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Dia Internacional de Solidaridad con (todo) el Pueblo Palestino

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Las Naciones Unidas dedican determinados días del año a acontecimientos o temas específicos. El objetivo de estas fechas señaladas es concienciar a la población, promover actividades de sensibilización y fomentar que los medios de comunicación aborden cuestiones que habitualmente reciben escasa atención.

Existen días para los asuntos más variados y singulares: el Día Mundial de la Bicicleta (3 de junio), el Día Internacional del Ajedrez (20 de julio) o incluso el Día Mundial del Retrete (19 de noviembre). Otros, en cambio, se han consolidado como hitos imprescindibles de las reivindicaciones sociales, como el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (25 de noviembre) o el Día de los Derechos Humanos (10 de diciembre).

El 29 de noviembre es el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. La fecha conmemora el aniversario de la aprobación por la Asamblea General de la ONU de la conocida como “resolución de la particición”, que contemplaba la creación de un “Estado judío” y un “Estado árabe” en Palestina, con Jerusalén sometida a un régimen internacional especial. El propósito de esta efeméride es dar la “máxima difusión posible a la información sobre los derechos inalienables del pueblo palestino”.

¿Es hoy necesaria o incluso posible mayor difusión? Quien, a estas alturas, desconozca lo que ocurre en Palestina difícilmente lo hace por falta de información. La respuesta militar desproporcionada del Gobierno de Israel tras los atentados del 7 de octubre de 2023 (calificada por una comisión independiente de la ONU como genocidio) ha convertido a la población palestina en protagonista trágica y permanente de la actualidad mundial.

Una parte sustancial de la sociedad civil internacional ha expresado su solidaridad y ha denunciado la devastación de la Franja de Gaza. A lo largo del planeta se han sucedido manifestaciones, campañas de boicot y flotillas humanitarias. Estas movilizaciones han impulsado además una nueva ola de reconocimientos al Estado de Palestina por parte de varios gobiernos, entre ellos España, Reino Unido o Francia.

Sin embargo, la solidaridad internacional con el pueblo palestino es hoy más necesaria que nunca. El pasado 17 de noviembre, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó, con la abstención de China y Rusia, el “Plan Integral del Presidente Donald J. Trump para Poner Fin al Conflicto de Gaza”. Aunque puede resultar un posible primer paso en un proceso de enorme complejidad, el documento elude tres cuestiones esenciales: no especifica el papel del pueblo palestino en la toma de decisiones, no contempla explícitamente la creación de un Estado palestino y omite toda referencia a Cisjordania y Jerusalén Oriental, como si el futuro de Palestina pudiera decidirse sin la totalidad de sus territorios y sin su propia población.

Es fundamental recordar que el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino no se limita al ansiado alto el fuego ni a la reconstrucción de Gaza. Implica también garantizar su participación efectiva en las decisiones sobre su futuro y el cumplimiento de la obligación internacional de no reconocer ni asistir a situaciones derivadas de violaciones graves del derecho internacional, como la ocupación ilegal de Cisjordania, el desplazamiento forzoso de civiles o la instauración de regímenes discriminatorios.

El Tribunal Internacional de Justicia ha reiterado que Israel ocupa ilegalmente territorio palestino (en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental) y que tiene la obligación de desmantelar los asentamientos de colonos. En Cisjordania se ha consolidado un régimen de discriminación estructural que recuerda peligrosamente al apartheid sudafricano: restricciones sistemáticas a la libertad de movimiento, toques de queda, acceso desigual a recursos esenciales, demoliciones de viviendas, confiscación de tierras y un doble sistema legal que distingue entre poblaciones según su origen nacional. Los palestinos son juzgados por tribunales militares con tasas de condena superiores al 90%, mientras que los colonos están sujetos a la jurisdicción civil con amplias garantías. Esta realidad hace imposible el desarrollo palestino y destruye cualquier horizonte viable de autodeterminación.

La solidaridad con Gaza (urgente e indispensable) no debe invisibilizar estos hechos. La autodeterminación palestina requiere paz, derechos humanos y legalidad internacional en todo el territorio: Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental. Ningún proceso político, ninguna negociación y ningún plan de reconstrucción será sostenible si se ignora el sistema de desigualdad institucionalizada que persiste al otro lado del muro.

Por ello, en este 29 de noviembre, la solidaridad no puede limitarse a gestos simbólicos. Debe traducirse en las acciones que exige el derecho internacional: reclamar un alto el fuego real y duradero; respetar la integridad territorial de Palestina; apoyar investigaciones independientes sobre posibles crímenes internacionales; garantizar el acceso sin trabas de la ayuda humanitaria; y, sobre todo, reafirmar que la autodeterminación palestina no es una consigna política, sino una obligación jurídica universal