Muchas veces todo vale para montar el pollo, nunca mejor dicho, y a veces eso incluye hasta estrategias cercanas o aliadas con la desinformación. Es en parte lo que puede estar ocurriendo estas semanas en Canarias, al menos en algunos casos específicos, cuando se arman planes de actuación o estrategias, también las institucionales públicas, dirigidas a criticar con contundencia el recién firmado acuerdo bilateral entre la Unión Europea (UE) y los cinco estados iberoamericanos que integran como parte la alianza comercial Mercosur (Venezuela por ahora está suspendida), con Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia, tres grandes países exportadores de carnes de vacuno y de pollo entre ellos. A estos países se unen otros tantos solo como asociados.
Uno de esos casos singulares conecta con la escandalera en contra de ese acuerdo comercial que abandera el Gobierno de Canarias y su Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria. Principalmente, es el relacionado con los supuestos desmanes que tal pacto bilateral acarrearía al subsector ganadero local, por cierto, ya prácticamente desaparecido en las islas; mucho más si se habla de su actividad de producción de carne. En ese progresivo camino hacia el abismo, ha habido amplia aportación al destrozo de lo que el ya fallecido líder ganadero Pedro Molina (que fuera presidente de Agate) denominó como el Mercosur canario. Hay que recordar, llegado a este punto, que el pacto recién firmado entre la UE y Mercosur, ahora pendiente de lo que dictamine el Tribunal de Justicia Europeo, tras decisión de la Eurocámara, llevaba años y años en fase de negociación.
Pedro Molina se refería con el Mercosur canario, en efecto, a las ayudas comunitarias (directas o fiscales) integradas en el Régimen Específico de Abastecimiento (REA) - dentro del programa Poseican antes, ahora llamado Posei- para la importación a las islas de productos cárnicos frescos y congelados, entre otros artículos, desde el resto de la UE (con una ficha financiera máxima para esas ayudas comunitarias de 72,7 millones de euros al año, la vigente, aunque reducida en Canarias a unos 62 millones) y desde terceros países, estas últimas importaciones primadas con la exención del Arancel Aduanero Común (AAC) y con origen casi siempre en Brasil, Argentina y Uruguay (Mercosur), tres grandes productores de carne de vacuno y pollo.
Según las cantidades establecidas en los balances de aprovisionamiento del REA publicados a 31 de diciembre de 2025, con fuente en el Gobierno de Canarias, los volúmenes permitidos para productos cárnicos de vacuno, porcino y pollo (los kilos que se podían importar desde Canarias con exención arancelaria durante el pasado año) fueron los siguientes: 18.700 toneladas para bovino fresco-refrigerado, 13.650 para bovino congelado, 8.650 para porcino congelado de consumo directo y 875 para porcino de uso industrial, 30.500 para el pollo congelado de consumo directo y 1.800 para el pollo con destino a la industria. Estas son las grandes cifras.
Como acertadamente lo definió Pedro Molina años atrás, el Mercosur canario existe y ya tiene más de 30 años de vida, pues vio la luz a mediados de 1992, a la vez que el entonces llamado programa Poseican.
El Mercosur canario, por lo tanto, hace tiempo que se llama REA; está integrado desde 1992 en el programa comunitario hoy denominado Posei (con una ficha financiera anual de 268,4 millones de euros, sin contabilizar los 32 millones del Posei adicional), incluso tras todas las adaptaciones sufridas, a las que muy bien el REA ha sobrevivido, y actualmente sigue permitiendo que esas importaciones desde terceros países entren en Canarias, solo en Canarias, sin abonar el AAC, lo que se traduce en un ahorro notable para los importadores locales, con decenas de millones de euros al año perdonados o, lo que es lo mismo, con un gasto fiscal asumido por la UE de idéntica cantidad.
En definitiva, que el Gobierno de Canarias actual, de CC y PP y con los apoyos políticos de ASG y AHI, está montando tremenda escandalera por los efectos devastadores que el acuerdo rubricado por la UE con Mercosur tendrá para la ganadería local cuando lo cierto es que el Ejecutivo autonómico, en esos más de 30 años, no ha dejado de apoyar justo lo que ahora se pretende implantar en la UE (también en las islas) a través del pacto con Mercosur, si este finalmente termina activándose, pues este miércoles el Parlamento Europeo lo ha paralizado hasta ver qué opina el Tribunal de Justicia Europeo. Es algo que aquí, se puede decir, ya tenemos desde 1992 y se llama REA. Algunos no se han querido enterar o sencillamente se hacen los locos.
Siendo esa la realidad, tanto el consejero de Agricultura, Narvay Quintero (AHI), como otros integrantes del Gobierno de Canarias, no pierden oportunidad para afirmar una y otra vez que el pacto de la UE con Mercosur terminará o dañará sobremanera la ganadería local. Debe ser lo poco que ya queda de ese subsector, pues tal función ya la ha dejado casi hecha el REA, nuestro Mercosur tan particular, según la genialidad de Pedro Molina.
Pero lo peor quizá sea, dentro de esa estrategia política, la torcedura de la verdad, el juego con ella hasta asumir el tonteo con la desinformación. Y luego está el hecho de que las organizaciones profesionales agrarias de las islas y las patronales sectoriales del ámbito primario local, unas más que otras, también se apunten a agrandar esa bola, cuando los impactos más serios del pacto Mercosur para Canarias por ahora solo se observan en algunos productos tropicales, principalmente la papaya y menos en el aguacate u otros. Además, muy poco o nada, en estos momentos, para el plátano de las islas, pues Brasil exporta banana a la UE en cantidades irrisorias y queda por ver la conexión con este pacto de otros productores latinoamericanos como Ecuador.
También, hay que decirlo, se plantean algunas oportunidades, eso sí muy difíciles de consolidar, para vinos y quesos con calidad y origen certificados y otros productos de Canarias, esto en el ámbito agroalimentario. Capítulo aparte requiere el análisis de los aspectos fitosanitarios, las condiciones sociales de producción en esos países y otras, y la efectividad de los controles en la UE y de la aplicación de las muchas cláusulas de salvaguardia.
Pros y contras aún por analizar al detalle
En el subsector ganadero, lo que establece el pacto de la UE con Mercosur no es nuevo en sentido estricto para Canarias, pues el archipiélago puede importar desde terceros países, tras la aprobación del REA en 1992 por la hoy UE, los productos cárnicos que compiten con la oferta local (los que están en Mercosur son los principales) sin la barrera fiscal del Arancel Aduanero Común, la que pretende quitar ese acuerdo bilateral poco a poco. Esto fastidia a la Península, pero no, casi nada, a Canarias. A Canarias hasta le podría abaratar los suministros que provienen del resto de España y de la UE. Así son las cosas.
Lo expuesto es la realidad hoy y está ocurriendo desde 1992, con el apoyo tácito de todos los gobiernos autonómicos habidos en Canarias y con el empeño máximo de los grupos de presión afines a la industria agroalimentaria local, el entorno de Asinca, y a los importadores de materias primas y de bienes de consumo directo. Así es, pero así no se está contando.
¿Y por qué? La estrategia, según fuentes consultadas que son conocedoras del sector agrario en las islas, parece que es lograr que la bulla montada por el supuesto gran impacto en las islas del acuerdo entre la UE y Mercosur ayude o contribuya, abra el camino, a una mejor negociación de los intereses de Canarias en relación con los procesos abiertos sobre la reforma de la Política Agrícola Común (PAC) y del nuevo Marco Financiero Plurianual (MFP), el del septenio 2028-34. Por ahí pueden ir los tiros porque ahí Canarias ahora sí tiene un gran destrozo económico.
Ya se sabe que por ahora, según la propuesta aprobada y elevada a discusión por la Comisión Europea sobre el futuro MFP, los intereses de las islas están muy mal atendidos (hay consenso en esto) con vistas al nuevo septenio presupuestario, pues no han caído las medidas singulares para las regiones ultraperiféricas (Canarias, entre las más influyentes).
Por ejemplo, se duda sobre el mantenimiento del programa Posei actual, entre otras figuras clave, y hay un recorte sangrante en la financiación especial para Canarias dentro de los fondos estructurales respecto a lo logrado en el marco plurianual de apoyo ahora vigente, el de 2021-27.