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1844. Plaga de langostas en La Palma

Lejanos recuerdos quedan de las caceroladas comunitarias “al sonido de tambores”, “sonajas”, “almirez y cencerros”, “también las cajas de guerra”, “clamaban por defensores” en las manos de mayores y niños espantando a los cigarrones de las tierras de sementeras, vid, pastos y frutales.

Las bíblicas plagas de langostas devoraron los campos canarios. Lejanos recuerdos quedan de las caceroladas comunitarias “al sonido de tambores”, “sonajas”, “almirez y cencerros”, “también las cajas de guerra”, “clamaban por defensores” en las manos de mayores y niños espantando a los cigarrones de las tierras de sementeras, vid, pastos y frutales.

A la isla canaria de La Palma, la más noroccidental y la segunda más alejada de las costas de África, ha sufrido dolorosos azotes del “cigarro berberisco”, “vestido a lo cardenal”, de color rojo. Las calamidades naturales sembraron hambrunas mortales que llevó a la emigración e incluso muerte a numerosas familias de campesinos palmeros.

La referencia más antigua que conocemos de plaga de langosta en La Palma la recoge Juan B. Lorenzo Rodríguez en Noticias para la historia de La Palma diciendo: “El 16 de octubre de 1659. Entró en la isla la langosta de cigarrón en esta ciudad, que llenó toda la isla y comió la corteza de todos los árboles y destruyó todos los pastos, con que murió mucho ganado menor y mayor y muchas cabalgaduras yeguas y jumentos [mulo, burro] y destruyó muchas sementeras y algunas volvieron a reventar y las que comió tres veces no volvieron”.

Por esos años del siglo XVII La Palma sufría los azotes de la naturaleza por la invasión de estos insectos. Nuestros antepasados miraban al cielo solicitando clemencia con sufragios, procesiones y sermones. La devoción cristiana hizo que se llevaran en procesión a Santa Cruz de la Palma a Nuestra Señora de la Piedad y a San Andrés, desde el actual municipio de San Andrés y Sauces; de Puntallana a San Juan y a Nuestra Señora de las Nieves y al Cristo del Planto.

Fotograma de Juan Fernández Castillo, 1954. Filmoteca Canaria.

Fotograma de Juan Fernández Castillo, 1954. Filmoteca Canaria.

En el  año 1844 el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane se ve obligado a tomar medidas urgentes ante la invasión de millones y millones de cigarrones. A finales de este año, a propuesta del Síndico Personero, la sesión plenaria estudia el informe de los destrozos que estaban haciendo los cigarrones  y acuerdan una curiosa determinación, por unanimidad de los miembros de la Corporación Municipal: “que toda persona de catorce años para arriba, sin distinción de fuero o privilegio, tenía que presentar un costal de cigarrones en el término de tres días, y el que no lo cumpliera se le impondría una multa de cinco reales de vellón”. Los sacos conteniendo los cigarrones se tendrán que presentar en el casco urbano al Teniente de Alcalde, en Tazacorte a Miguel Pérez Morales y Antonio Pérez Morales y en los demás pagos a Félix González de León, Mateo Pérez y Florencio Fernández Calero.

Desconocemos el grado de cumplimiento de este acuerdo municipal. La imaginación nos lleva a recrear, imaginando, el problema que debió suponer entre miembros de una misma familia, mayores de catorce años.  No llegamos a comprender que sistema utilizarían para dar caza al “fiero basilisco”, posiblemente con humo. Niños, hombres y mujeres, curas, alcalde, concejales y mayores contribuyentes tenían tres días para  recorrer los campos atrapando  insectos y llenando un saco. La penalización o multa, cinco reales de vellón, les obligaría a las más cómicas escenas. El fin justificaba sobradamente el acuerdo municipal.

Y como en otros tantos sucesos palmeros de nuevo aparecen los versos que describen la invasión de la “calamidad pública”, en este caso langosta. Se diría que los palmeros raramente utilizan la prosa para describir los sucesos. Versando es la manera popular de recoger la historia de la isla.

En nuestro archivo particular contamos con varios ejemplos de ello que atribuimos al poeta aridanense Domingo Carballo Wangüemert (1794-1867).

En este caso con el título Memoria de la cigarra berberisca aparecida en esta provincia en el presente año, (1844-1845), con fecha de 30 de noviembre de 1844. Actualizando la ortografía dicen así: 

 Como fiero basilisco

 a La Palma ha recalado

 a comer nuestro sembrado

 el cigarro berberisco

 

Los pueblos se conmovieron

cuando vino de la costa

la perniciosa langosta

que en nuestros predios comieron.

 

El cielo nublado vieron

de este avichucho morisco

que por el punto marisco

a tierra se dirigió;

y hambriento desembarcó

como fiero basilisco.

 

Treinta y tres años habrá

me parece cuenta fija

que esta mala sabandija

sin duda estuvo aquí ya.

 

Ella sin autoridad

estos suelos han pisado

muchos perjuicios han causado

en esta segunda vez

pues a quince de este mes

a La Palma ha recalado.

 

Este intrépido extranjero

acérrimo se portó

que los campos destrozó

con notable desespero.

 

Más, á pesar de su esmero

millones se han enterrado

pues el público alarmado

salió a evadir la invasión

por cuanto iba el cigarrón

a comer nuestros sembrados.

 

Que sucesos tan fatales!

que reciente novedad!

después de calamidad

cigarra en nuestros panales.

 

Descarados animales

todo llevó de barrisco

el pobre que tenía un fisco

con atención lo celaba

y aún así se la pegaba

el cigarro berberisco. 

Este  relato en versos, a modo de crónica, aporta referencias históricas concretas como son la fecha inmediatamente anterior de otra plaga de langostas en La Palma de 33 años antes, que correspondería a 1811. Coincide con la recogida en Noticias para la historia de La Palma del palmero Juan B. Lorenzo (Tomo I) cuando dice: “Hubo langosta en el año 1811, que duró hasta el 20 de enero de 1812”. 

Fotograma de Juan Fernández Castillo, 1954. Filmoteca Canaria.

Fotograma de Juan Fernández Castillo, 1954. Filmoteca Canaria.

El poeta aridanense tenía claro que procedían de África, que habían recalado el 15 de noviembre de 1844 a La Palma. Esta  fecha concreta la corroboramos, igual que la anterior, en el trabajo de Juan B. Lorenzo. Emplea el poeta voces que denotan una cierta cultura al denominar como fiero basilisco a los cigarrones. En el diccionario de la Real Academia basilisco  se recoge como: “Animal fabuloso, al cual se le atribuía la propiedad de matar con la vista”. Otra acepción lo define como: “Persona furiosa o dañina”. Ambas definen perfectamente la furia con la cual recalaron las langostas, en palmero coloquial cigarrones, a La Palma.

Otra voz que aporta, y muy interesante, es fisco, con el significado de pequeño, en este caso trozo de terreno de un “pobre”. Esta voz, utilizada normalmente en La Palma, no corresponde con el significado que de la Real Academia, por el contrario se encuentra recogida dentro los numerosos canarismo-palmero, de procedencia portuguesa. 

Carballo Wangüemert continúa el 28 de enero de 1845 con el siguiente poemario que titula: Continuación delcigarro

 

Buscando el mantenimiento

en nuestros prados se entra

sin pasarnos parlamento

ni pedir alojamiento.

 

Despótico atrevimiento

intolerable osadía!

Pues que con sol y buen día

es cuando rompe el combate

se rige por el embate

fuerte sirvengüencería.

       

Es de distinguida esfera

este escuadrón mencional

vestido a lo cardenal

por noviembre entró de fuera.

 

Dentadura carnicera

tiene este insecto africano

se  recoge muy temprano

pues por la categoría

se levanta alto el día

en invierno y en verano.

 

Apenas están en pie

comen a mayor porfía

lo necesario del día

pero no toman café.

 

Pues en seguida se ve

que al tiempo de concluir

se marchan a divertir

y que en muchas ocasiones

hacen sus evoluciones

hasta volverse a reunir

 

Con cierta apresuración

dijo Palometa al cura

su merced me desconjura

se mi suerte al cigarrón.

 

Vámonos sin dilación

que esta plaga abominada

señor no me deja nada

y que me he puesto a pensar

que me podrá devorar

a mi prole desgraciada.

 

La música resonaba

en esos campos de Dios

cuando el enemigo atroz

vegetales desolaba.

 

Por último se alejaba

al sonido de tambores

sonajas y otros tenores

como almirez y cencerros

también las cajas de guerra

clamaban por defensores.

 

Seca, rosca y cigarrón

nos va todo a consumir

quien así podrá vivir

lamentable situación.

 

Vientos y contribuciones

el metálico ha escaseado

el pobre se ve agobiado

la península ha sufrido

guerras civiles que habido

pues muchos se han desgraciado

 

La eterna sabiduría

todo lo debe mandar

por tanto no hay que quejar

que el remedio habrá algún día.

 

El hombre no desconfía

el pide a su criador

que por su infinito amor

nos mire con equidad

dándonos felicidad

que es nuestro Dios y Señor. 

Pueblo de Los Llanos 28 de enero de 1845. 

Al pie de estos versos consta la siguiente nota: “Hoy 30 de enero hemos sido socorridos con la lluvia. El citado cigarro berberisco se extinguió en el mes de julio de 1845”. Nuestro poeta señala la extinción de la langosta en el mes de julio, por el contrario Juan B. Lorenzo recoge el mes de marzo de 1845,  que bien pudiera referirse a la demarcaciones territoriales del naciente de La Palma y unos cuatro meses después, según el poeta aridanense, en el Valle de Aridane en el poniente palmero.

En estos años las calamidades naturales asolaban la maltrecha economía de La Palma. Conjuntamente con la plaga de cigarrones se destapó la enfermedad de las papas (escarcha), la “seca” (sequía) continuaba. La sequía en el valle de Aridane propició que el Ayuntamiento, el 27 de enero de 1839, acordara rogativas con la Virgen de las Angustias y traerla en procesión a Los Llanos de Aridane, con anterioridad había estado en octava la Virgen de los Dolores “no habiendo sido posible el conseguir semejante beneficio”. 

Según refiere Lorenzo Rodríguez en la primavera de 1847 hubo una gran carestía que obligó a la población a comer pencas “de la que resultó una gran mortandad de pobres.  Cuéntase, como cosa cierta, que en los pueblos de Garafía y Tijarafe muchos pobres se mantuvieron por algún tiempo con pencas de nopales”. Terminaba el desastre económico de la década de los años treinta y cuarenta, del siglo XIX, cuando en 1852 comienza la enfermedad  de los viñedos, “el oidium Tue Keri”.

Ya decíamos que como en otros tantos sucesos palmeros, como pueden ser temporales y riadas, volcanes, naufragios etc, en La Palma el pueblo los recuerda de memoria en forma de décimas, redondillas y romances. Me consta que con la pandemia del Covid-19 nuestros poetas ya han escrito y siguen escribiendo sus sentimientos en décimas. Nos vale la misma esperanza y ruego de Domingo Carballo:

 

La eterna sabiduría

todo lo debe mandar

por tanto no hay que quejar

que el remedio habrá algún día.

 

Los palmeros, desde tiempo inmemorial, raramente utilizan prosa para describir los sucesos de las calamidades públicas. Después de componer el poemario las cantan y van pasando a nuestras gentes que las divulgan recitándolas y en muchos casos se olvida a su autor y pasan a ser anónimas.

En este caso hemos visto los versos que describen la invasión y plaga de las langostas entre 1844 y 1855. El valioso poemario de Domingo Carballo Wangüemert (1794-1867), ya está en la  historia y en la literatura popular de La Palma.

 

NOTA: Ilustración en fotogramas de la filmación de Juan Fernández del Castillo, año 1954, facilitadas para este trabajo por la Filmoteca Canaria, lo que agradecemos.                                

 

*María Victoria Hernández es cronista Oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002),  miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009).

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