César Manrique: Un aniversario, dos centenarios

Efe/José María Rodríguez

Haría —

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Los habitantes de Lanzarote conmemoran desde este miércoles el centenario de César Manrique, el visionario que les enseñó a apreciar la belleza de su propia isla, con dos extensos programas culturales organizados en paralelo por el Cabildo y la Fundación del artista, uno a espaldas del otro.

“Manrique es de todos. Su espíritu y su legado sigue siendo una fuente de inspiración para los habitantes de la isla que lo vio nacer”, proclamaba el presidente del Cabildo de Lanzarote, Pedro San Ginés, en la primera de las dos inauguraciones de la efeméride.

El Cabildo de Lanzarote ha escogido para abrir el centenario de Manrique su primera gran intervención en la isla, los Jameos del Agua, el tubo volcánico que él transformó en 1968 en un espacio idílico, propicio para la contemplación y el disfrute, en un avance de las muchas genialidades que vendrían en los setenta y ochenta.

La Fundación Manrique celebra el suyo en Taro de Tahiche, la casa inverosímil que se construyó en ese mismo año aprovechando las burbujas de una colada de lava situada cerca de la capital, donde dio rienda suelta a su espíritu más hedonista, en forma de fiestas legendarias que atrajeron a personalidades de medio mundo.

Un mismo centenario, dos inauguraciones, dos programas completamente distintos y con propuestas atractivas en ambos en forma de exposiciones, conferencias, conciertos de distintos estilos musicales y varios lanzamientos editoriales. 365 días de Manrique.

Sin embargo, sus respectivos promotores no han podido ponerse de acuerdo para coordinarlos en un solo centenario, a pesar de que la obra de César no hubiera sido posible sin el apoyo decidido del Cabildo de Lanzarote de hace medio siglo y, en particular, de su presidente José Ramírez Cerdá, amigo de infancia del artista.

Las dos partes lo reconocen, entre otras cosas, por que lo dijo el propio Manrique en una entrevista que se ha reproducido en el acto de los Jameos: “Todo fue por Pepín”, remarcaba el artista, “él fue el padre de la transformación de Lanzarote conmigo”.

Su actual sucesor al frente de la corporación, Pedro San Ginés, ha reivindicado este miércoles su figura (este mes también se celebra su centenario), para recordar que Manrique regresó a Canarias desde Nueva York llamado por el Cabildo para diseñar sus centros turísticos, tras el éxito que había tenido la apertura poco antes de la Cueva de los Verdes, cercana a los Jameos.

El aeropuerto y esa primera gran atracción geológica pusieron en el mapa del turismo a una isla donde hasta entonces se pasaban hambre y penurias, con una economía precaria muy condicionada por la falta de agua, a la que solo le daba algo de vida la pesca, como ha recordado el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, invitado en el acto institucional de los Jameos del Agua.

“La gente se reía de Lanzarote”, corrobora el propio Manrique en otro de los fragmentos proyectados esta mañana, “decían que no había en ella sino camellos y piedras, que era la isla más fea de Canarias”. Era tan así, que muchos de sus paisanos se burlaron de él y le preguntaron si pensaba enseñar a la los turistas guijarros, cuando el artista soñó con dar el lugar que merecía al espacio que hoy medio mundo conoce como el Parque Nacional de Timanfaya.

San Ginés ha subrayado que, sin el empuje del Cabildo, Manrique habría “fracasado estrepitosamente” y que esta institución celebra orgullosa en este momento su legado, porque “es de todos”, sin ocultar que en el pasado se “han cometido errores urbanísticos” debido a la llegada de “grandes capitales con afán especulador y a la falta de celo institucional en algunos casos”.

Y ahí empiezan las diferencias de la Fundación César Manrique con el Cabildo de Lanzarote y el Gobierno de Canarias: no comparte su modelo de crecimiento turístico. San Ginés se ha defendido de ese reproche en su propio discurso, recordando que “ninguno de esos errores” tuvo lugar con los actuales responsables políticos del Cabildo, “aunque algunos se empeñen en hacer ver lo contrario”.

También en su discurso, Clavijo ha intentando mediar al enfatizar que Manrique fue un activista “práctico”, que siempre supo construir acuerdos, negociar consensos, “sin dejarse utilizar por nadie”.

En declaraciones a Efe, el director de la Fundación, Fernando Gómez Aguilera, asegura que esa es una versión edulcorada de la trayectoria de César Manrique y rememora los últimos años del artista, muy combativo contra los desmanes urbanísticos y excesos del turismo, hasta el punto de que la isla que ahora le honra no le declaró “hijo predilecto” hasta después de su muerte, porque su decisión de alzar la voz le generó varias enemistades.

En 1991, enfatiza, con poco más de 40.000 camas turísticas en Lanzarote y menos de millón y medio de visitantes, Manrique dijo que se marchaba de la isla porque entendía que el modelo de desarrollo que se estaba impulsando no respondía a lo que él había intentado. Hoy Lanzarote tiene casi el doble de camas, 71.400, sin contar las no regladas que se comercializan en plataformas de alquiler vacacional, y recibe tres millones de turistas al año.

“Hay dos centenarios porque la política que han impulsado este Cabildo y el Gobierno de Canarias no ha sido sensible con una petición que hizo la Fundación desde el comienzo. Y era muy sencilla: dejemos a Manrique fuera de la campaña electoral, dejemos a Manrique fuera de las discrepancias partidistas y consensuemos todo lo que haya que consensuar”, añade.

La situación ha llegado a ser tan incómoda, que amigos de Manrique, de su propia generación artística, han rehusado hablar estos días con los medios de comunicación sobre el homenajeado. “Que dejen a César en paz de una vez”, se quejaba en privado uno de los más significativos cuando Efe se puso en contacto con él.