CRÓNICA
La Bola Negra devuelve a Lorca lo que el franquismo le quitó

Los cineastas Javier Calvo y Javier Ambrossi y la actriz Penélope Cruz posan junto al elenco de 'La bola negra' este domingo en el Festival de Cine de San Sebastián, donde presentan su película en la sección Perlak de la 74 edición del certamen.

Sheila García Álvarez

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El 19 de septiembre de 2026 en Donosti tuvo lugar una cita histórica para el cine español: primer pase de prensa de La bola negra en el Festival de San Sebastián. Por fuera del Teatro Principal se respira entusiasmo, emoción y esperanza. En la cola hay un paso nervioso, casi frenético. Me doy cuenta de que la mayoría de los acreditados somos jóvenes. Somos jóvenes y queremos saber qué pasó. 

Frente a la pantalla un remolino de nervios toma asiento y sé que no soy la única. El compañero de la derecha -y de la izquierda- tienen las mismas ganas de adentrarse nuevamente en el mundo de posibilidades de Javier Ambrossi y Javier Calvo. Un mundo donde el arte sí puede salvarnos. Los presentes estamos a punto de vivir una experiencia que cambiará nuestras vidas para siempre. 

Suena el timbre del cierre dos veces, pero el teatro sigue llenándose y llenándose. Salen acreditados de cada lateral, hasta los muertos atraviesan las paredes para vivir este momento. 

Bajan las luces y pasan los anuncios de los patrocinadores, la cabecera del Festival, con la que los presentes aplauden como marca la tradición, y durante dos horas y cuarenta minutos sucede la magia del cine. 

Los espectadores contenemos la misma respiración, nuestros latidos vibran en un solo pecho y los ojos de todos están permanentemente fuera de las cuencas. Después del maravilloso viaje a lomos del caballo negro del deseo, desmontamos en la realidad. Se encienden las luces y la primera pregunta que me asalta es: ¿qué acaba de pasar? 

Cuando salgo del Teatro Principal me espera una amiga, que la acompañan dos acreditadas fumándose un cigarrillo. Estoy un poco mareada, no puedo ocultar mi expresión perpleja. Y ni siquiera me salen las palabras. Una de las chicas me pregunta si no me gustó, con una sonrisa divertida. Y yo simplemente digo: “es lo mejor que he visto en mi vida”.

Los cineastas Javier Calvo (i) y Javier Ambrossi posan junto a la actriz Penélope Cruz este domingo en el Festival de Cine de San Sebastián, donde presentan su película 'La bola negra' en la sección Perlak de la 74 edición del certamen.

La bola negra es el título de la obra inacabada de Federico García Lorca, una historia de la que apenas se conservaron unas páginas y los Javis las convirtieron en “el Titanic español”. Aún no sabemos qué momento de la película será el famosísimo “soy el rey del mundo”, pero sí me atrevo a afirmar que La bola negra surcará el océano e irá directa contra el iceberg más peligroso del mundo: el fascismo. 

La película nos cuenta tres historias, de tres hombres homosexuales, conectadas en la rueda del tiempo. Javier Ambrossi dejó claro en La Script que la peli no es sobre Lorca, sin embargo, los dolores y las alegrías del relato están impregnadas del granadino. Tal vez la intención de los Javis no fue contar una historia exclusivamente de Federico, pero creo que le devolvieron al poeta lo que el franquismo le arrebató

Sus creadores son claros: esta es una película antifascista y anti-IA. Un proyecto realizado por personas que dieron todo de sí para honrar la memoria de un país, que se acerca, lentamente, a un horizonte donde el odio parece la única posibilidad. 

Las encuestas, los titulares y los expertos lo afirman con rotundidad: van a ganar. Y en medio de tanto ruido, la trompetita de un soldadito español, interpretado por Guitarricadelafuente, nos recuerda las consecuencias de olvidar, de callar, de negarnos. 

Cuando muchísimos artistas prefieren no colocarse frente al terror y optan por un posicionamiento “sin politiqueos”, estos directores queers plantan cara y dicen que no, que aquí no se va a retroceder ni un paso más. Escucharlos es presenciar el espíritu de la poderosa Adela agarrando “la vara de la dominadora” y destruyéndola. 

¿Pueden los Javis impedir el avance de la ultraderecha en España? Evidentemente no. Pensar eso es una ilusión imprudente. No obstante, si todos nos movilizamos a las salas tal vez salgamos motivados a hablar con nuestros abuelos. Y tal vez, al fin, nuestros mayores abran la bola negra que tienen enterrada en el pecho. A lo mejor por una vez podemos demostrarnos, los unos a los otros, que otro mundo sí es posible. 

Javier Calvo en unas declaraciones con El País Semanal dijo “que si esta película servía para que dejáramos de matarnos para él había válido la pena”. Y para mí ahí reside la cuestión: podemos diferir en opiniones, discutirlas, gritarnos…pero ¿quieres verme muerta en una cuneta? Porque de la cuneta no se vuelve. Y me temo que ahora mismo, en este preciso momento, muchas personas quieren que la bola crezca, que crezca tanto que todo lo que seamos sea eso: bolas de demolición. 

Soñar con que una película salve la conciencia colectiva de un país es muy romántico, e improbable. En cambio, hay una cosa que sí puede devolvernos La bola negra y es las ganas de estar vivos, porque como dice una voz en la cinta: “Carlos, hay que vivir”. 

A modo de conclusión, añado que es necesario leer a Federico. Concretamente en su última entrevista con Luis Bagaría, periodista y caricaturista catalán. 

Imagen de Federico García Lorca y Rafael Rodríguez Rapún en Madrid facilitada por el archivo de la Fundación Federico García Lorca y el Centro Federico García Lorca, Granada. EFE ***SOLO USO EDITORIAL***

El diez de junio de 1936 Lorca se sienta con Bagaría y ambos hablan del estado del mundo y de España. Y Federico, una vez más, nos da una lección: 

“En este momento dramático del mundo, el artista debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan las azucenas. Particularmente, yo tengo un ansia verdadera por comunicarme con los demás”. 

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