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Una exposición de arte moderno desata la polémica por emplear huesos humanos de origen desconocido

La comisaria de la muestra defiende la obra: "Pasado y presente se dan la mano sobre la arqueología de la imagen que aborda conceptos de identidad, tiempo, memoria y conocimiento”

El historiador José Farrujia se muestra tajante: "La exposición con fines artísticos de estos restos mortales atenta contra la integridad y la propia cultura de todos los canarios"

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Umbral, 2017. Obra de Teresa Correa

Umbral, 2017. Obra de Teresa Correa ALEJANDRO RAMOS

Umbral, 2017, la obra de estructura cilíndrica compuesta por un popurrí de huesos de los que se desconoce su procedencia, expuesta en la casa de San Antonio Abad, en Las Palmas de Gran Canaria, ha generado un gran debate en las últimas semanas. ¿Huesos humanos? ¿De dónde salieron? ¿A quién pertenecen? ¿Es arte? Una polémica que la artista define como “buena” e “interesante”.

La creación, de la artista canaria Teresa Correa, se enmarca dentro de la exposición Hablando de pájaros y flores, un conjunto de obras entre las que se encuentran unas fotografías que se revuelven contra las normas con el objetivo de crear un impacto y despertar la reflexión. Pero, hay una obra que llama la atención, que ha dejado impresionados a quienes han podido ir a visitarla, Umbral, 2017 que se esconde en la oscuridad de una de las salas de la ermita de San Antonio Abad, en el corazón de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria.

Una disposición en forma de cilindro, con restos óseos humanos, tal y como se puede apreciar a simple vista en la obra, dispuestos de forma aleatoria y sin ninguna aparente conexión anatómica. Según la comisaria de la exposición, Raqulel Zenquer, en la figura “pasado y presente se dan la mano sobre la arqueología de la imagen que aborda conceptos de identidad, tiempo, memoria y conocimiento”.  

Los restos óseos humanos que conforman la obra pertenecen al depósito de El Museo Canario, lo que aún no se tiene claro la procedencia exacta. Desde la veterana institución creen que esos huesos llegaron allí sobre 1940 y que “probablemente” no tienen procedencia aborigen ya que son más recientes “y no podemos precisar con más detalles su naturaleza”, explica su presidente, Diego López.

“Es una colección de restos óseos humanos que está en el museo disgregada sin que se pueda establecer claramente su procedencia”, asegura López. “En el museo ocurren esas cosas, trabajamos con la documentación y clasificación de los bienes que tenemos, pero no siempre es posible”.

Umbral, 2017. Obra de Teresa Correa

Umbral, 2017. Obra de Teresa Correa ALEJANDRO RAMOS

Diferentes voces se han pronunciado a raíz de la exposición de esta obra con el objetivo de que se aclare su procedencia y se explique el objetivo de esta creación. “Una instalación artística de esta naturaleza debería motivar la repulsa inmediata por parte de la sociedad”, considera el doctor en Historia de la Universidad de La Laguna José Farrujia.

“Los restos mortales expuestos jamás deberían ser tratados como bienes artísticos”, considera. Farrujia, que ha sido muy crítico con esa obra desde que abrió, cree que “la exposición con fines artísticos de estos restos mortales atenta contra la integridad y la propia cultura de todos los canarios, pues somos nosotros, al fin y al cabo, los herederos de este legado histórico”. Además, pide “empatía” para los ciudadanos al desconocer el origen de los huesos.

El historiador plantea un debate que trae mucha cola. ¿Qué está permitido en el arte? ¿Qué manifestaciones artísticas pueden ser consideradas éticas? ¿Sería legítima la elaboración de una instalación artística con huesos procedentes de enterramientos indígenas, de las fosas del franquismo o de algún cementerio histórico del solar canario? “Obviamente no”, se responde él mismo. “El respeto hacia el pasado no lo marca la distancia temporal, sino la ética, nuestro comportamiento en la sociedad y nuestra conducta como seres humanos”, aclara. “El arte es una forma de expresión que sirve para comunicar sentimientos, ideas o historias”, sentencia.

Teresa Correa, la autora de la obra, explica que esos restos óseos humanos llegan a sus manos porque “llevo veinte años trabajando con materiales procedentes de los museos de arqueología de Canarias, sobre todo con El Museo Canario”. Asimismo aclara que se trata de un material que está “descatalogado, desestructurado, que no tiene ningún valor científico y a partir de ahí se pueden utilizar siendo bienes arqueológicos que se trasladan desde un depósito de un museo de arqueología a una sala de arte contemporáneo”.

La artista, que defiende su pieza con total seguridad, tiene la intención de expresar “otro espacio más allá de la materialidad”, en su obra pretende hablar de cuestiones como “la finitud pero al mismo tiempo de la inmortalidad, y además es un espejo donde nos reflejamos todos, y también es una imagen que habla del tiempo”, aclara.

“El tema se ha llevado a un extremo que nada tiene que ver con estos huesos”, considera la artista refiriéndose a la relación que se ha hecho de estos restos óseos con la Memoria Histórica a través de la asociación española que intenta localizar a las víctimas de la represión durante la guerra civil y la dictadura franquista. “Ni son aborígenes, ni son huesos que pertenezcan a ningún foso de la Memoria Histórica”, sentencia.

Una exposición de arte moderno desata la polémica por emplear huesos humanos de origen desconocido

Por su parte, el presidente de El Museo Canario, Diego López, considera que “lo que se está exponiendo ahora son huesos y lo que se exhibe en las vitrinas de nuestras salas son huesos”, cuestionando el porqué de este reciente debate. Al ser preguntado por el origen de los restos óseos, el presidente de la institución asegura que “se sigue trabajando en eso como en tantas otras cosas”. “No se está haciendo una cosa nueva, el museo los expone todos los días”, evidencia.

Asimismo, López manifiesta que “El Museo Canario opta por seguir exhibiendo los restos óseos que tiene, entre otras cosas porque sirven para investigar. Si enterramos a todas las personas que fallecen perderíamos mucha información, conservar los restos humanos no es ningún disparate”, sostiene.

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