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Televisión Canaria: la que se avecina

Santiago Negrín, presidente del Consejo Rector de RTVC.

A la hora en que usted está leyendo esto puede que el consejo rector de la Radiotelevisión Canaria ya haya adjudicado por el conducto reglamentario los programas con los que la cadena pública obsequiará a sus sufridos telespectadores esta próxima temporada. Si nos atenemos a las promesas lanzadas el día de su toma de posesión -con posterior vino español- del actual presidente de la cosa, Santi Negrín, deberíamos asistir a toda una revolución en la manera de diseñar una parrilla de una cadena  pública. Tendrían que ofrecernos programas de clara vocación de servicio público que atiendan a las premisas de formar, informar y entretener y a la variable económica y de protección y fomento de la industria audiovisual canaria, algunos de los principios inspiradores del invento. Una programación destinada a vertebrar Canarias a través de la información y la divulgación, a través del conocimiento y la cultura, a través de la creación y las inquietudes de sus habitantes. Eso cabría esperar, sobre todo después de que el Parlamento instara al Gobierno a inyectar más presupuesto y éste, tras tomarse su tiempo, haya accedido no sin antes cumplirse la imposición del presidente Clavijo de que los suyos metieran mano en esa casa de locos.

Sin embargo, es más que probable que nos encontremos con una programación a la altura del disparate en que se ha convertido la Radiotelevisión Canaria desde que los nuevos tiempos de Coalición Canaria asaltaron el poder al grito de “¡muerte al Paulinato!”, creyendo sus ejecutores que cualquier cosa que hicieran mejoraría la etapa del defenestrado Willy García, el último director general. Los han hecho buenos, como se puede apreciar en la presente gráfica: en las audiencias, en la gestión, en el funcionamiento de su consejo rector, en la credibilidad del medio y en el estrangulamiento que ha sufrido la industria audiovisual estos últimos quince meses.

Nos encontraremos, seguramente, con una parrilla diseñada al gusto de los amigos del Clavijismo, los que durante los años del Paulinato vociferaron a los cuatro vientos que aquella televisión era un desastre de vicio y corrupción y que había que dejarlos a ellos hacer lo que ahora han hecho. Veremos cómo se resuelve la frenética búsqueda de Enrique Hernandis (Mediareport) de marcas blancas con las que presentar ofertas que permitan diluir en el listado de agraciados la repetición de sus adjudicaciones. Veremos en qué queda la influencia del consejero Alberto Padrón (Partido Popular), más conocido como Carpanta por su tendencia irrefrenable al canapé, en sus gestiones para que se tenga en cuenta la “propuesta global” que ha presentado su patrocinado (y de Soria) Nacho Brea. Veremos cómo los nuevos mandarines televisivos protegen, hasta el límite mismo del ridículo al programa Noche de Taifas, particularmente por su presentador, Elvis Sanfiel, amigo íntimo del alcalde-presidente. Veremos cómo suprimen de la parrilla de la tele pública el único programa de entretenimiento ampliamente seguido por la audiencia, En Clave de Ja, que desaparecerá en las próximas semanas desarticulando un amplio equipo de profesionales que giraban por todo el Archipiélago con una exitosa fórmula.

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La jugada casi perfecta de Clavijo

Fernando Clavijo (i), Carlos Alonso (2d) y Rosa Dávila en la conferencia que ofreció la consejera en Las Palmas de Gran Canaria / Elvira Urquijo A., Efe

Todo se le torció a Fernando Clavijo cuando desde sus propias filas le preguntaron si se había vuelto loco respaldando la moción de censura de Granadilla. Hasta ese momento, el alcalde-presidente de Canarias dejaba actuar a los suyos a su libre albedrío en aplicación de la estrategia de recuperar todo el poder local que fuera posible en la isla de Tenerife, para revertir lo que las fuerzas vivas de la siempreviva ATI (la Agrupación Tinerfeña de Independientes) consideraron una rendición de Paulino Rivero en la última de sus legislaturas. En ese momento encargó al secretario general de Coalición Canaria y viceconsejero de Presidencia, el leal y diligente José Miguel Barragán, que tratara de arreglar el entuerto, que convenciera a los censurantes de Granadilla de una marcha atrás imposible. Imposible porque ya se habían cerrado todas las conversaciones con Asier Antona, el presidente del Partido Popular, que para entonces ya repartía cargos sin esperar a la votación del martes; imposible porque ya se le habían resuelto los problemas económicos al concejal de Ciudadanos decisivo para el éxito de la escaramuza granadillera; imposible porque la CC de la localidad tenía muy claro que no daría marcha atrás teniendo como tuvo la bendición del líder del PP en la isla y alcalde-presidente de toda la región. Nadie les pidió jamás que retiraran la censura, quizás porque sabían que era una pérdida de tiempo.

Barragán hizo lo que pudo. Negoció hasta la extenuación con los suyos y con el PSOE, y hasta llegó a comprometer su cargo como secretario general si fracasaba en el intento. Por el camino quiso escamotear la traición de su partido tras una traición del PSOE, pero las cuentas no salieron y acabó por reconocer que quienes volvieron a faltar a la palabra dada fueron los nacionalistas canarios. Mantuvo el tipo hasta el final, pero este mismo miércoles, al ver la reacción de toda la organización, incluyendo un sector significativo de la isla de Tenerife, ya tiró la toalla y anunció que el sábado hará efectiva su dimisión ante los órganos de su partido. El Hierro, La Palma, Lanzarote y Fuerteventura han mostrado su rechazo al modo de actuar que ha acabado con el pacto regional, y hasta puede que esta semana se haya plantado la semilla de una próxima ruptura en el seno de CC.

Con su renuncia –si se consuma- Barragán salva el cuello al verdadero autor intelectual de esta nueva traición de Coalición Canaria al PSOE, el alcalde-presidente Fernando Clavijo, que no desaprovechará la oportunidad para colocar en el puesto de número dos del partido a alguien de su más absoluta confianza, alguien del tipo José Miguel Ruano o Rosa Dávila. Las organizaciones insulares ajenas a Tenerife volverán a poner el grito en el cielo.

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¿Es Coalición Canaria un partido de tramposos?

El secretario general de CC, José Miguel Barragan (d), muestra unas anotaciones a Julio Cruz, antes de comenzar una reunión. (EFE/Cristóbal García).

En el PSOE de Canarias parece que ya han dicho “hasta aquí hemos llegado”. Su cúpula, que se ha mantenido en respetuoso silencio ante la sucesión interminable de traiciones y desplantes por parte de Coalición Canaria, ha dado el ultimátum definitivo a su socio de gobierno: si se consuma la moción de censura en Granadilla, el pacto se rompe. Lo sabe desde el sábado Coalición Canaria, que para escapar de sus propias contradicciones internas se ha inventado la existencia de un acuerdo con el PSOE según el cual la asonada granadillera se detendría si abandonaba el grupo de gobierno uno de los concejales socialistas, el inquieto Nicolás Jorge, o dos concejales, que a estas alturas nadie se aclara. Un acuerdo inexistente, como vienen clamando desde el viernes los dirigentes del PSOE, que llamaron a todos los medios informativos para desmentir –antes de que se publicara- la noticia que al  día siguiente divulgaron los periódicos de Prensa Canaria. “Que enseñen ese documento”, insiste el secretario general de los socialistas canarios, José Miguel Pérez. El documento apareció la tarde de este lunes mediante comunicado de los nacionalistas, pero sin firma alguna. Nunca existió.

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Crisis en Santa Brígida: lo dice la calle Tenderete

Centro comercial a medio construir en el centro de la Villa de Santa Brígida, conocido como 'el mamotreto'.

Ocupa el puesto trigésimo segundo en el ranking de los municipios más ricos de España, con 30.516 euros por cabeza, y el primero también en titulados universitarios. La Villa de Santa Brígida, con algo menos de 19.000 habitantes, tiene riquezas etnográficas en La Atalaya, recuerdos imborrables de la corrupción en el mismísimo casco (el famoso mamotreto, un centro comercial paralizado durante una década que no hay manera de derruir), y asentamientos residenciales de alto nivel que vienen a ser los que elevan la renta per cápita. Tras muchas legislaturas de gobiernos municipales del Partido Popular, las elecciones de 2015 arrojaron tal dispersión del voto que, para desalojar a los populares, hizo falta un pacto de cinco partidos de la oposición. Y fruto de esa amalgama, las naturales inestabilidades. Cinco partidos en el gobierno y tres en la oposición dan para mucho, y del mentidero de la villa, la calle peatonal Tenderete (un homenaje al legendario programa folklórico de Televisión Española en Canarias), salen rumores para todos los gustos. Quien controle la rumorología que parte de esa vía tiene gran parte de la opinión pública a su favor, a lo que se une un orondo bloguero condenado por estafador (y lo es) y una revista trimestral que antaño financiaba íntegramente el Ayuntamiento en la que ahora solo se publican unas páginas de pago con información municipal (más lo que su editor considere).

 

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La sentencia absolutoria que se le vuelve en contra a la presidenta del PP de Fuerteventura

Eligio Hernández y Águeda Montelongo, antes de entrar en el Palacio de Justicia de Las Palmas de Gran Canaria para el juicio del caso Patronato. (ALEJANDRO RAMOS)

A Águeda Montelongo, la presidenta del PP de Fuerteventura, se lo advirtieron desde el primer momento: no presumas mucho de esta sentencia porque está cogida con alfileres. El TSJ de Canarias la absolvía por sorpresa el pasado mes de diciembre de 2015, en plena campaña electoral, de los delitos por los que se sentaba en el banquillo: prevaricación, falsedad documental y malversación. Montelongo había ordenado pagar con dinero del Patronato de Turismo de Fuerteventura diversos agasajos (hoteles y coches de alquiler, básicamente) a varios altos cargos de su partido de visita a la isla. Era una condena de libro, pero milagrosamente tanto ella como los otros dos acusados resultaron absueltos.

Pasado un tiempo que ella debió creer prudencial, Águeda Montelongo se olvidó de los sabios consejos y, probablemente empujada por su imprudente abogado, Eligio Hernández, desempolvó la sentencia y la presentó ante el Cabildo de Fuerteventura para que le fuera abonada la minuta de su letrado, nada menos que 15.000 euros. Fue una mala idea porque esa exigencia dineraria ha provocado el efecto que trataron de evitar sus buenos asesores: que recordemos esa sentencia y algunos de sus aspectos más llamativos.

1) ¿Quiénes formaron el tribunal que absolvió a Águeda Montelongo ? Fueron tres magistrados. Lo presidió el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, a quien acompañaron el presidente de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del mismo alto órgano y el polémico magistrado Salvador Alba Mesa, investigado ahora por corrupción judicial, miembro de la Sala Sexta de la Audiencia Provincial de Las Palmas, la salsa de todos los platos, el juez que últimamente aparece en todos los casos de corrupción de resonancia mediática.

2) ¿Pero quién llevó el peso del juicio? Salvador Alba Mesa fue el magistrado que se remangó durante el juicio del caso Patronato, especialmente para acorralar al principal testigo de cargo que tenía Águeda Montelongo: Santiago Santana, trabajador del Patronato de Turismo colocado allí por el Partido Popular. A Santana el PP trató de endosarle en la fase de instrucción toda la responsabilidad de lo ocurrido con las cuchipandas a dirigentes del partido (lo ratificaron en el juicio dos testigos más), pero sólo confesó que la orden provino directamente de Águeda Montelongo cuando fue interrogado ante el tribunal. Fue precisamente esa contradicción entre lo que dijo en la fase de instrucción y lo que dijo en la vista oral lo que valió al tribunal para dudar de su testimonio, y en gran medida absolver a la presidenta del PP canario y diputada regional.

3) ¿Qué hace en el TSJC el magistrado Alba? Salvador Alba Mesa se presentó voluntario a formar tribunal para este juicio, como hace habitualmente para sustituir a jueces en todas las jurisdicciones de la provincia de Las Palmas. A pesar de estar siendo investigado por corrupción judicial por haber participado supuestamente en una conspiración contra la magistrada Victoria Rosell, ex diputada de Podemos, sigue actuando con absoluta normalidad. Este mismo martes se conoció la sentencia del caso Calero, en cuyo tribunal también se sentó Alba. Igualmente ha sido designado como ponente para presidir el primer juicio de relieve del caso Unión, la investigación por corrupción más grave jamás detectada en la isla de Lanzarote.

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La que le prepara Coalición Canaria al PSOE en Granadilla

El alcalde de Granadilla de Abona, Jaime González Cejas.

Nada es casual en las constantes arremetidas de Coalición Canaria al PSOE. Como ocurriera con el escándalo de Las Terestias, cuyos beneficiarios conocieron con antelación una sentencia del Supremo que los colocaba en posición de negocio, alguien debe manejar información judicial de primer nivel para saber que “en diez días” el juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 3 de Granadilla de Abona dictará auto de apertura de juicio oral contra el alcalde de la localidad, Jaime González Cejas, y varios de sus colaboradores de ahora y de antes, todos ellos del PSOE, por diversos presuntos delitos relacionados con la corrupción urbanística. La cuestión no es baladí ni por supuesto casual porque ese plazo, esos diez días fantásticos de rebajas en la planta joven, son los que han manejado los estrategas de la moción de censura para poner nuevamente al PSOE contra las cuerdas con la complicidad nada disimulada de los dirigentes de CC, sector ATI-Tenerife.

La jugada es perfecta, de manual: los concejales de CC en Granadilla, apoyados por los del PP (mira tú qué casualidad) y por el de Ciudadanos (el que estuvo negociando lo mismo en mayo de 2015 en el despacho de Clavijo) meten una moción de censura contra el alcalde Jaime González Cejas. El PSOE reacciona con enorme indignación reclamando ostensiblemente a su socio regional que haga desistir a sus concejales granadilleros, so pena de que se rompa el pacto. Los mandarines de CC hacen como que se sorprenden, montan en cólera y proclaman urbi et orbi que la asonada les ha cogido por sorpresa, que ésta sí que no se la esperaban. Por lo tanto, ordenan a sus compañeros de Granadilla que depongan su actitud con la amenaza explícita de ser expulsados si no retiran la moción de censura en 24 horas. Pasan 24, pasan 48 y pasan 72 y la acción no es retirada. Nadie es expulsado.

Casualmente, durante ese plazo el presidente del Cabildo de Tenerife, Carlos Alonso, principal ariete de ATI contra el pacto con el PSOE, saca sus tanques a la calle y toma posiciones: quizás sería bueno que el alcalde de Granadilla dimita, así se resolvería el conflicto, lanzaba este pasado sábado. Nadie lo desdice, nadie lo desautoriza.

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Un suplicio de pacto

El presidente y la vicepresidenta del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo y Patricia Hernández.

Tocaba Granadilla. Y hasta mucho había esperado ATI, el núcleo irradiador de Coalición Canaria en Tenerife, para asaltar la alcaldía de ese municipio. Se supo que esa iba a ser la intención pocos días después de las elecciones locales y autonómicas de mayo de 2015, cuando recaló por el Ayuntamiento de La Laguna el concejal de Ciudadanos Arquipo Quintero. Fue a reunirse con Fernando Clavijo, presidente in péctore de Canarias pero por entonces aún alcalde-presidente lagunero en lo que se constituían las corporaciones y el Parlamento regional. Acordaron levantarle la alcaldía al PSOE en lo que iba a constituir la primera incongruencia de Ciudadanos (“nunca pactaremos con un partido nacionalista”) y la primera traición al por entonces non nato acuerdo regional. Por eso el PSOE puso en el texto del pacto de gobierno con Coalición Canaria específicamente que Granadilla era intocable, y por eso los dirigentes nacionalistas locales tuvieron que apoyar al alcalde socialista Jaime González Cejas, uno de los pocos socialistas imputados que el PSOE ha dejado escapar.

Por lo tanto nadie puede llamarse a engaño ante esta moción de censura en Granadilla, simplemente porque detrás de ella estuvo desde el primer momento –y posiblemente siga estando hoy- el presidente Clavijo.

Hace bien Julio Cruz, secretario de Organización del PSOE, en dar por fenecido el acuerdo de su partido con CC si prospera esta moción de censura, porque tiene todas las papeletas para prosperar. La Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI) necesita aglutinar todo el poder local que pueda para poder reconstruirse como siempre, desde el poder, una vez todos los indicios apuntan a que su desgaste parece imparable.

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Palabra de Amid Achi

El empresario Amid Achi (Foto: TV Canaria)

A Amid Achi ya se la había pasado el susto aquel agosto de 2001 en el que telefoneó a Santiago Pérez. Se acababa de enterar de que la operación de Las Teresitas había entrado en los tribunales de justicia y que aquello que tenía todo el color, el olor y el sabor de la corrupción podía acabar mal. Fue entonces cuando lo contó por primera vez fuera de sus círculos más íntimos: el vicepresidente de CajaCanarias, a la sazón Nicolás Álvarez, le había coaccionado en el verano de 1998 para que cambiara su voto negativo por una abstención ante la petición del préstamo que iba a poner en marcha el pelotazo de la playa de Santa Cruz de Tenerife. No lo denunció, cambió su voto porque le parecieron suficientes las advertencias de aquel cargo político, exconsejero de Industria en un Gobierno de Jerónimo Saavedra, que un día desapareció de la faz de la tierra como si lo hubieran mandado esfumarse los mismos que le ordenaron ir con el recado al empresario sirio.

Amid Achi le indignaba aquello, pero pesó más el poder que representaban los actores en presencia: Ignacio González Martín, Antonio Plasencia, Miguel Zerolo… y las fuerzas vivas de la sociedad tinerfeña que lo habrían señalado como un traidor. Pero si se asustó y cambió su voto negativo por una abstención desde luego no se lo calló nunca.

A Santiago Pérez, por entonces secretario general del PSOE de Tenerife, se lo contó todo con la misma precisión con la que lo hizo este martes en la sala de vistas de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife, donde se juzga al alcalde de la capital, Miguel Zerolo, a los empresarios González y Plasencia, al ex concejal Manuel Parejo y a varios funcionarios de la Corporación por esa operación de Las Teresitas.

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Soria y Zerolo

José Manuel Soria y Miguel Zerolo en 2004, cuando el bigote lo llevaba el primero y no sospechaban ni por asomo que saldrían de la política por la puerta de atrás.

La última vez que alguien de cierto relieve en Coalición Canaria defendió el escandaloso pelotazo de Las Teresitas fue el 23 de febrero de 2009. Y ese alguien lo dijo así: El escándalo de Las Teresitas “fue algo que surgió con un acuerdo político, y con la intención de recuperar la playa para el pueblo de Santa Cruz, y al final se ha judicializado y utilizado como arma política, y lo que tenemos ahora mismo es una paralización de Las Teresitas, en medio de una batalla. Yo no sé cómo va a acabar, pero creo en la inocencia de todos los cargos políticos. Pero a la gente que han cogido en medio la han crucificado. A Miguel Zerolo lo han crucificado, azotado públicamente, denostado… ya la pena la cumplió. Lo que venga detrás ya da igual”.

Estas reflexiones tan profundas, coincidentes en la esencia con lo manifestado por el acusado en la antesala del juicio, este viernes, las hizo el hoy presidente del Gobierno, Fernando Clavijo, al periodista Francisco Pomares cuando éste era un lustroso colaborador de La Provincia en medio de una entrevista en la que el ex alcalde de La Laguna se confesaba independentista o, como mínimo, partidario de que Canarias sea un Estado libre asociado. Un Estado portorriqueño, para entendernos.

Ni una sola voz más de Coalición Canaria se ha descolgado desde entonces defendiendo la honorabilidad o la inocencia (no tienen por qué coincidir ambas virtudes) de Miguel Zerolo, ni siquiera en los días previos al juicio que comenzó este viernes en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife por el escándalo de Las Teresitas. Y eso que el ex senador y ex alcalde la capital tinerfeña fue en su momento el cachorro de Manuel Hermoso mejor colocado para convertirse en su sucesor y, consecuentemente, en el líder de las más grandes empresas nacionalistas canarias. Zerolo se creyó tan a pie juntillas lo de la impunidad y lo del funcionamiento implacable de la maquinaria empresarial y financiera de la Agrupación Tinerfeña Independiente (ATI) que llevó hasta sus más flagrantes extremos, sin disimulo y en plena plaza pública, las prácticas habituales del régimen en la isla.

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Otra vez obligado a renunciar

José Manuel Soria con el presidente de la Confederación Canaria de Empresarios de Las Palmas, Agustín Manrique de Lara

Lo dije cuando dimitió y todavía hoy lo sostengo: José Manuel Soria sigue vivo, vivito y coleando. Y seguirá intentando sacar la cabeza de su madriguera cada vez que tenga ocasión. Está absolutamente convencido de que todo el mundo tiene que rendirse a sus pies, que todas sus decisiones son justas e incontestables; que somos los demás los que nos equivocamos y los que nos comportamos de manera inmoral. Por eso tuvieron que gritarle al oído Cospedal y Rajoy que se marchara, que dimitiera, cuando quedó al descubierto su trama empresarial en paraísos fiscales y su altísima capacidad para mentir. Fue de tal calibre el escándalo de los papeles de Panamá en los que aparecía que la orden fue que tenía que renunciar a todos sus cargos, incluida su acta de diputado y la presidencia del Partido Popular de Canarias. La condena política total.

Entonces, como ahora, no estaba imputado, ni investigado, ni condenado, ni inhabilitado. Sencillamente se había descubierto que no era de fiar y por eso lo echaron, no sin esfuerzos.

Soria solamente obedeció cuando se vio solo y sin más recursos dialécticos, cuando comprobó que ya no cabían más mentiras que estirar y estirar para escapar de su propio engaño. Y se marchó lejos, a Boston (Estados Unidos), para poner tierra de por medio y evitar incidentes desagradables en España, concretamente en Canarias, donde ya había sufrido alguno después de que se confirmaran todas sus trapisondas.

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