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Tanausú en el olvido

Siguen proliferando los monumentos y recordatorios por todos lados, algunos realmente estrambóticos y sin justificación o sentido algunos, pero del capitán benahoarita poco más sabemos.

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Han pasado más de dos años desde que escribimos el artículo   Tanausú en el olvidoy, como dice la canción,   la vida sigue  (casi)  igual, es decir, siguen proliferando los monumentos y recordatorios por todos lados, algunos realmente estrambóticos y sin justificación o sentido algunos, pero del capitán benahoarita poco más sabemos. Bueno, en honor a la verdad, hemos de puntualizar, y por eso lo de   casi, que algo ha empezado a moverse, precisamente en su tierra. En la fachada oriental de la Casa de la Cultura de El Paso se ha pintado un enorme mural, obra del artista Sabotaje Montaje, en el que se representa a un idealizado y pensativo Tanausú acompañado con los símbolos propios de sus dominios (pinos, grajas y grabados). Esto ya es tanto como lo que se ha hecho en los últimos 500 años. Además, en este caso estamos convencidos de que perdurará algo más que un homenaje que se le hizo hace más de 100 años y que fue visto y no visto, tal y como comentaremos en la próxima entrega.

A Tanausú también se le ha dedicado un mirador en la bajada a Santo Domingo de Garafía. Pero esto son solo aperitivos y consideramos que se debe ir aún más allá y, a pesar de buenas palabras e intenciones, lo cierto es que, pasa el tiempo, y Tanausú sigue en el olvido.

Mural de Tanausú del artista Sabotaje Montaje en la fachada oriental de la Casa de la Cultura de El Paso.

Mural de Tanausú del artista Sabotaje Montaje en la fachada oriental de la Casa de la Cultura de El Paso.

Antes de continuar queremos hacer un pequeño inciso sobre el primer artículo de Tanausú en el olvido. En ese trabajo cometimos un error que, con toda seguridad, muchos lo advirtieron. Y, aunque algunos ya estarán comenzando a esbozar una sonrisa socarrona o condescendiente, el fallo no tiene nada que ver con las opiniones allí vertidas, que seguimos asumiendo en su integridad, sino con la forma de expresarlo. En realidad, se trataba de dos trabajos diferentes. La primera parte, que llegaba hasta el párrafo donde aparece la escultura de Hautacuperche, había sido corregida y meditada. El resto del artículo eran ideas que pretendíamos plasmar pero que aún estaban sin perfilar y que conformarían una segunda entrega.

Somos arqueólogos y ejercemos como tales, con todo lo que ello implica. Nos cuesta horrores asumir y adaptarnos a las nuevas tecnologías. Todavía hoy, el bolígrafo sigue siendo la principal herramienta de trabajo. Los ordenadores nos producen pavor y apenas si los utilizamos como una máquina de escribir. Por tanto, no debe extrañarles que, a pesar de tener un   maquinón  o eso, al menos, es lo que nos aseguró el vendedor, tengamos dificultades para hacer algo tan simple como enviar la carpeta adecuada y metamos la pata, hasta el fondo, como en esta ocasión, escogiendo el texto que no estaba bien perfilado.

El fallo es de principiantes pero, ¡que les vamos a contar!. Lo gracioso, si no fuera porque es para darnos    de   cogotazos, es que apenas una hora después de enviarlo recibimos la información, por parte de una amiga caritativa, sobre un error de bulto: el pulpo del Puerto de Tazacorte no es que tuviese un rejo de más, sino que se le habían escamoteado varios, a pesar de que su nombre científico sea   Octopus  (8). El impulso inicial fue agradecerle la corrección pero, ¡Oh, Dios!, rápidamente nos asaltó una terrible duda: o esa persona era adivina o la metedura de pata era mayúscula y nos habíamos equivocado de texto. Inmediatamente, y antes de que el mundo se desplomase, acudimos a nuestro   ángel informático  (Claudia Pais) para intentar corregir el desaguisado. Desgraciadamente, ya se había publicado y distribuido por las redes como un reguero de pólvora. En próximas entregas prometemos tener más cuidado aunque, tratándose de un arqueólogo, no hay nada garantizado al ciento por ciento tal y como, por otro lado, ocurre a nivel científico, donde la prudencia y las dudas son parte consustancial de nuestro trabajo.

Por cierto, agradecerles a todas aquellas personas, tanto partidarias como detractoras, a quienes les ha gustado y a los que les ha desagradado, la gran acogida y difusión que ha tenido. Hemos recibido apoyos, felicitaciones y ánimos, si bien otros se han sentido ofendidos lanzando y sembrando descalificaciones, tergiversaciones, mentiras e intentos de desprestigio personal y profesional. Sinceramente, sabíamos que habrían reacciones, pocas, en este último sentido pero, ¡qué le vamos a hacer!, seguiremos opinando sobre todas aquellas cuestiones que nos parezcan relevantes y de interés. Reiteramos que en ningún momento hemos pretendido ofender, menospreciar o criticar a nadie. Algunas personas no aceptan que podamos tener nuestra propia opinión por hechos y acontecimientos que suceden en Benahoare y que son públicos, como cualquier otro ciudadano de a pie.

Pero retomemos el tema que nos ocupa. Tanausú no es, ni muchísimo menos, el único personaje del que nos hemos olvidado. Seguramente a ustedes, al igual que a nosotros, les vienen a la memoria una serie de paisanos que por su inteligencia, altruismo, sabiduría, calidad humana, trabajo científico, recuperación patrimonial, etc., merecerían que nos acordásemos de su memoria con una simple placa, busto o escultura. En algunos de los personajes que citaremos seguidamente se concitan prácticamente todas las virtudes reseñadas anteriormente. No sabemos, a ciencia cierta, las razones de ese olvido aunque, a buen seguro, entre ellas podemos reseñar la envidia, las rencillas, la ignorancia, la mezquindad, etc., etc. Entre estos personajes injustamente olvidados o silenciados podemos destacar a Juan Régulo Pérez (el mayor erudito que ha habido nunca en esta isla), Domingo Acosta Guion (poeta mordaz de reconocida valía que, precisamente, por esta última condición, de no dejar títere con cabeza, muy pocos se animarán a reconocer su valía), Antonio Manuel Díaz Rodríguez (responsable de la conservación de algunas de las razas autóctonas palmeras y al que, por fin, se le va a recordar con una pequeña placa, que dicho sea de paso, no acaba de materializarse), A. Rodríguez López (periodista, poeta y dramaturgo de valor extraordinario), Elías Santos Abreu (uno de los científicos más importantes que han vivido en esta isla), etc., etc. Aunque, algo es algo, si cuentan con su nombre en calles o plazas de diferentes municipios de la Isla.

Guise y Ayose (reyes maxíes de Fuerteventura en 1402) en un mirador de Betancuria.

Guise y Ayose (reyes maxíes de Fuerteventura en 1402) en un mirador de Betancuria.

Por cierto, de Tanausú se ha intentado borrar hasta el nombre de sus dominios: Aceró. Este topónimo, aunque le pese a algunos, hace referencia al lugar más conocido, bello y espectacular de La Palma: Caldera de Taburiente. En la actualidad, que nosotros sepamos, Aceró sólo se utiliza para dar nombre al campo de fútbol de Los Llanos de Aridane. (Confiemos en que a nadie se le ocurra cambiar el nombre por el de algún llanense de pro). Hace bastante años el equipo de fútbol de este municipio también se llamaba Aceró siendo, precisamente en esa época, cuando alcanzó mayores cotas de prestigio y popularidad. Aprendimos a amar este deporte con apenas 10 años, cuando mi tío Arbues me llevaba al estadio. Aún recordamos algunas de sus figuras:   Calambre,   Jilacha,   Barre-Barre, etc. Desgraciadamente, a alguien este nombre no debió parecerle muy   católico  y decidieron  cambiarlo por el de Aridane, si bien éste seguía siendo   raro, posiblemente porque se trata de un topónimo aborigen, porque muy poco después ha pasado a denominarse Los Llanos que, con todos mis respetos, es mucho más anodino y vulgar. Pero bueno, este tema, como tantos otros, sólo es cuestión de gustos.

Dicho todo esto, lo mejor aún está por llegar. Habrá tercera y, posiblemente, cuarta parte, esperemos que no, de Tanausú en el olvido.

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