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El blog de Carlos Sosa, director de Canarias Ahora

La empresa del agua de Santa Cruz de Tenerife sigue siendo un saco sin fondo

Carlos Sosa

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La Empresa Mixta de Aguas de Santa Cruz de Tenerife (Emmasa) sigue siendo un saco sin fondo para su Ayuntamiento. Lo fue desde sus inicios, cuando la mayoría de Gobierno, con Miguel Zerolo (Coalición Canaria) al frente, le otorgó a Sacyr Agua la explotación de esa compañía y consecuentemente la gestión del ciclo integral del agua a cambio de una millonaria aportación (59 millones) que se le fue devolviendo ilegalmente hasta que se descubrió el chanchullo. Ahora, 19 años después, hay que pagarle a la empresa, de la que el consistorio tiene menos del 5%, 10 millones de euros en concepto de lucro cesante por haberse mantenido concegaladas las tarifas entre los años 2015 y 2023, según el grupo de gobierno “por ser los años de mayor crisis económica”.

Para habilitar la correspondiente modificación presupuestaria, el Ayuntamiento celebró este viernes un pleno extraordinario en el que volvieron a aflorar fantasmas del pasado siempre agazapados en esa Corporación. De entrada, el concejal de Hacienda que defendió la propuesta, José Alberto Díaz-Estébanez, era el mismo que firmó desde el mismo puesto el famoso pelotazo de Las Teresitas, cuyo quebranto económico de 52 millones para las arcas municipales se pretendió resarcir precisamente con los 59 millones de euros ingresados por Sacyr para hacerse cargo de Emmasa, dinero que Coalición Canaria decidió, acto seguido, írselos devolviendo durante los siguientes veinticinco años.

Pero ahora Coalición Canaria gobierna con el PP y el concejal encargado de los servicios públicos, entre ellos el del agua, es Carlos Tarife, que acusó “al socialismo” de pretender que los chicharreros se queden sin agua o que no se depure bien, poco más o menos. Y todo porque la portavoz del PSOE y exalcaldesa de la ciudad, Patricia Hernández, rechazó el acuerdo que se llevaba a pleno por considerar excesivos los 900.000 euros de intereses que habrá que pagarle a Emmasa, que no desembolsó ni un euro por tal concepto por la famosa devolución de los 33 millones (a 3,3 al año, durante diez) que ha se había quedado indebidamente de los 59 adelantados por Sacyr.