Veneno en la piel

Sesión de tatuaje

Los tatuajes no son un juego, pues representan poner en contacto al cuerpo con agentes extraños y externos. Los expertos advierten incluso de los llamados temporales, realizados con Henna, sobre todo los confeccionados con la variedad negra, que contiene un producto químico que puede generar grandes consecuencias para la salud. Los permanentes y piercing no están exentos de riesgo, y que estén de moda no los hacen más inofensivos.

Un gesto tan inocuo, en apariencia, como hacerse un tatuaje de Henna, puede tener consecuencias insospechadas para la salud, todo por una decisión inadecuada y con la que jamás pensamos que se podrían alcanzar consecuencias que solo aparecen cuando bajamos la guardia. En verano, cuando la actividad se atenúa y disfrutamos de las vacaciones, nos aventuramos en probar cosas nuevas, nos dejamos llevar por propuestas de cambio de imagen sin pensar en los efectos que puedan tener para nuestro organismo.

En nuestras playas o en los lugares de destino de nuestros viajes, siempre nos aguardan con gangas, propuestas irrechazables o exóticas ofertas que pueden encerrar una sorpresa desagradable. Hacerse un tatuaje, según los expertos, es algo serio; que precisa de una meditación, asesoramiento y, sobre todo, garantías legales e higiénico sanitarias.

Ya sean de Henna o con el sistema de inyección de tinta en la piel, el riesgo cero no existe con esta práctica, por ello los especialistas del ámbito sanitario hacen especial incidencia e invitan a la reflexión a la hora de decidirse por un tatuaje o un piercing.

Esteban Campos, técnico de Sanidad Ambiental de la Dirección General de Salud Pública de Canarias, manifiesta que no siempre es tan inofensivo un tatuaje de Henna, una impregnación temporal sobre la piel que, precisamente en verano representa una oferta que se dispara, tanto en las playas como en los mercadillos.

Se trata de una práctica centenaria y tribal cuyo uso se ha extendido, y que se aplica en dos modalidades, que según explicó Campos, "consisten en el método tradicional que se extrae de un vegetal, en concreto de una variedad de planta de lausonia, cuyo uso como cosmético se puede registrar" y, por otra parte, "está la llamada Henna negra, que contiene un producto, el parafenilendiamina (PPD), que es la que causa todos los males en la salud".

Al respecto, este especialista del Servicio Canario de Salud señala que esta variedad es una molécula química altamente alergizante, cuyo primer encuentro con el mismo "es bastante imponente, ya que provoca inflamaciones y reacciones alérgicas graves, así como una probabilidad alta de infecciones".

Este doctor advierte, incluso, que la PPD puede dejar un porcentaje bastante significativo de personas a las que sensibiliza, y también un alto índice de casos en los que deja cicatrices en las zonas afectadas. De hecho, asegura que este sustancia está prohibida en productos cosméticos, salvo en concentraciones muy bajas que se permiten en algunos tintes de pelo, aunque "casi todas las empresas lo están retirando y ya no lo emplean".

Esteban Campos remarca que los problemas de salud que genera son grandes, como las reacciones alérgicas, “pero este es uno de los problemas", pues manifiesta que "el más importante es aquel que se produce de manera permanente y que consiste en una serie de sensibilidades y reacciones alérgicas con productos similares a la PPD, que evitará estar en contactos con ellos".

Además, dijo que también hay muchos medicamentos que “se parecen a este compuesto químico, como anestésicos locales, entre otros, que se deberán evitar durante largos periodos o de manera permanente”.

Por ello, advirtió que cada vez que nos ofrezcan este producto, hay que asegurarse de las condiciones en las que se nos administra, pues aunque la Henna negra está prohibida, “siempre hay quien la usa, y son los municipios los que regulan este tipo de actividades y prácticas, que normalmente se llevan a cabo en mercadillos y zonas de costa”.

En lo que respecta a los recintos cerrados, este técnico en Sanidad Ambiental comentó que la administración sanitaria “lo controla a través de inspecciones periódicas”.

Claves para identificar

La forma más común de identificar entre ambos productos es, según Campos, “sencilla, pues lo primero que hay que preguntar es el tiempo que se debe esperar hasta que se fije el dibujo a la piel, que en el caso de la Henna normal son muchas horas, mientras que en el supuesto de la negra ya con una hora es suficiente. Una segunda pista es el color, ya que si es de tono rojizo no implica complicaciones, aunque es todo lo contrario si es oscuro. Por último, es la duración total, que en el caso de la Henna natural son unos cuatro días, hasta que desaparece de la piel, pero si es más tiempo el que nos prometen que podemos lucirlo, ya es un indicativo para rechazarlo”, advirtió.

Una garantía es el registro sanitario que debe tener la Henna como cosmético, “pero en caso de duda, la mejor postura es dirigirse a las oficinas municipales de consumo o ser precavido y rechazarlo”, pues Esteban Campos advierte de que “nos enfrentamos a una infección o una reacción alérgica que debemos tratar con corticoides y que luego nos va a afectar en nuestra vida cotidiana”.

Este responsable sanitario también señaló que “los grandes demandantes de estos productos son niños de corta edad, como alternativa a los tatuajes permanentes”, una tendencia favorecida por una moda que se ha implantado en los últimos años y que, en ambos casos, entrañan grandes consecuencias y riesgos.

Si “evolucionamos” o damos un salto en el escalafón, ya nos adentramos en prácticas que suponen erosionar nuestra piel, con lo que también el factor riesgo se dispara, principalmente porque someterse a un tatuaje permanente por medio de la inyección de tinta o insertarse un piercing en cualquier parte del cuerpo, pueden traer aparejado una alta posibilidad  de contraer cualquier tipo de infección.

Una norma canaria

La demanda de este tipo de prácticas se ha disparado en los últimos años, principalmente por jóvenes, lo que ha provocado la proliferación de establecimientos donde se llevan a cabo. La ausencia de una normativa estatal que regule este tipo de establecimientos, ha provocado que las Comunidades Autónomas tomaran la delantera, que, en el caso de Canarias, se aborda por medio del Decreto 154/2014, donde se establecen los procedimientos para el control de las condiciones higiénico-sanitarias de los tatuajes, micropigmentación y piercing.

Esta norma regional regula desde los requisitos de los locales, que deben contar con un área de espera, otra de trabajo y otra de preparación del material, a los conocimientos y formación de las personas que desempeñan estas funciones, a los que se les exigen unos requisitos mínimos que se adquieren por medio de un curso.

También obliga el texto legal a estos profesionales a estar vacunados de tétanos y hepatitis B, y establece cuáles son las características y condiciones de los materiales que se emplean, tanto para las tintas como los piercing, así como las cualidades sanitarias.

La fórmula de control sobre el cumplimiento de la normativa se lleva a cabo por medio de un procedimiento de auto control, que consiste, básicamente, en que los propios responsables del establecimiento se hacen responsables del cumplimiento de los preceptos legales, y que se aplica en los procesos de limpieza, esterilización, adquisición de tintas y otros materiales. También hay un control oficial periódico, que realiza la Consejería de Sanidad y el Servicio Canario de Salud, por medio de la inspección, y que representa que sean sometidos al mismo todos los establecimientos registrados.

En el Archipiélago hay en la actualidad alrededor de 200 locales de este tipo, en los que se ofrecen tatuajes permanentes y piercing, y los controles que se llevan a cabo, "lo que persiguen es aumentar el nivel de protección de la salud tanto de los clientes, como de los propios profesionales que trabajan en los mismos", indicó Manuel Herrera Artiles, técnico de Sanidad Ambiental de la Dirección General de Salud Pública, perteneciente al Servicio Canario de Salud.

Sin embargo, Herrera reconoció que la principal dificultad de la Administración para controlar la totalidad de esta actividad la representa aquel segmento que funciona de manera ilegal o clandestina, pues “hay personas que incluso lo hacen en su casa de manera particular”, con lo cual se disparan los parámetros de riesgo.

No obstante, señaló que "la labor inspectora también persigue sacar a flote este tipo de actividades irregulares. Es un riesgo al que se está sometiendo a las personas que acuden a estos establecimientos ilegales, porque no tienen ningún tipo de control", advirtió este experto.

No son un premio

Manuel Herrera rechazó, de plano, que se utilicen los tatuajes o piercing como instrumentos de compensación o a modo de premio con jóvenes que, en su mayor parte son menores de edad y a los que se pretende reconocer sus resultados académicos o de comportamiento.

Indicó que ante esta especie de moda, “siempre debe prevalecer la información, pues se trata de algo que se va a poner de manera permanente en la piel, y duran toda la vida. No se puede compensar a alguien por haber obtenido cualquier tipo de logro, con algo que es para siempre”, pues advirtió que, en caso de querer borrarlo, “las técnicas nos son del todo efectivas, y su eliminación depende del tipo de tinta o pigmento utilizado. Siempre hay que tener eso en cuenta”, sugirió.

Tatuarse o ponerse un piercing "no es un juego", no es una decisión que no traiga aparejadas consecuencias y secuelas, pues de hecho, muchos desaguisados que se producen por una mala práctica o cuidado posterior, acaban en el sistema público de salud. Los médicos se suelen encontrar, sobre todo, "infecciones locales", pero no son las únicas, remarcó Herrera Artiles, quien añadió que también "hay afecciones sistémicas, como casos de transmisión de hepatitis", una consecuencia que calificó de "muy grave".

Este experto de la Dirección General de Salud Pública comentó que muchos usuarios suelen presentar también cuadros de alergia o hemorragias, "debido a una mala praxis, y en función del lugar del cuerpo en el que se coloque un piercing”.

Aunque el punto de partida de las autoridades sanitarias sea el de aconsejar, con carácter general, su mensaje es que en ningún caso se lleve a cabo este tipo de prácticas. Desde la vertiente de promoción de la salud, se ofrecen una serie de pautas para que las tengan en cuenta aquellas personas que, libremente y de manera consecuente haya tomado la decisión, de manera que "emitimos un mensaje directo, y que en primer lugar persigue que se medite esa decisión, para que estas personas no se dejen llevar por impulsos o por modas”.

Un tatuaje "es para siempre", insiste Manuel Herrera, quien recuerda que tan intensa es la necesidad de hacérselo, como lo es también quitárselo cuando el motivo por el que fue hecho, llega un momento que ya no tiene sentido o se convierte en un instrumento incómodo, con lo cual, hace hincapié en que "con la piel no se puede jugar".

Así, hace un llamamiento, sobre todo, dirigido a jóvenes y adolescentes, “para que no se dejen arrastrar por el grupo. No obstante, para evitarlo, están los padres, que son los que dan el consentimiento. Los menores, sin su permiso, no se pueden tatuar".

Además, las consecuencias y repercusiones, van aparejadas con el lugar en el que se cincela la piel, aspecto en el que el piercing acapara más factores de riesgo. "El mayor grado de peligro lo representa el mayor tiempo de cicatrización, que, en el caso de un tatuaje son dos semanas, pero en un piercing, llega a ser de seis meses o incluso un año, si no se cuida adecuadamente”.

Hay dos zonas que Herrera señala por su especial sensibilidad a la hora de colocarse un piercing, que son las dos alas de la nariz o la parte superior de la oreja, ya que “son cartílagos y se tarda medio año en cicatrizar. Son lugares muy peligrosos y, sin embargo, es donde más se hacen”.

Este especialista hace también una especial referencia a la hora de evitar los tatuajes en la zona lumbar, pues explica que en el caso de las mujeres “impedirá que se les pueda aplicar la epidural, ya que el anestesista se puede negar, pues la incisión puede arrastrar pigmentos que representan un gran riesgo si se alojan en medio de la columna vertebral”.

No obstante, Manuel Herrera sugiere que, si los instrumentos de disuasión no han funcionado, ni causan impacto las imágenes de las lesiones que producen este tipo de heridas en nuestro cuerpo, algunas desagradables pero reales, se recurra siempre a locales de la máxima garantía, con profesionales cualificados y autorizados, y que cuenten con el aval de la Consejería de Sanidad.

También insiste en que "la herida" que queda después de estas prácticas "debe ser cuidada adecuadamente, hasta su cicatrización”, pues al respecto insiste en que, cuando una persona sale de este local, "debe ir a casa con unas pautas de cuidado, pues su piel ha sufrido una agresión. En el caso del piercing requiere de mayor atención, pues tiene un orificio de entrada y otro de salida, "y en los lugares donde se colocan, no son muy higiénicos, precisamente".

Este técnico de la Dirección General de Salud Pública indicó que "todos los piercing tienen el mismo grado de riesgo, que es elevado, independientemente de su ubicación, aunque hay zonas rojas, como los genitales, pero también en la parte alta de la oreja. Si se hacen mal, las consecuencias son muy graves, y si se hacen en sitios clandestinos, es una temeridad absoluta".

Para Manuel Artiles, el mejor tatuaje o piercing "es el que no se hace", porque es correr un riesgo innecesario y sin sentido, ·salvo el estético". Sin embargo, apunta que si se tiene que decantar de alguna manera a favor, se inclina por ponerse en manos de un buen profesional, que elija un sitio para el tatuaje que no sea sensible.

Sin embargo, es consciente de que estamos ante una práctica en auge, que abarca a todos los segmentos sociales, con un repunte muy significativo en el caso de los tatuajes entre 2007 y 2008, y que en el caso de los piercing se empezó a notar en 2005, pero que en la actualidad se ha transformado en una costumbre mixta.

Insistió: "el tatuaje o un piercing no es un juego. El mejor, el que no te haces".

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