se pasó unos cuantos pueblos al negarse a guardar un minuto de silencio por Rita Barberá. Cosa lógica si tenemos en cuenta que en las asambleas de Facultad la misma juventud de los participantes reduce, por no decir que elimina, por su juventud la posibilidad de contar con el difunto imprescindible para debatir si ese minuto de silencio es homenaje al muerto o acto de simple cortesía. Creo que la afición de Iglesias a montar números epatantes ha traicionado en esta ocasión las costumbres funerarias del país; como creo que su actitud lleva implícita la condena de Barberá por delitos de los que todavía no estaba acusada formalmente y no hay, por supuesto, sentencia. Desde luego, es difícil de creer que nada supiera Barberá de lo que ocurría en el seno del partido que controlaba, pero la simple sospecha no elimina el principio del in dubio pro reo, ni la presunción de inocencia, su pariente cercano. No creo que Iglesias le haya hecho favor alguno a su formación, sino todo lo contrario.

Con todo, en esa carrera de despropósitos hay otros corredores que van más rápido. El ministro de Justicia, Rafael Catalá, por ejemplo, ha culpado de la muerte de Barberá a quienes han dicho o escrito “barbaridades” sobre la difunta; lo que me deja en la duda de si pretende convencernos de que todo cuanto ha circulado es mentira o si se trata de un guiño para que los medios dejen de informar de lo que hay.

Desde luego, hay mucho atrevido por ahí largando en medios poco escrupulosos y ni les cuento de las redes sociales y lo que está tardando el Gobierno en adoptar medidas legales no de censura sino para que los medios respeten escrupulosamente de la veracidad de lo que se informa. Una correspondencia que, por cierto, ya contempla la ley y que, ya ven ustedes, ya debió de aplicarse cuando desde las filas del PP y su entorno acusaban de casi todo a Zapatero; entre otras cosas, nada menos que de actuar de consuno con ETA para el terrible atentado de Atocha con el objetivo de asegurarse el triunfo en las dramáticas elecciones de 2004. Desde aquella fecha hasta no hace los peperos las han largado de todos los colores contra sus adversarios políticos. Su contribución al clima de tensión, con episodios de evidente crispación desde que Zapatero les ganó, es algo que debería recordárseles cuando tratan de abrigarse con piel de cordero. Porque desde 2004 hasta prácticamente ayer no cesó el PP de culpar a los socialistas hasta de las pertinaces sequías.

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De Trump al reprobado Fernández

Donald Trump, presidente de EE.UU y Jorge Fernández Díaz, ex ministro del Interior

Con Trump ha dejado de ser un chiste que la democracia USA es la mejor del mundo porque cualquiera puede llegar a presidente. Las adhesiones y rechazos que suscita la figura del presidente electo han sido aireados por la Prensa que ahora lleva unos días entretenida con las dificultades trumpianas para formar el equipo que asegure el traspaso de poderes y con los esfuerzos de Obama para convencer a su sucesor de que no sea tan bruto. Lo cierto es que de este hombre se ha dicho ya casi todo, incluso de su apariencia de personaje exagerado de comic con esa pelambrera imposible y extraños gestos y mohines faciales debidos, quizá, a que los hace en inglés. Me recuerda y crean que lo siento al Joker enfrentado no recuerdo bien si a Superman o a Batman.

Pero no son los excesos de Trump los que llaman la atención sino que al otro lado está Hillary Clinton considerada representante del sistema contra el que, por lo visto, va el nuevo presidente. Cosa que, traducido a la política española, convierte al multimillonario xenófobo y machista en antisistema total, o sea, en correligionario de Pablo Iglesias al que financian, como todo el mundo sabe, Venezuela e Irán y no sé si Cuba, que para el imaginario de la derechona han sustituido a la URSS en el diabólico empeño de liquidar a la católica España. La derechona sabe que no es cierto y que así lo ha proclamado en más de una ocasión los tribunales, pero sigue erre que erre.  

Algo falla, pues, porque si resulta evidente que Hillary Clinton encarna al sistema, no puede decirse lo contrario de Trump si consideramos signo externo definitorio sus nada corrientes cuentas bancarias. Es más del sistema que el que lo inventó. Lo que me lleva a la conclusión de que entre dos contrincantes sin duda pertenecientes al sistema se lleva el gato al agua el más eficaz engañando a los electores; o entendiéndolos, que pudiera ser.  

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Todos somos estadounidenses

Bandera estadounidense ondea al viento. (DP).

Al saber que había ganado las elecciones, Donald Trump agarró el micrófono y se deshizo en elogios para su rival, la misma a la que amenazó con meterla en la cárcel por corrupta. No le regateó lindezas de todos los colores de pronto olvidadas para resaltar cuanto le deben los USA a sus largos años de duro trabajo. Por su parte, Hillary Clinton, la dolorida, se ofreció a ayudar al nuevo presidente, cosa que también hizo Obama, en la tarea que le espera en un tono que iba más allá de la simple cortesía o de un fair play no observado durante la larga y dura campaña. Los tres se dijeron dispuestos a trabajar en beneficio del país, lo que, como digo, forma parte de la tradición aunque tenga la impresión de que esta vez hicieron especial hincapié en la necesidad de esforzarse en restablecer la unidad de los estadounidenses. Esa que Trump, reconvertido en antisistema feroz para mejor subrayar la pertenencia de Clinton al sistema, ha puesto en un brete con su agresividad; la que José Miguel Ruano, responsable de organización de CC, considera “expresión de populismos como el de Podemos, Le Pen y Syriza”. Con lo que se lució tanto como Australia Navarro, del PP, quien dijo valorar la moderación de Trump “al saberse ganador” y mucho menos que el socialista Iñaki Lavandera para quien el presidente electo suma todo lo malo: su política energética, asegura, “es la del PP y la comercial la de Podemos”. Y el pelo rubio teñido, puesto a decirlo todo.

Le diría a Ruano que me guarde un huevo de echadura de gallinas diferentes. Dado que no se tomó la molestia de aclarar qué cosa sea el populismo, me fui al diccionario de la RAE que lo define como “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”, lo que valgan verdades tratan de conseguir todos los partidos y ni les cuento precisamente del suyo: ha abaratado tanto la canariedad que no puede sorprender a nadie que el palabro se use despectivamente. En cuanto a Australia Navarro, mandamás del PP canario no sé qué decirles que ustedes no sepan. Porque, la verdad, eso de valorar positivamente la moderación sobrevenida al enterarse de su triunfo no se entiende sino como justificación de la terrible campaña en la que llegó a anunciar que sólo aceptaría los resultados si ganaba él y denunció, en la jornada de votación, que las máquinas utilizadas computaba sobre la marcha a Clinton votos emitidos a su favor; de él claro. Me gustaría saber cómo valora la mentada Navarro los ocho años del PP largando contra Zapatero acusaciones como la de haber pactado con ETA el atentado del tren de Atocha para satisfacer su ambición presidencial; o la campaña permanente de negar la autoría etarra para que no se le descuadrara el argumento y justificar las constantes injurias. No haré aquí relación de las barbaridades que largaron y las que siguieron largando, a diferencia de Trump, una vez que Rajoy alcanzó La Moncloa. Fueron años en que el PSOE hizo el canelo, subespecie simplona, no sé si porque es su natural o porque no era Zapatero santo de la devoción de los barones que, mutatis mutandis, vienen siendo los mismos que acaban de poner en la calle a Pedro Sánchez. Quiero decir que no viene muy a cuento lo de Lavandera para quien Trump suma todo lo malo, pues “su política energética es la del PP y la comercial la de Podemos”. Si él lo dice, así será; o no.

El portavoz de CC, José Miguel Ruano

El portavoz de CC, José Miguel Ruano Flickr Parlamento de Canarias

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¿Cambio? ¿Qué cambio?

El rey recibe a los nuevos ministros

Rajoy amenazó con que todo seguiría igual y ha cumplido. No puede reprochársele nada porque sus advertencias fueron claras. El error fue de Albert Rivera y Ciudadanos si creyeron, de verdad, que burro viejo puede aprender idiomas. Así y todo pensé que igual la lista del nuevo Gobierno traería alguna novedad que comentar, todo apunta a que las cosas seguirán igual y que las novedades lo son, como mucho, de reajustes internos entre los “sorayos” y los que osen rechistar más otros de menor cuantía. Nada de interés para el personal de a pie.

De cara a la calle, me parece significativo que Iñigo Méndez de Vigo, ministro de Educación, vaya a ser portavoz del Gobierno; o que Juan Ignacio Zoido sustituya en Interior al impresentable Fernández Díaz. En el primer caso, imagino que habrá influido que haya conseguido calmar un tanto las aguas revueltas por su antecesor, el ineféibol Wert; habilidad que puede contribuir a una mejora de las relaciones con los medios entre los que se ha entronizado una imagen poco favorecedora del presidente. Aunque, vayan ustedes a saber: la realidad es que los prestigios de Rajoy como gallego en ejercicio, combinados con la sensación de que en realidad no se entera, lo alejan, a ojos de la gente, de sus grandes responsabilidades políticas como presidente del partido de la corrupción. Debe ser esta forma suya de escabullirse especialidad gallega porque de Franco también oías decir por esos campos que era buena gente y que los sinvergüenzas eran sus ministros.

Por si a alguien se le pasa por la cabeza la idea de que Soraya Sáenz de Santamaría ha caído en desgracia al quitarla de portavoz, fíjense que no sólo la mantiene Rajoy en la vicepresidencia sino que le encomienda las administraciones públicas, es decir, las relaciones con las comunidades autónomas. Este cuidado lo tenía hasta ahora Cristóbal Montoro, que apenas se ocupó del asunto porque como ministro de Hacienda su función era putearlas en su caracterización principal de ministro recortador. No es torpe invención liberar a Montoro de semejante papeleta para que refuerce su full time y pueda dedicarse a buscar de donde recortarnos los 5.500 millones comprometidos con Bruselas para 2017 y los otros tantos para 2018. Soraya, ya saben, ha logrado sentarse con Oriol Junqueras y conversar con él largo rato sin que corriera la sangre y a lo mejor fue eso lo que decidió a Rajoy.

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El bonito juego de las dos sillas

Coalición Canaria coquetea con diferentes fuerzas políticas, sin tomar una decisión clara. (CA).

Si no es así, lo parece. Me refiero a las ganas que tienen socialistas y nacionalistas de prescindir mutuamente los unos de los otros; o sea, el PSOE y ATI ampliada ma non troppo. Y digo que parecen tenerla, las ganas, porque miren que los nacionaleros les han hecho feos a sus sin embargo socios que no han venido a reaccionar hasta hace un par de días; sin que tampoco sea seguro eso de que José Miguel Pérez le ha propuesto a Antona un apaño para sacar del Gobierno a los áticos y sus nacionaleros agregados al descubrir, repentinamente por lo visto, que llevan veintitantos años en el Gobierno. Y uno creyendo que habían conseguido su récord gracias justamente al juego de las dos sillas en que los dichos nacionaleros ocupan de fijo una de ellas y disponen a conveniencia quien ocupará la otra, todo, eso sí, con un sentido del equilibrio interinsular tan exquisito que la vicepresidencia (antes) recaía en grancanario/a colaboracionista dando por descontado que en la llamada “isla redonda” se ambicionaba semejante honor de consolación más allá de los estrictos ámbitos profesionales de la política.

Mucho ha tardado José Miguel Pérez en darse cuenta de que no tenía que aguantar carros y carretones en lo que toca a Gran Canaria, pero por último, se decidió a dar el paso no de coger puerta sino de echar por la ventana a sus sin embargo socios. Lo que, sospecho, debe ser un simple globo sonda para comprobar si cabe ya entonar el “amigos que fuimos” equivalente al “¡adiós muchachos!” sin argentinos. Digo yo que estará Pérez hasta los pinjantes del sorroballo y que le llenó la buchaca el añadido al juego de las dos sillas del no menos entretenido del “policía bueno y el policía malo”, en que Fernando Clavijo, el buenazo de la supuesta comisaría, asegura que sigue queriendo estar con el PSOE mientras Carlos Alonso, el malo, dale que le pega al mono hasta que hable inglés.

Si el asunto no está claro y conviene esperar a que acabe de disolverse el tiro de gofio de José Miguel Pérez, una vez haya sacado sus conclusiones (ahí es nada un historiador metido en experimentos de ciencia impura) ni les cuento si lo pasamos por Madrid donde resulta que Rajoy está de lo más agradecido a Ana Oramas, a la que ve como una especie de Juana de Arco a la que le debe no el Trono, que sería demasiado pedir, pero sí un tiempito más en La Moncloa que retrase el momento en que se vea obligado a convocar elecciones anticipadas. Porque, queridísimos míos, no coneja el agradecimiento a Oramas, es decir a CC, con que ahora el PP se compinche con el PSOE para bajar a los nacionaleros del machito. Aunque todo pudiera ser. Es por eso que comprendo la desolada viñeta de El Roto que resucita a Franco en el momento de explicar cosa parecida a que para evitarle a los españoles quebraderos de cabeza proscribió Él las elecciones.

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