Carta de un hostelero sin terraza

Una terraza provisional en El Tablero, Gran Canaria

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Hoy esta columna de opinión no será mía, sino de un hostelero de Canarias que bien podría ser el de otras partes de España. Tras pedirle permiso para contarles lo que hablamos por WhatsApp, lo único que me pidió es confidencialidad total sobre su nombre, el resto está aquí:

“No es justo lo que veo con muchas terrazas por la isla mientras yo, que no puedo ni quiero tener terraza, tengo mi interior cerrado. Egoístamente casi prefiero que nos llevaran a fase 4 y recuperarnos todos lo antes posible porque al ritmo que vamos o sacan nueva normativa o no me veo pudiendo abrir hasta septiembre y mi capacidad de aguante ya es crítica.

La única esperanza que veo es la mesa anunciada entre Sanidad y las Federaciones Hosteleras, y aunque llega tarde, es más necesaria que nunca porque la cuarta ola nos está golpeando muy fuerte, de las últimas 14 semanas llevo 9 cerradas y no puedo ni tengo dinero para seguir así más tiempo. Si sumamos los últimos 12 meses llevo 6 cerrados sin ayudas y otros 6 trabajando al 50%, juntándolo todo es como si hubiera abierto 3 meses en un año. ¿Quién aguanta esta situación y sin ayudas reales?

Tengo ofertas de traspaso del local y aunque la cabeza me dice que es la mejor opción, el corazón y el esfuerzo puesto en este negocio me hace luchar contra ello. Pero eso sí, tengo el ojo puesto en esa mesa de trabajo de Sanidad porque según se vea el camino no descarto ningún planteamiento. Cerrar, traspasar, negociar alquiler del local con los arrendatarios o cualquier otra cosa que me permita sobrevivir hasta que nuestros negocios puedan ser sostenibles y viables porque vuelvo a lo que te decía antes, todos vemos terrazas a full sin control o bares de barrio haciendo las cosas mal mientras que a los que hacíamos las cosas bien, con todas las medidas de seguridad en el interior aplicadas y con todo el equipo trabajando feliz, nos obligan a cerrar o incluso peor, a hacerlo mal en espacios al aire libre que no tienen las mínimas medidas que me permitan ejercer mi profesión como yo la entiendo. Y ante eso, me niego, prefiero bajar la persiana definitivamente si llega el momento.

Las últimas estocadas vienen en forma de lo que pasa con las vacunas, tal disparate diario que ya no puedo confiar ni en que sean la solución, pero no porque no valgan, sino porque la gente no acuda a vacunarse por miedos. No es esperanzador el futuro, desgasta a niveles insospechados el estar pendiente semanalmente si puedes ejercer o no tu derecho al trabajo y parece que eso les da igual o no lo quieren entender a quienes toman las decisiones.

Con esta gestión pésima que estamos sufriendo, de corazón prefiero confinamiento duro 2 meses y salimos todos fuertes o débiles, pero juntos. No puedes seguir señalando a un sector concreto como el foco de todos los males y darle 0 ayudas o tan enrevesadas que hacen imposible acceder a ellas, esto debería ser ilegal. Lo he analizado con mi gestor y me dice que lo más triste, pero lo más beneficioso, es el cierre y punto. Pero yo amo la hostelería, soy cocinero por vocación y emprendedor por decisión, lucharé hasta el último aliento o como diríamos en casa, hasta el último sorbo del café, hay partido. Perdona el desahogo, pero lo necesitaba.”

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