National Geographic premia la foto de una tinerfeña

La tinerfeña Elisa de Suñer descubrió su vocación viajera y por la fotografía cuando traspasó la frontera de los cuarenta. A partir de aquí se ha desplazado ya en cinco ocasiones a África, un continente del que se confiesa una auténtica enamorada. Tanta pasión ha tenido varias recompensas. A parte de disfrutar de los paisajes y de unas experiencias inolvidables, una de sus fotografías acaba de ser premiada por National Geographic.

Se trata de una instantánea que obtuvo el pasado mes de octubre a una familia de elefantes, formada por dos hijos y su madre. La imagen fue captada en el valle Amboseli de Kenia, al pie del Kilimanjaro. Suñer subió la foto en instagram y a partir de aquí obtuvo el reconocimiento de la prestigiosa publicación americana y se abre la posibilidad de que aparezca en algunos de sus próximas ediciones en papel.

Su trabajo fue seleccionado entre un grupo de varios miles y en este momento se encuentra entre los cien más valorados. Pero además ha obtenido un reconocimiento por parte de la marca de cámaras fotográficas Nikon o de la página African Portrait, entre otros varios.

La foto premiada desarma por su naturalidad y la cercanía con la que fue obtenida. Y es que esta tinerfeña se confiesa una simple aficionada y dice que no utilizó ningún tipo de filtro, ni técnica especial. “Fue una suerte porque íbamos en el jeep y pasamos al lado de los elefantes. Había la luz justa y además se podían ver las nubes azuladas porque estaba a punto de empezar a llover”.

Era el momento exacto y ella supo inmortalizarlo. “Ni soy profesional, ni por desgracia he hecho ningún curso de fotografía, aunque debería y eso que tengo una buena cámara, pero no le saco todo el rendimiento que podría. Es una pena”, indica.

En estos momentos, cuenta con más de mil seguidores en su página a los que les gusta las imágenes que ha extraído de sus cinco viajes por África. En concreto, la foto de los elefantes ha recibido hasta el momento 2.000 “me gusta”. Indica que resulta muy complicado que publicaciones como el National Geographic reconozcan este tipo de trabajos y de hecho ahora mismo cuentan con más de 26.000 personas que les remiten su trabajo y que aspiran a que se premie su obra.

Suñer ha recorrido ya países como Kenia, Tanzania o Zimbawe y realizado periplos de más de 2.000 kilómetros de una sola tirada. Ha caminado al lado de leones, disfrutado de un amanecer con desayuno incluido en un globo sobre la sabana, navegado en un río donde reposaban los hipopótamos y se ha despertado mientras una jirafa metía la cabeza por la ventana de su cuarto.

Ahora con la crisis tendrá que resignarse este año a quedarse en la isla. Pero en su cabeza ya tiene perfectamente planificado un próximo periplo por Uganda para disfrutar del espectáculo de los gorilas en su propio santuario. Algunos de estos viajes los ha emprendido sola aunque siempre ha contado con el apoyo de los masai dispuestos a servirle de eficaces guardianes.

Con ellos suele hablar en inglés pero poco a poco se ha ido familiarizando con el dialecto swajili. La vocación viajera de Suñer, según ella misma admite, le ha llegado un poco tarde y después de haber tenido cuatro hijos y un nieto. Uno de sus viajes lo hizo con su madre de casi 80 años, el primero con su hermana y el segundo con su marido que no quiere volver a repetir la experiencia. En todos los casos huye de los hoteles y prefiere acercarse lo más posible a la naturaleza y a la realidad de estos países.

Ahora, a falta de recursos para poder emprender otro periplo de forma inmediata, se conforma con entrar en internet e intercambiar imágenes y anécdotas con viajeros de todo el mundo. Incluso se codea con fotógrafos profesionales que han valorado y reconocido también sus instantáneas. De todas las experiencias vividas sólo recuerda con cierto temor el paseo por el río lleno de hipopótamos que en cualquier momento podían voltear su barca y la noche que pasó en una choza por la que rondaban libremente los ratones.

En esta última ocasión los masai no cumplieron del todo con su labor de vigilantes y ella no se atrevió a salir de la cabaña por miedo a las hienas que merodeaban por los alrededores. “Al día siguiente les eché una bronca y ellos me miraron sin entender por qué me preocupaba tanto. Cogieron un palo y mataron a la rata. Eso fue todo”. Además, de las fotos de África, también ha obtenido reconocimientos por sus instantáneas del Teide.