eldiario.es

9

Canarias Ahora Deportes Canarias Ahora Deportes

LOS 32 FUTBOLISTAS CANARIOS DE LA SELECCIÓN ESPAÑOLA

Paco Campos: el goleador irrepetible (1941-42)

Leyenda del Atlético de Madrid, Paco Campos fue un diez superlativo con desborde, pase, llegada y gol antes de que ese dorsal fuera admirado universalmente

Capítulo 7 del libro ‘Los 32 futbolistas canarios de la selección española (1920-2010)’, del que son autores Juan Galarza, Luis Padilla y Juanse Sánchez. Publicado por AyB Editorial con el patrocinio del Gobierno de Canarias y la Federación Canaria de Fútbol

Delantera española en el partido ante Suiza (3-2) jugado en Mestalla y compuesta por Epi, Herrerita, Mundo, Campos y Gorostiza.

Delantera española en el partido ante Suiza (3-2) jugado en Mestalla y compuesta por Epi, Herrerita, Mundo, Campos y Gorostiza.

Biografía

Francisco Campos Salamanca (1916-1995) nació en Las Palmas de Gran Canaria y se formó en el Estrella, Reyes Católicos, Oriental, Sporting y Marino, donde estuvo hasta el estallido de la guerra civil. Tras servir en el Ejército del Aire, se enrola en el Atlético Aviación (actual Atlético de Madrid), con el que conquista dos títulos de Liga y marca 120 goles. En 1948 firma por el Sporting de Gijón para ejercer una etapa como entrenador-jugador, lograr un ascenso a Primera División y consolidar al club en la élite antes de retirarse en el Salamanca. Como técnico dirigiría a UD Las Palmas y CD Tenerife. Falleció en 1995 en la capital grancanaria.

El goleador irrepetible

Baste un detalle anecdótico, pero no menor, para situar en el tiempo presente el significado de Francisco Campos Salamanca, máxima figura del Atlético Aviación (actual Atlético de Madrid) de la posguerra. Una foto suya, coloreada, preside la pared de El asturiano, la tasca que sirve de nexo de unión de todas las historias de la serie televisiva Amar en tiempos revueltos, que narra la difícil vida española durante los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Paco Campos era el Messi, el Ronaldo, el Kun Agüero de la época. Admirado por todos e idolatrado por la afición colchonera, llevó al equipo rojiblanco a la conquista de los dos primeros campeonatos de liga disputados tras la guerra civil. Interior zurdo de incomparable clase, su altura (casi 180 centímetros, una barbaridad para la época) le hacía parecer desgarbado. Y su ligera cojera al caminar y su forma de jugar transmitían una apatía que no era real.

Porque Paco Campos fue un diez superlativo antes de que ese dorsal fuera admirado universalmente. Tenía capacidad de desborde, buen centro, llegada, excelente golpeo a la pelota y fue de los primeros futbolistas que hizo del juego aéreo y del remate de cabeza un arma. Nacido el 8 de marzo de 1916 en el barrio de San José (Las Palmas de Gran Canaria), militó en el Estrella, Reyes Católicos y en el Oriental antes de fichar por el Sporting San José, donde sólo estuvo dos años. Aprendió a jugar junto a sus hermanos Juan y Carmelo, pero pronto los superó. Tras trabajar en una tienda de máquinas de escribir, se pasó a un comercio de ultramarinos, donde perfeccionó su remate de cabeza ensayando con legumbres o papas como improvisados balones. Así, en 1934 ya era figura del Marino y en su primera temporada con los azules los llevó al título insular.

La guerra civil interrumpió su trayectoria… pero le permitió dar el salto a la Península. Destinado a Larache, fue herido y debió regresar a Las Palmas. Seis meses después fue a Tarragona, pero su paisano Pepe Mesa, con el que coincidiría luego de rojiblanco durante media docena de años, logó que lo enviaran a Zaragoza para enrolarse en el Aviación. Al acabar la guerra, el equipo del Aviación se fusionó con el Atlético de Madrid y, tras superar a Osasuna en una promoción, se ganó una plaza en Primera División que había dejado vacante el Oviedo al no poder usar su campo de Buenavista, destrozado tras la guerra. Y ya en la élite, Campos sólo tardó seis partidos en hacerse con un puesto de titular en la banda izquierda, después de que el técnico, el mítico Ricardo Zamora, trastocara el once tras una sonora derrota (4-1) ante el Hércules.

Ya nadie le movería del interior izquierdo y disputaría 64 partidos ligueros de forma consecutiva, un récord en aquella época en que cualquier lesión provocaba una larga inactividad. Además, marcó 44 goles en ese período y contribuyó a que el Atleti conquistara los dos primeros campeonatos de la posguerra. El primero, tras una intensa lucha con el Sevilla de la delantera stuka resuelta en la última jornada, después de que los andaluces se dejaran un punto vital en su vista al Hércules y los colchoneros ganaran (2-0) al Valencia en Vallecas, con un gol de Paco Campos, que abrió el marcador a los siete minutos “de un magnífico remate”. Y pese a ser un debutante en la categoría, en esa liga firmó ocho tantos, incluyendo un hat trick frente al Zaragoza. El segundo título colchonero también se materializó en la última jornada, en este caso tras ganar al Oviedo (3-0) con un gol de Campos, una asistencia y otro tanto “anulado por un dudoso off-side”.

Este segundo título fue logrado con un once casi inamovible (Tabales; Mesa, Aparicio; Gabilondo, Germán, Machín; Manín, Arencibia, Pruden, Campos y Vázquez), que los niños colchoneros se aprendieron de memoria y en el que había cuatro canarios: Mesa, Arencibia, Machín y Campos. Este último dejó para la historia un póker de goles en la victoria (5-4) de la primera jornada del campeonato ante el Celta y una exhibición en Chamartín saldada con triunfo (1-4) ante el Madrid… con el inevitable gol de Campos, que marcaría nueve tantos en los choques ligueros ante los merengues, lo que aún hoy le convierte en el máximo goleador atlético en los derbys. Además, cerró sus nueve campañas en el Atlético de Madrid (que recuperó su nombre original en el verano de 1946) con 120 goles en Liga y otros 24 en la Copa del Generalísimo, lo que le sitúa en la tercera plaza en la clasificación de goleadores históricos en Primera División tras Escudero y Luis Aragonés.

Con apenas año y medio de experiencia en la élite, Campos fue llamado a la selección española, en la que jugó completos los seis partidos disputados entre 1941 y 1942. El lustro anterior no hubo encuentros por culpa de la guerra civil española… y en los tres años posteriores fue imposible disputar contiendas internacionales debido a la II Guerra Mundial. Sin duda, dos conflictos bélicos que restaron internacionalidades al interior grancanario, indiscutible en su época de máximo esplendor. Con la selección debuta, al igual que los canarios Pérez y Jorge, en un amistoso (2-2) ante la vecina Portugal el 12 de enero de 1941 en Lisboa. Fue su único partido con España, junto al de su despedida en Italia (4-0), en el que no marcó. Sí lo hará en la devolución de visita, dos meses después en San Mamés, choque saldado con goleada (5-1) en el que Campos hace el 3-0 al cuarto de hora “al recibir de Campanal un pase adelantado, escurrirse hábilmente entre los defensas y, a toda carrera, lanzar un tiro cruzado”, según narra Juan Deportista en ABC.

Campos comparte el ala izquierda con Gorostiza, un mito del fútbol español que durante tres lustros al máximo nivel (con la interrupción de la guerra civil) sumó seis ligas y cinco Copas de España con el Athletic y el Valencia. Y el curso siguiente, 41/42, encadena cuatro internacionalidades más ante la neutral Suiza, la ocupada Francia y las amigas Alemania e Italia. Contra los helvéticos inaugura el marcador tras recibir de Epi, regatear a Minelli y disparar raso junto al palo, mientras que ante los franceses hace dos tantos al aprovechar una dejada de cabeza de Mundo y un pase en profundidad de Gabilondo. Y en Berlín impide el triunfo germano, con Adolf Hitler en el palco, al transformar un penalti. Una semana después, el examen ante los transalpinos, bicampeones del mundo –con jugadores como Piola, Mazzola o Ferraris II, estrellas del Lazio, el Venecia y el Torino, respectivamente– es demasiado exigente para España.

En el torneo doméstico, el Atleti no volvería  a lograr el título, pero siempre pelearía por el campeonato, en especial en las campañas 43/44 y 46/47, dos campeonatos que finalmente se adjudicó el Valencia. Eso sí, Campos ofrece múltiples partidos para el recuerdo: un hat-trick al Granada en el la Liga 41/42, en la que totaliza 20 goles; otro triplete, éste al Castellón, al curso siguiente; o un nuevo hat-trick al Valencia, con el mítico Eizaguirre en la portería, que casi deja a los chés sin el título 43/44. Y todo ello aderezado con su habitual gol al Real Madrid en un derby que entonces era mucho más equilibrado que en la actualidad. A cambio, un dolor inmenso en la citada campaña 46/47, cuando, en cerrada pugna con el Athletic de Bilbao, los colchoneros llegan con opciones de lograr el título a la última jornada en un abarrotado Metropolitano, donde acude un Real Madrid que nada se juega.

En la que será la despedida de su inseparable Pancho Arencibia, el Atleti forma con tres canarios en la delantera: Arencibia, Manolo Jorge y Campos. Los locales se adelantan con un tanto del fornido Jorge y llegan con ventaja (2-1) al descanso. Otro canario, Luis Molowny, empata al inicio del segundo tiempo y los colchoneros se lanzan a un ataque en tromba que les puede dar el título, porque el Athletic no pasa del empate en Riazor, donde los tres goles de Zarra no bastan para doblegar al Deportivo. A falta de tres minutos, un ex-atlético, el ariete Pruden, enmudece el Metropolitano con un 2-3 que da el título… al Valencia, el único que hizo los deberes en esa jornada final.  Por una vez, Campos no marca ante el eterno rival y se lleva una de las grandes decepciones de su carrera. La venganza, también en el Metropolitano, llegará meses después. 

Y es que en su último curso con el Atlético de Madrid, el interior grancanario forma parte de la original delantera de seda, esa formada por Juncosa, Vidal, su paisano Silva, él mismo y Escudero, que enloqueció al Metropolitano con algunas exhibiciones irrepetibles: la primera fue un 5-0 al Madrid con un gol de Campos y una catarata de fútbol que aún recuerdan los viejos colchoneros. Una prolongada lesión de Campos, que sólo puede jugar 11 partidos, aunque marca nueve goles, precipitaría su marcha. Eso sí, Paco Campos pudo participar con sendos dobletes en las goleadas al Sabadell (8-0) y al Español (5-2). Y la delantera de seda aún pudo despedirse en el cierre liguero con un 2-7 al Sporting en El Molinón que mandaba a los asturianos a Segunda División. Dos meses después era el futbolista del barrio de San José el que se iba a Gijón para jugar en la categoría de plata.

El equipo asturiano roza el ascenso en los dos primeras temporadas de Campos, que incluso llega a ejercer de forma esporádica de entrenador. El salto a la élite llega por fin en la campaña 50/51… con ¡27 goles! del interior grancanario, que demostró su extrema profesionalidad y su gran calidad en una división inferior a pesar de ir camino de los 35 años. 71 partidos de liga y 60 goles demuestran que Campos no fue a arrastrarse a la Segunda División. Y, de nuevo en la élite, ayudó al Sporting a lograr la permanencia, aunque una lesión le impidió ofrecer mejores números. Eso sí, en 11 apariciones marcó siete tantos, dos de ellos a la UD Las Palmas. Y curiosamente, se despidió de la Primera División el 23 de marzo de 1952 en el Insular, con derrota (2-0) ante el cuadro amarillo.

Retirado en la UD Salamanca, emprendería una fructífera carrera como entrenador que le llevó, entre otros equipos, al Badajoz (donde descubrió para el Atleti a Adelardo Rodríguez), Salamanca, UD Las Palmas o CD Tenerife. Establecido en su isla natal, falleció en Las Palmas de Gran Canaria el 8 de septiembre de 1995, próximo a cumplir los 80 años.

 

Comentar

Enviar comentario

Comentar

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha