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Autocaravanas en La Palma: ¿libertad de movimiento o necesidad de regulación?

Santa Cruz de La Palma —

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En una isla conocida por su tranquilidad, sus paisajes vírgenes y sus tradiciones centenarias, el debate sobre el turismo al aire libre ha comenzado a adquirir un protagonismo inesperado. El detonante: la apertura del proceso de información pública del nuevo reglamento que regulará los campings, las acampadas y los establecimientos turísticos al aire libre en Canarias.

Aunque es una normativa de ámbito regional, la isla de La Palma ha sido una de las afectadas por la creciente presencia de autocaravanas, especialmente en épocas de alta afluencia como los Carnavales o la Bajada de la Virgen. Un fenómeno que ha generado opiniones encontradas, y que ahora plantea preguntas difíciles: ¿cómo garantizar la convivencia entre residentes y visitantes? ¿Debe limitarse este tipo de turismo o facilitarse con infraestructuras adecuadas?

El auge de las autocaravanas: entre la comodidad y la saturación

En los últimos años, el turismo en autocaravana ha experimentado un crecimiento notable en Canarias. Sus defensores lo presentan como una forma económica, libre y flexible de viajar. La posibilidad de recorrer la isla sin necesidad de alojamientos tradicionales ha seducido a miles de personas, que optan por esta modalidad para disfrutar del entorno natural sin horarios ni reservas.

Sin embargo, la falta de una regulación clara ha dado lugar a situaciones problemáticas. En Santa Cruz de La Palma, vecinos relatan cómo, durante celebraciones multitudinarias, las calles quedan bloqueadas por vehículos de gran tamaño, los aparcamientos se colapsan y los espacios públicos se ven sobreutilizados. Algunos mencionan incluso un incremento en la acumulación de residuos y en el desgaste de las infraestructuras urbanas.

¿Se trata de un problema real de saturación, o de una falta de adaptación a nuevas formas de turismo? ¿Hasta qué punto debe una ciudad transformarse para acoger a todos los que quieren conocerla?

¿Qué propone el nuevo Reglamento?

El texto, que aún puede recibir aportaciones ciudadanas, plantea varios cambios significativos:

Zonificación: Se definirán áreas específicas donde se permitirá estacionar y pernoctar en autocaravana, fuera de núcleos urbanos o espacios naturales protegidos.

Servicios mínimos: Se exigirán condiciones básicas para las zonas habilitadas, como agua potable, electricidad, saneamiento y recogida de residuos.

Régimen sancionador: Se prevén multas y medidas correctoras para quienes incumplan las normas.

Desde una perspectiva técnica, el reglamento busca ordenar lo que hasta ahora ha funcionado, en muchos casos, por inercia o tolerancia. Pero, ¿se adaptará esta normativa a la realidad de la isla? ¿Será suficientemente clara, justa y viable para aplicarse sin generar nuevas tensiones?

Impacto potencial en la isla: ¿orden o limitación?

Entre los beneficios esperados, se menciona una mejora en la calidad de vida urbana, la protección de zonas sensibles y una imagen más ordenada y sostenible del destino turístico.

Al mismo tiempo, algunos observan posibles efectos colaterales: si no se ofrecen suficientes alternativas bien señalizadas y accesibles, ¿podría la normativa desplazar el problema en lugar de resolverlo? ¿Podría incluso disuadir a un tipo de visitante que valora precisamente la libertad de movimiento y la espontaneidad?

Tampoco está claro si las infraestructuras necesarias estarán listas a corto plazo, o si requerirán inversiones que aún no han sido detalladas. Y en una isla como La Palma, con una orografía compleja y espacios limitados, ¿dónde se ubicarán estas zonas habilitadas sin generar nuevas fricciones?

Un debate más amplio: ¿qué turismo queremos?

La cuestión de fondo trasciende el caso de las autocaravanas. ¿Qué modelo de turismo se quiere para La Palma? ¿Uno más libre, descentralizado y económico, o uno regulado, planificado y con servicios definidos? ¿Y es posible encontrar un equilibrio real entre ambos extremos?

No es una decisión menor. Afecta al territorio, a la economía local, a los recursos naturales, pero también a la experiencia de quien visita la isla. Las autocaravanas pueden representar una oportunidad o un desafío, dependiendo del enfoque con el que se aborde la convivencia entre usos, espacios y personas.

Por ahora, la pelota está en el tejado de las administraciones… y también en el de la ciudadanía, que puede opinar durante el periodo de información pública. La pregunta queda abierta: ¿Es este el camino hacia un turismo más ordenado y sostenible, o un paso hacia la limitación de una forma legítima de viajar?