La Palma es un lugar donde la geología habla por sí misma. Sus volcanes, coladas y cráteres muestran la fuerza que ha dado forma a la isla durante siglos, y permiten recorrer con los pies la historia de la Tierra.
Aquí, cada erupción ha transformado el territorio y ha dejado huellas visibles que hoy se convierten en escenarios únicos para el viajero.
Y es que, la isla no solo ofrece una naturaleza intacta y paisajes impresionantes, sino que también invita a comprender, paso a paso, cómo la vida y el fuego han convivido en un territorio en constante transformación.
El volcán San Antonio, ubicado en el municipio de Fuencaliente y cuya última erupción se registró en 1677, es uno de los más emblemáticos de la isla. Un sendero sencillo rodea su cráter y permite observar de cerca la huella de la actividad volcánica, con lavas solidificadas que cuentan siglos de historia.
Desde su mirador se contempla una panorámica amplia del sur de la isla: el océano Atlántico, las coladas que descienden hacia la costa y, en días claros, incluso las islas vecinas como El Hierro, La Gomera o Tenerife.
Unos kilómetros más al sur, el Teneguía conserva las huellas de la erupción de 1971, la más importante de la isla durante el siglo XX. Recorrer sus senderos es adentrarse en un paisaje de contrastes: el negro intenso de la lava, el verde de los cultivos y el azul infinito del Atlántico. Además, sus lavas negras se mezclan con viñedos de malvasía que producen algunos de los vinos más singulares de Canarias.
El volcán que cambió la isla
Entre septiembre y diciembre de 2021, Cumbre Vieja protagonizó una de las erupciones más mediáticas del siglo XXI en Europa. Durante casi tres meses, la lava descendió lentamente hacia el mar, cubriendo cultivos, atravesando pueblos y dibujando un territorio inédito en el sur de la isla.
Aquel episodio no solo transformó el paisaje: también dejó un relieve nuevo que hoy forma parte inseparable de la identidad palmera.
De esta manera, el Centro de Visitantes Caños de Fuego se ha convertido en el espacio de referencia para conocer en profundidad este fenómeno.
Allí, exposiciones interactivas y recorridos guiados explican cómo se estudian los volcanes, cómo se monitorizó la erupción y qué aprendizajes dejó para la ciencia y para la población local. En los alrededores, senderos habilitados permiten caminar sobre las coladas solidificadas y observar de cerca cómo la naturaleza comienza a regenerar un paisaje que hace pocos años aún estaba en erupción.
Rutas para caminar sobre la historia de La Palma
La mejor manera de descubrir la isla es a través de sus senderos, que conectan naturaleza, ciencia y cultura. La Ruta de los Volcanes, uno de los grandes itinerarios de senderismo de Canarias, atraviesa buena parte de la dorsal de Cumbre Vieja y permite contemplar cráteres, coladas y lavas que abarcan siglos de actividad volcánica. Con una extensión de más de 20 kilómetros, recorre paisajes cambiantes como pinares que resisten sobre lava, miradores con vistas al mar y terrenos cubiertos por ceniza.
Aún más reciente es la Ruta del Volcán de Tajogaite, el nombre con el que se ha bautizado al nuevo cono surgido en 2021. Esta ruta guiada conduce a los visitantes hasta las inmediaciones del volcán, en un recorrido donde se combinan explicaciones geológicas con la posibilidad de ver de cerca un paisaje en plena transformación.
Caminar por este entorno es observar cómo se ha creado un territorio nuevo, cómo la ceniza y la lava todavía conservan la huella de su nacimiento y cómo la naturaleza empieza a colonizar un espacio virgen.