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Paseos por Montevideo; la capital del otro lado del río

Pequeña pero intensa; la metrópolis uruguaya, cuna del tango y de escritores fecundos promete mucho más de lo que aparenta. Una sorpresa a dos horas en barco de Buenos Aires

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El héroe nacional Artigas mira desde su caballo la torre del Palacio Salvo.

El héroe nacional Artigas mira desde su caballo la torre del Palacio Salvo.

Dicen que el mar empieza en Punta Ballena, un par de decenas de kilómetros más al este, pero si te metes al agua en Los Pocitos, Buceo o Malvín, el agua ya tiene gusto a salado aunque tenga ese color café con leche tan característico del Río de la Plata. Hay una canción de Los Fabulosos Cadillacs que, desde la otra orilla, decían que ‘ la nuestra es agua de río mezclada con mar ’. Mezcla, mezcla y más mezcla. Ahí está la clave que explica esta pequeña ciudad que vive, injustamente, eclipsada por las luces de la megápolis que se extiende allá detrás de las aguas (el resplandor por las noches es brutal). Ahí en frente de Buenos Aires está Montevideo. Más chiquita, más tranquila y, según los propios porteños, más auténtica. Una especie de reflejo de lo que fue Buenos Aires hace décadas.

Aunque no sea del todo verdad. Porque Montevideo se basta a sí misma y no es reflejo de nadie y de nada. Es simplemente el reflejo de su historia desde que un puñado de familias de las Islas Canarias llegó para evitar que Brasil –y los portugueses) llegara a orillas del Plata. Y ahí empezó todo con arribadas sucesivas desde África, Europa y el resto de América que construyeron una sociedad mestiza como pocas. Y eso se nota. Mucho. En la música, en la literatura (con auténticos genios de talla mundial como Galeano, Benedetti u Onetti, entre muchos otros y muchas otras), o en fenómenos como el Carnaval, donde se fusionan la herencia que llegó de España y la que arribó desde África.

La torre del Palacio Salvo desde la Puerta de la Ciudadela. Ana Raquel S. Hernandes

La torre del Palacio Salvo desde la Puerta de la Ciudadela. Ana Raquel S. Hernandes

El punto de partida típico de una visita a la ciudad es la Plaza de la Indepedencia, un enorme espacio abierto en el que desemboca la Avenida 18 de Julio y da paso a la ciudad vieja. Aquí se apelotonan algunos hitos que son un perfecto resumen de lo que es la ciudad. A un extremo sobrevive la Puerta de la Ciudadela, uno de los pocos restos de la ciudad colonial española. Al otro se alza el Palacio Salvo (visitas guiadas de lunes a domingo de 10.30 a 13.30), una extravagancia ecléctica inspirada en la Divina Comedia de Dante que tiene en Buenos Aires un hermano construido por el mismo arquitecto y bajo las mismas premisas artísticas, filosóficas y, según muchos, esotéricas. El Salvo y su hermano porteño (Barolo) culminan en una gigantesca luminaria que debía conectar mediante un halo de luz las ciudades de Montevideo y Buenos Aires, pero dicen que un error de cálculo frustró la idea. Hay interpretaciones y explicaciones para todos los gustos. La visita merece la pena y las vistas desde su mirador son impresionantes. En el edificio hay un curioso Museo del Tango que explora los orígenes de este ritmo y fue el escenario del estreno del célebre ‘ La Cumparsita’, quizás el tango más famoso del mundo. También en el entorno de la plaza se encuentra el Teatro Solís, escenario principal de la ciudad, y, justo en medio el mausoleo que guarda los restos de José Gervasio Artigas , héroe de la independencia uruguaya.

Detalle de la fuente de la Plaza de la Constitución.

Detalle de la fuente de la Plaza de la Constitución.

La Puerta de la Ciudadela da paso a la ciudad vieja. No queda mucho de la Montevideo anterior a la independencia pero el casco histórico tiene encanto. Bajando por Sarandí, auténtica espina dorsal de la antigua Montevideo, en dos pasos te plantas en la Plaza de la Constitución (Matriz para los locales) donde se alzan la Catedral Metropolitana, una sobria construcción neoclásica que comparte espacio con el Cabildo de Montevideo (Calle Juan Carlos Gómez, 1362; Tel: (+598) 21950 1474; Horario: LV 12.00 – 17.45 SDyF 11.00 – 17.00; E-mail: museocabildo@imm.gub.uy) que aparte de ser un edificio imponente alberga un interesante museo. Ciudad española muros adentro. Cuadrículas de calles en las que pueden verse algunos edificios históricos, palacetes antiguos y casas añejas dónde la huella de España queda patente en patios y destellos de un pasado de esplendor. Un centro histórico cuajado de museos históricos, la mayoría vinculados a personajes de la historia local y centros culturales (ver mapa). Unos son tradicionales, como el Museo de Artes Decorativas –donde hay un cuadro de Goya- o el de Ciencias Naturales, otros insólitos, como el Museo Milagro en Los Andes , que recuerda la epopeya del equipo de rugby que sobrevivió en las cumbres andinas después de un accidente aéreo cuando viajaban desde Montevideo a Santiago de Chile. Un imperdible, si eres amante de la arqueología y la antropología es el Museo de Arte Precolombino e Indígena (Calle 25 de Mayo, 279; Tel: Tel: (+598) 2916 9360; Horario: LS 10.30 – 18.00).

Parrilla uruguaya en el Mercado del Puerto.

Parrilla uruguaya en el Mercado del Puerto.

Caminando hacia el mar nos topamos con el Mercado del Puerto (Calle Piedras, 237; E-mail: nicolasselem@hotmail.com), antigua recova de más de 130 años que se ha reconvertido en un interesante polo gastronómico. Comer aquí es una de las cosas que hay que hacer sí o sí si visitas la ciudad. Es uno de esos lugares de obligada visita como el mítico Café Brasilero (Calle Ituzaingó, 1447; Tel: (+598) 2917 2035), lugar añejo dónde pasaba largas horas Eduardo Galeano o, si tienes la suerte de que haya concierto, la Sala Zitarrosa , lugar por dónde ha pasado lo más granado de la música del sur del mundo y buena parte del norte también. Porque las ciudades son lo que hacen los ciudadanos y conocerlas es mucho más que visitarlas. Es vivirlas e intentar entenderlas como la ven los que allí viven. Y eso implica pasear por donde pasean sus gentes, comer lo que comen y hacer lo que hacen. Como comerse un chivito –si es en El Tinkal mejor-, por ejemplo, comerse un Postre Masinni en Café Bacacay o tratar de ver a alguna murga ensayar si uno no coincide en tiempos de Carnaval (muy bueno por cierto el Museo del Carnaval junto al Mercado del Puerto dónde pudimos ver muchos paralelismos entre la fiesta uruguaya y los lejanos, sólo en kilómetros, carnavales canarios).

Pescadores en la Rambla del Río de la Plata.

Pescadores en la Rambla del Río de la Plata.

La ciudad del Río, la ciudad tierra adentro

Las Ramblas de Montevideo se extienden por más de 20 kilómetros junto a las aguas color café del Río de la Plata. Es aquí donde los habitantes de Montevideo caminan despreocupados y se abandonan al placer de matear. Un paseo marítimo gigantesco que va pasando junto a los barrios poniendo de manifiesto las diferencias de gentes por las cosas del parné (dinero) a través de fachadas, jardines o, incluso, campos de golf. No es mala idea aprovechar la Rambla para ir y venir en nuestro intento de camuflaje montevideano aprovechando la ocasión para hacer como vieres allá dónde fueres. Ya hablamos de los famosos chivitos de El Tinkal, bar paradigmático de esta delicia que es mucho más que un bocata de carne. También cerca de agua está La Ronda (Calle Ciudadela, 1182) un bar donde los culturetas de la capital gustan de pasar horas y horas y que concentra una buena porción de la cultura alternativa local. Y que es ideal para echarse las primeras rondas antes de explorar la noche en la ciudad vieja. Y también están las playas que van una a una en sucesión formando un listado enorme que llega hasta Brasil. Los Pocitos, Buceo, Malvín, Brava, Honda, Los Ingleses, Verde, Carrasco… Para amantes de lo insóltito queda el Castillo Pitamiglio (Rambla Mahatma Gandhi, 633; Tel: (+598) 2710 1089), una curiosa construcción levantada por Humberto Pitamiglio a principios del XX siguiendo los ideales de la alquimia medieval. Sí, así como lo oyes. Merece la pena visitarlo.

Paseantes por la 18 de Julio.

Paseantes por la 18 de Julio.

La Avenida 18 de julio es otra de las arterias clave de la trama urbana de la ciudad. Parte de la Plaza de la Independencia y sube tierra adentro hasta el Obelisco a los Constituyentes, puerta que da acceso a una inmensa zona de jardines de Parque Batllé dónde se encuentra el Estadio Centenario, sede del primer mundial y verdadero templo para los futboleros de todo el mundo. Aquí juegan muchos partidos los grandes clubes de la ciudad: Nacional de Montevideo y Club Atlético Peñarol y es feudo de la Selección Uruguaya. Si eres un amante del fútbol, la visita merece la pena. La otra gran avenida que bien merece un paseo es el Bulevar España, que conecta el centro con los barrios residenciales de la costa hasta la Playa de Los Pocitos. Si te entran ganas de comer algo en el camino te recomendamos Su Bar (Jackson, 1151) dónde se come bien a muy buen precio. Y para matear queda el Parque Rodó, el más querido por los locales y sede, además, del Museo de Artes Visuales de Uruguay, ahí a dos pasos de la Rambla, porque el río llama. Y si atardece aún más.

GUÍA DE COLONIA DEL SACRAMENTO

La Feria de Tristan Navaja.- Se celebra todos los domingos en la confluencia de la calle Tristán navaja y la Avenida 18 de Julio. Cientos de puestos dónde se puede comprar casi de todo. UN lugar interesante si quieres llevarte a casa alguna antigüedad o artesanía. Aprovecha para llevarte algún mate de recuerdo.

El Mirador de la Torre de Comunicaciones .- Es uno de los nuevos iconos de la ciudad y también una buena manera de ver la ciudad desde las alturas. Hay un servicio de visitas guiadas que permite subir hasta la terraza panorámica y disfrutar de las mejores vistas de Montevideo junto con las del Palacio Salvo. E-mail: visitasguiadas@antel.com.uy

Viajar desde Buenos Aires .- Buquebus ofrece varias frecuencias diarias desde el puerto de Buenos Aires con tarifas desde los 50 euros por trayecto. Varias compañías comunican ambas ciudades vía aérea desde Aeroparque aunque cruzar el río en barco es una toda una experiencia.

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