Cheikh Amadou Bamba, el líder que luchó pacíficamente contra la colonización francesa en Senegal

Alicia Justo

Dakar —

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La violencia fue de los signos característicos de la colonización francesa en África. En ese contexto de sangre, imposiciones y nuevas estructuras de poder, sobresalió una figura que luchó contra los colonizadores franceses sin coger un arma, que unió a sus seguidores mediante el conocimiento y defendió a través de la palabra la soberanía de su pueblo. A diferencia de otros referentes de liberación y resistencia como Nelson Mandela o Mahatma Gandhi, el senegalés Cheikh Amadou Bamba es escasamente reconocido fuera de su país, y, al igual que estos líderes, fue encerrado y, además, desterrado por su oposición a la administración francesa. “Él decía algo muy importante y es que quien ofende jamás tendrá paz, quien se vengue jamás tendrá paz”, señala Ibrahima Thioub, historiador especializado en la etapa moderna y contemporánea de África y vicerrector de la Universidad de Touba, Senegal.

Su figura viene ligada a su oposición pacífica a la violencia colonial ejercida por Francia en el siglo XIX y por ser el fundador de la rama musulmana del mouridismo. Amadou Bamba nació en torno a 1852 en la ciudad de Mbacke, Senegal. Su infancia y adolescencia estuvieron marcadas por la violencia ejercida por el poder colonial en Senegal y por las diferentes guerras de religión protagonizadas por las facciones islámicas de la zona. “Él fue capaz de encontrar una respuesta a la pregunta de cómo preservar la identidad musulmana de la sociedad en un contexto colonial, pero sobre todo en un contexto de violencia”, resume Thioub. Él concibió que la única respuesta era la paz. “No solo busca eliminar la alienación colonial, sino también la violencia de los estados nacidos de los yihadistas o de los movimientos reformistas yihadistas”, agrega el historiador.

Pronto comenzó a tener una gran comunidad que seguía sus pasos. La administración francesa tenía miedo de su poder de convocatoria, al ver que cada vez más seguidores se unían a su palabra: “Él concienciaba a los senegaleses sobre su futuro, su vida y respecto a su soberanía. Por lo tanto, él hablaba contra todas esas ideas que tenían los colonizadores”, apunta Amdy Moustapha Mbacké, uno de los guías de la mezquita de Touba. El especialista agrega que ante esta situación, los gobernadores franceses le escribieron varias cartas alertándole sobre la situación, a lo que él siempre respondía que no estaba interesado en una guerra contra los franceses: “Él decía que no era su convicción matar a nadie o hacerle daño a alguien”, aclara Mbacke. De cualquier modo, fue acusado en 1895 por el poder colonial de alterar el orden público y desterrado durante siete años a Gabón y después a Mauritania. Una vez que la administración francesa le permitió regresar a Senegal, lo sometió a encierro domiciliario hasta su fallecimiento, en Diourbel el 19 de julio de 1927. “La colonia lo ha juzgado con una visión del pasado. Mientras él iba construyendo una comunidad con una mirada hacia el futuro, la colonia lo ha juzgado con los ojos del pasado. Y eso va a crear una tensión entre ellos”, mantiene Thioub.

Sin embargo, su presencia y convicciones había dejado una profunda huella en algunas regiones de Senegal. Fundó la ciudad de Darou Salam (la ciudad de la paz), un barrio de la actual Touba, la ciudad santa del país y también fundada por él. Al mismo tiempo, sus seguidores, con él en la distancia, habían continuado con sus enseñanzas. “Incluso después de su regreso del exilio a Darou Salam, en 1903, los informes dicen que él había conseguido congregar aún a más gente, a más discípulos. Y eso provocaba aún más miedo”, cuenta Mbacke. Su exilio, por lo tanto, no hizo sino potenciar su misticismo. Según los informes coloniales redactados por los administradores franceses Victor Leclerc y Martial Henri Merlin, a Cheikh Amadou Bamba se le requirió en varias ocasiones para preguntarle si estaba preparando una yihad (guerra santa) a lo que él respondió, tal y como señala Mbacke, que él era un combatiente que luchaba contra sí mismo para tener valores humanos y para alcanzar los valores del islam, pero no para tomar armas contra la población. “Él hablaba de la yihad de la pluma, del saber. Pero cuando le preguntaron ¿estás preparando la yihad? Él dijo que sí. Entonces, para la administración colonial, él no solo era sospechoso, sino que además lo admitía”, añade Thioub.

“El decía que el islam no era enfrentarse ni tener conflicto con personas de otras religiones o ideologías, sino que el islam es la paz y vivir juntos. Él decía que nuestro enemigo es el mal que hay en nosotros y que había que combatirlo”, sostiene Mbacké. En cualquier caso, su visión fue más allá de la religión. Criticaba el modo de vida que pasaba por el simple consumo de objetos y que por su producción causan el destrozo de la naturaleza y llamaba a centrarse en todo aquello que es realmente humano, como la producción literaria, la producción cultural, el pensamiento o la fe. “La lección de Cheikh Amadou Bamba es una lección de soberanía, de paz y de poner por delante el saber, ya que el saber no destruye la naturaleza”, recalca Thioub.

La figura de Cheikh Amadou Bamba resalta al mismo tiempo por su gran producción literaria. Llegó a escribir miles de libros sobre distintas temáticas, como religión, ciencias o astronomía. Según señala Mbacké, muchos de ellos continúan en manos de Francia. “Era una enciclopedia. Conocía prácticamente las ciencias religiosas, las ciencias naturales y tenía conocimientos muy profundos de esas ciencias”, revela el guía de la mezquita. A pesar de todo ello, el líder religioso no es tan conocido fuera de sus fronteras. Para el vicerrector de la Universidad de Touba, esto puede deberse a la creación de las jerarquías raciales durante la colonización, a que sus textos se divulgaron en árabe y sus enseñanzas, en el idioma mayoritario de Senegal, el wolof. Todo lo contrario ocurre en Senegal, donde es una figura venerada y respetada por millones de personas. Una muestra es la gran peregrinación multitudinaria a su ciudad, Touba, que conmemora la partida al exilio del líder religioso y que cada año paraliza una buena parte del país.

Una vez que regresó de su destierro, y aun con la administración francesa poniéndole el ojo, continuó con sus enseñanzas desde varias regiones del país, sumando más seguidores a esta rama senegalesa del islam. “Como historiador, me quedo particularmente fascinado por este análisis que hizo de la situación y cómo hablaba de que teníamos que trabajar por la paz. Después de tres siglos de tráfico de esclavos y de robos, de conquistas coloniales que destruyeron los pueblos, de estados teocráticos y de yihadistas que matan a un gran número de personas, él hablaba de paz. De este modo, también vemos que su programa es realmente actual”, asevera Thioub.