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La Marciega, una joya ornitológica y turística por descubrir en La Aldea de San Nicolás

El municipio grancanario cuenta con uno de los humedales más importantes de Canarias en el que conviven más de 60 especies de aves diferentes

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Humedal de La Marciega.

Humedal de La Marciega. Azaenegue Naturalistas

Hablar de La Aldea de San Nicolás es hablar de lucha y de sacrificio, de generosidad y de acogida, de fiesta y de tradiciones, pero también es hablar de naturaleza. El municipio es uno de los tres de la isla de Gran Canaria que integran su Reserva de la Biosfera. Y allí, en el oeste de Gran Canaria, también se encuentra uno de los humedales mejor conservados y con más potencial de todo el Archipiélago, de vital importancia para reptiles, murciélagos y algunos peces, pero especialmente para las aves. La Marciega, un gran espacio que se localiza en la desembocadura del barranco de La Aldea y que se encuentra continuamente inundado por las aguas de las pleamares y las escorrentías de las lluvias. Probablemente, en gran parte gracias a ese humedal surgió lo que hoy conocemos como La Aldea de San Nicolás, (otros espacios también fueron importantes, pero el poblado de Los Caserones creció junto a ese humedal).

Las raíces de la historia del municipio grancanario surgieron hace como mínimo 1.500 años, con el asentamiento de los primeros hombres y mujeres en la orilla ese humedal, explica Daniel González, naturalista y fundador del colectivo Azaenegue Naturalistas. “La Marciega tiene mucho que ver con el asentamiento de los primeros habitantes en el valle, con el desarrollo del pueblo y su cultura”, asegura González, y añade que lo usaban para pescar, obtener el barro para hacer las piezas de cerámica, para conseguir la madera que necesitaban para hacer fuego, cazar animales, etcétera. “Seguro que ese humedal fue importantísimo en el pueblo de La Aldea y la gente tiene que ser consciente de eso y encariñarse con él”, apunta.

Humedal de La Marciega.

Humedal de La Marciega. Azaenegue Naturalistas

Es indudable que uno de los momentos más importantes del año para los aldeanos y las aldeanas es el 11 de septiembre, día en el que se celebra su fiesta más popular, El Charco. Una celebración de gran interés cultural basada en la tradición prehispánica que revive la costumbre del antiguo pueblo canario de embarbascar en los charcos costeros. Precisamente en torno a ese humedal es donde se celebra El Charco;              ya antiguamente en la desembocadura del barranco de La Aldea se formaba una gran charca que recibía el nombre de La Marciega. El naturalista insiste en que hay que educar a la gente y hacerles entender donde está El Charco y por qué existe esa fiesta.

En la antigüedad debió de ser uno de los humedales más importantes de Canarias y en la actualidad está entre los más destacados que quedan en la isla de Gran Canaria, junto a otros como La Charca de Maspalomas o Juncalillo del sur. Era utilizado por multitud de aves en su migración y en su época de invernada como despensa, pero ahora, con el paso de las décadas, apenas queda alguna huella de lo que en su día fue. A pesar de ello, los tarajales, el charco y la playa aún permiten que más de medio centenar de especies, que se dividen en aves acuáticas, limícolas y aves forestales, puedan hacer vida en ese emblemático lugar. Además, en la zona se encuentra el segundo bosque de tarajales más grande de Canarias, después del Barranco de La Torre en Fuerteventura.

Según el inventario que desde 2015 hace el colectivo Azaenegue Naturalistas, en la zona conviven 68 especies diferentes que se dividen en aves acuáticas, limícolas y forestales. González asegura que hace dos años localizaron a un escarabajo, el Pimelia granulicollis del que a penas existían datos en esta zona de la isla. “También es un espacio importante para decenas de especies de invertebrados; para al menos dos especies de murciélagos, montañero y rabudo; para los tres reptiles endémicos de la isla, la lista variable, el perenquén de Boetger y el lagarto de Gran Canaria; y para una rica y variada flora. El principal problema que nos encontramos es que la zona no está nada ordenada”, lamenta el naturalista. “Lo que se pretende es que la gente pueda seguir usándola para pasear, disfrutar y conocer”.

Serinus canaria.

Serinus canaria. Azaenegue Naturalistas

En 2015 Azaenegue Naturalistas y Birding Canarias presentaron al Cabildo de Gran Canaria, a la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria y al Ayuntamiento del municipio un proyecto para poner en valor la zona e intentar llevar a cabo un proyecto de ecoturismo, ya que lo consideraron como uno de los grandes secretos de la isla redonda. Así, ese mismo año comenzaron a surgir ideas desde los grupos con el objetivo de “conocerlo mejor”, explica González. “Lo primero que hicimos fue ponernos a censar y a inventariar las aves que hacen uso del espacio” expone. A esto se le suma las actividades de divulgación, el inventario de invertebrados y de flora que han llevado a cabo desde el colectivo con los diferentes centros escolares del municipio.

Ahora el trabajo en La Marciega ha ido más allá y está enmarcado dentro del proyecto Ecotour, aprobado en la primera convocatoria del Programa Interreg-MAC 2014-2020 que tiene una financiación del 85% de Fondos Feder (Fondos Europeos de Desarrollo Regional). La iniciativa tiene como objetivo poner en valor el patrimonio natural y cultural de las zonas costeras de áreas protegidas de Canarias, Azores, Cabo Verde, Mauritania y Senegal, todo ello a través de la promoción de actividades de ecoturismo.

La gestora de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria, Pilar Pérez, explica que se seleccionó el municipio de La Aldea por todos los movimientos que han surgido últimamente, sobre todo a raíz de la inauguración de la primera fase de la carretera el 3 de julio de 2017. A esto hay que añadirle todas las iniciativas de ámbito local que han nacido entorno al desarrollo rural, cultural, e incluso las rutas naturalistas del colectivo Azaenegue Naturalistas, manifiesta Pérez. La gestora afirma que todo gira entorno a lo que “nosotros como Reserva de la Biosfera tenemos que desarrollar”.

Las actuaciones que se van a llevar a cabo “son muy sencillas”, aclara Pilar Pérez, ya que considera que “hay que actuar paso a paso, con prudencia para que se vaya poniendo en valor gradualmente el ecosistema”. Ya se retiraron las barbacoas de mampostería, que estaban ahí desde los años 90, ya que en la zona no se puede hacer fuego debido a la gran masa de tarajales que existe.

Correlimos común.

Correlimos común. Azaenegue Naturalistas

Pérez adelanta que se pondrán unos bolardos para impedir que entren vehículos en puntos concretos, y en algunas zonas se acordonarán con el objetivo de “persuadir” con algunos elementos a la población para que “traten la zona de otra manera”. Además, se va a colocar una caseta para avistamiento de aves con el propósito de que las personas que no son especialmente aficionadas a ellas puedan tener un punto de vista diferente del lugar.

La gerente ha añadido que se llevarán a cabo trabajos de embellecimiento de algunos elementos como cajas de bombas de agua, la creación de un sendero circular señalizado y marcado con la menor intervención posible, incluso, ya se han marcado algunas de las ramas que hay que cortar. “Cada actuación ahí requiere de un permiso de actuación porque son especies que están en diferentes órdenes o catálogos”.  Se complementará el próximo año con paneles de señalética y paneles informativos sobre aves, ecosistemas, especies exóticas, etc. Pérez ha hecho hincapié en la importancia que tiene el municipio grancanario ya que, junto a Tejeda y Artenara, es en su totalidad Reserva de la Biosfera y está rodeado de espacios naturales protegidos.

El fundador de Azaenegue Naturalistas señala que “también hay intención de restringir el uso de una zona para que las aves puedan descansar y criar con tranquilidad, esta es una de las mejoras fundamentales, que es lo que está faltando sobre todo en el humedal”. Además, añade que se ha propuesto realizar un encuentro de especialistas de distintos puntos de Norte África, de la Península, Azores y a Madeira para hablar de humedales y sobre distintos modelos de gestión.

Con estas acciones y con la ayuda del Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás, “sobre todo, ordenando el uso creemos que va a mejorar muchísimo el espacio”. El naturalista insiste en que hay que seguir trabajando en la misma dirección, sobre todo en hacerle entender a la gente, y primero que nadie a los vecinos, que “La Marciega es el emblema de La Aldea”, sentencia.

Chorlitejo chico.

Chorlitejo chico. Azaenegue Naturalistas

La concejala de Medio Ambiente del Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás, Naira Navarro, explica que desde el inicio de legislatura, en 2015, y con la ayuda del colectivo naturalista se percataron de la importancia que tiene el lugar para las aves en general y para el turismo ornitológico. Se llevaron a cabo diferentes charlas con vecinos del municipio, expertos de otras islas como Juanjo Ramos, de Tenerife, se desplazaron al municipio y, junto a Francisco Suárez, historiador del municipio, y Daniel González se pusieron manos a la obra.

“Nosotros apostamos por eso y nos empezamos a mover, presentamos una propuesta al Programa de Desarrollo Rural propuesto por la consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias y nos quedamos a las puertas”, aclara Navarro. “Pero seguimos moviéndolo con las diferentes administraciones. El Cabildo nos apoyó en el proyecto y creyó en la iniciativa”, asegura y con ellos y en el marco del Ecotur, se logró la actuación.

Navarro evidencia su alegría y la del grupo de gobierno porque el proyecto de La Marciega se haya valorado desde diferentes administraciones y por la población en general. “Nosotros contentos y seguiremos haciendo pequeñas actuaciones que complementen esta primera iniciativa”, manifiesta.

La Marciega, no Las Marciegas

En La Aldea de San Nicolás es muy conocido el barrio de Las Marciegas, por la zona donde está la rotonda que se encuentra a la salida del municipio con la construcción de la nueva carretera, pero originalmente el nombre es La Marciega. El cronista oficial del municipio, Francisco Suárez, aclara en uno de sus artículos que había tantas fincas en la zona que para distinguir unas de otras se empezó a hablar de La Marciega arriba y La Marciega abajo, por ello se quedó como Las Marciegas.

En uno de sus escritos aclara que el origen del topónimo Marciega define un mar ciego, una masa de agua aislada del Atlántico, y más tarde indicó que es posible que derive del nombre que se le da a una planta acuática propia de estos ambientes. Suárez asegura que ha hablado con personas mayores del municipio que le contaban que recuerdan como Los Tarajales llegaban desde la playa hasta el barrio de Los Cascajos, donde se encuentra actualmente el campo de fútbol.

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